Hungría
Drama y catarsis
Al gobierno que corresponda reorganizar las finanzas, deberá cortar por lo sano si quiere ingresar al espacio Schengen y adoptar el euro.
Las violentas demostraciones callejeras desatadas en Hungría en las últimas semanas, al saberse que el carismático y ex comunista primer ministro Ferenc Gyurcsany había mentido para ganar su reelección de abril pasado, tienen, según los analistas, una raíz más profunda en la situación económica y política del país.
El drama comenzó el pasado 18 de septiembre, cuando cientos de húngaros se manifestaron frente el Parlamento de este país del Centro de Europa para pedir la dimisión del Premier. El día anterior la radio húngara había transmitido una grabación secreta de Gyurcsany, que dijo: "mentimos día y noche con tal de ganar la reelección", y admitió con palabras soeces que en sus primeros cuatro años de gobierno no hizo nada.
La indignación popular estalló porque precisamente el socialista Gyurcsany (44 años y ex dirigente de la Juventud Comunista antes de 1989) ganó las elecciones con la promesa de hacer cortes en los impuestos. Sin embargo, en cuanto ganó los incrementó argumentando un importante déficit presupuestario, e impuso un draconiano plan de austeridad que hacía mucho había sido exigido a Budapest por la Unión Europea.
Raíces del problema
El experto checo Víktor Blazek afirma que es indudable que la ciudadanía húngara disfruta en la actualidad de una mayor libertad y oportunidades, "pero la gente de la calle tiene la sensación de que ha sido marginada en acelerada carrera y que ha surgido una elite rica a sus expensas".
Por otra parte, hay que reconocer que la economía del país se ha deteriorado en los últimos años, hasta el grado que el gobierno no ha podido demorar más las medidas de emergencia necesarias con la esperanza de recuperar el control de sus finanzas. El economista Zsolt Papp, de ABN Amor, lo describe así:
"Los políticos no pueden hacer otra cosa que adoptar medidas dolorosas para la población y para la gente esto es algo difícil de comprender, sobre todo porque hace una década se les dijo: 'hagan sacrificios y el futuro será de abundancia', y ahora la realidad impone nuevos sacrificios".
Esto significa, agrega, que "hay un elemento general de descontento tanto en la economía como en la política, y la opinión pública comienza a pensar que no está disfrutando de los beneficios económicos que trajeron los cambios y que el país está siendo dirigido por los mismos viejos comunistas".
Para el economista Bela Nemeth, "combatir el déficit presupuestario ha sido el mayor dolor de cabeza de todos los gobiernos húngaros post-comunistas", y precisa que el antecesor de Gyurcsany, el conservador Viktor Orbán, ya tuvo que lidiar con la transformación de la economía y los éxitos y los fracasos de quienes le antecedieron.
"En los años noventa, ya era una tarea de enorme magnitud ir contra la corriente y recortar los gastos sociales y eliminar los suculentos subsidios a la producción agrícola, y en la práctica esto se convirtió en una 'misión imposible' que se ha venido aplazando", agregó.
Errores de la transición
Desde que cayó el comunismo en 1989, uno de los mayores problemas que han tenido que encarar los antiguos países comunistas del Este de Europa ha sido cómo conjugar las expectativas del electorado con las duras realidades de implantar una economía de libre mercado desde las bases de la economía planificada, y competir con las economías europeas más desarrolladas.
Las estadísticas indican que el crecimiento registrado en el salario promedio del húngaro de hoy, que el Banco Mundial calcula en 750 dólares mensuales (cifra más o menos al nivel de los demás ciudadanos comunitarios), se ha logrado principalmente a base del incremento del gasto estatal, porque los gobiernos en transición han ido aplazando decisiones dolorosas como reducir el gasto de salud, educación o pensiones, entre otras.
Como resultado, el presupuesto húngaro ha subido en espiral, llegando en la actualidad al 10,1% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra tres veces superior, por ejemplo, al de la República Checa, que es 3,2%, según cifras de la Comisión Europea.
Hungría invierte cerca del 50% de su presupuesto en los gastos de seguridad social, una cifra insostenible, sobre todo por la incapacidad del gobierno de aumentar los impuestos. Los analistas de la UE dicen que la inflación se ha ido acelerando y pronostican una tasa del 6% para el próximo año (el doble que lo esperado en República Checa).
Bruselas también cree que el crecimiento económico de Hungría disminuirá desde un 4% en el presente año a un escaso 2% en 2007. En comparación, la tasa de crecimiento checa es del 6% este año y 5,5% para el que viene.
La hora crucial
Es decir, que sea cual sea el color del gobierno que enfrente la tarea de reorganizar las finanzas húngaras, tendrá que cortar por lo sano si quiere mantener al país en el grupo de este-europeos que dentro de la Unión Europea aspiran a ingresar al espacio Schengen y la adopción del euro a corto plazo.
De todas maneras, Hungría, con 10 millones de habitantes y miembro de la OTAN (1999) y la Unión Europea (2004), y que jugó un papel clave en la aceleración de la caída del comunismo en 1989 al abrir sus fronteras con Austria y facilitando el trasiego de miles de alemanes orientales hacia Occidente, tiene una economía fuerte basada en la industria de maquinaria y equipos, y competitividad en sus productos.
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Primer ministro Ferenc Gyurcsany
Es el líder del Partido Socialista Húngaro (de izquierdas), que encabeza la coalición que en abril de 2006 ganó una decisiva victoria parlamentaria y se convirtió en el primer gobierno que obtuvo la reelección desde que se instauró la democracia en 1989. Entre los Socialistas y los Demócratas Libres (corte liberal de izquierda) ganaron con promesas de reformas sociales 210 de los 386 puestos en el parlamento.
Después de su reelección, el Premier reveló que en realidad su política económica se proponía reducir puestos en el sector público, elevar los impuestos y reducir el déficit presupuestario a fin de impulsar el crecimiento y alcanzar la euro zona en 2010.
Estas intenciones se enfrentaron con la presión de la oposición y en septiembre se hizo pública una grabación suya donde admitía haber mentido sobre la situación económica durante su campaña electoral. El comentario ha hecho estallar violentas protestas en todo el país.
Gyurcsany fue ministro de Deporte en 2004 y sustituyó en la presidencia del partido a Meter Medgyessy, quien renunció en medio de tensiones con el Partido Liberal, que integra la coalición de gobierno.
Nacido en 1961, fue miembro de la Juventud Comunista en los años ochenta y después de 1989 se hizo millonario comprando acciones estatales en los primeros años de privatización. Entró en la política en 2002 como consejero del ex premier.
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