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Actualizado: 23/07/2019 14:59

Cuba, Constitución, Referendo

Re-Constitución y Revolución

Al morir en su lecho de enfermo, Fidel Castro no sólo dejó a Cuba hecha leña, sino también políticamente pervertida

El tardocastrismo acaba de reconstituirse con aprobación de la mayoría electorera del pueblo de Cuba. Para nada importa que, como escribiera Reinaldo Arenas, sea “un pueblo amordazado y confinado, obligado a aplaudir mientras secretamente reniega” [1]. El único pueblo que cuenta en política es aquel visible en las calles o las urnas. Tampoco sirve para nada trompetear fraude electoral si los trompetistas de la vecindad no presentan sus partituras ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos u otra instancia decente.

.ElectoradoVotosNoNulos/BlancoAbstención
19765.717.2665.602.9735.473.53454.07075.369114.293
20199.298.2777.848.3436.816.169706.400325.7741.449.934

El desgaste del único partido en ejercicio dictatorial del poder es evidente cuatro décadas y piquito después de aprobarse la Constitución socialista (1976). Los resultados preliminares, al cierre del lunes 25 a las 3 de la tarde, indican que la esperanza estadística anda por 48 años más para que la fuerza del número en contra sobrepuje al poder constituido.

Sumemos las abstenciones cual si fueran votos propios, como hacía Fidel Castro, junto con los votos NO y nulos o en blanco. Así, la contra subió del 4,3 % (244.002) del electorado en 1976 al 26,7 % (2.482.108) del electorado en 2019. A ese ritmo de 22,4 puntos porcentuales en 43 años, la contra será mayoritaria en algún proceso electoral de 2067 más o menos [2].

Yo Voto No versus Yo No Voto

Precisemos cómo las campañas opositoras, encontradas en vez de unidas, influyeron sobre el referendo en comparación con el proceso electoral anterior. Aquí los votos en contra fueron las boletas dejadas en blanco o declaradas nulas por la mesa electoral [3]. Yo No Voto subió 1,2 puntos porcentuales entre los electores registrados, mientras que Yo Voto No subió 7,6 puntos porcentuales entre los votantes.

.Votos en contraAbstenciones
Elecciones generales 2018412.850 (5,6 %)1.240.098 (14,4 %)
Referendo: Yo Voto No1.032.174 (13,2 %).
Referendo: Yo No Voto.1.449.934 (15,6 %)

El embullo con la abstención millonaria en Cuba vale tanto como el consolador del voto popular en USA: son números irrelevantes para el juego político. Peor aún: el abstencionismo ya sólo consolida el statu quo [4]. Quienes ni siquiera salen a votar en contra no saldrán en masa a la calle ni mucho menos se alzarán en la Sierra o pasarán a la clandestinidad en el Llano.

Al margen de estas opciones y sin votar, la contra queda condenada a seguir mareada en ese círculo vicioso de oposición pacífica-represión política que, por décadas y más décadas, da vueltas y más vueltas sin encontrar otra salida que el consuelo galileano de Eppur si muove.

Una constitución vale muy poco comparada con los poderes constituidos

Dejemos aparte que el NO sólo hubiera ratificado la Constitución de 1976. Resuelta que las maldades de la Re-Constitución superaban en número a sus artículos [5], pero las masas kubizhes optaron por seguir tirando con el último grito de la moda tardocastrista antes que correr el riesgo de perder güiro laboral, calabaza social y miel individual por darse constitución como Dios Demos manda. Ahora todo clamor de fraude o abuso a través de medios y foros es falacia de concreción fuera de lugar si no hubo tángana oportuna durante el escrutinio.

La Comisión Electoral Nacional (CEN) había puntualizado que “cuando llega el momento de cerrar el colegio electoral a las 6:00 pm, se hace el escrutinio en presencia de todos los vecinos que se encuentran en el lugar y son esos electores los que dan fe”. El deber cívico de todo opositor era entonces ir a votar NO y estar en el escrutinio para dar tángana decente cada vez que detectara una boleta NO contada como SÍ.

Esta pauta racional se cae de la mata. La Ley Electoral concede a los electores el derecho a “presenciar los escrutinios” en el colegio electoral correspondiente (Artículo 4.d), los cuales se realizan “tan pronto termine la votación” (Artículo 44) y son “públicos”, esto es: “pueden estar presentes [los] ciudadanos que lo deseen” (Artículo 112). Esa era la única posibilidad de control popular. Y si había que estar en el escrutinio, ¿por qué no votar primero en contra del gobierno, en vez de no ir a votar, montar huelgas de hambre a sabiendas de que no llegan a nada, pedir auxilio a Trump e incluso propagar fake news en la blogósfera kubizhe? [6].

Tan sólo los opositores presentes en el escrutinio podían y debían haber reaccionado ipso facto contra el conteo fraudulento de boletas. CubaDemanda recomendó con insistencia esta guía para la acción, pero muchos no escucharon y algunos lucubraron hasta excusas del calibre irracional de que “la ausencia física de votantes es más difícil de camuflar”, como si la CEN no pudiera dar las cifras que le venga en ganas.

Exponerse a la represión por tángana decente contra el fraude electoral tiene más salsita opositora que hacerlo por sacar un cartel o gritar contra la dictadura en alguna esquina, máxime si puede subirse la parada llevando todo incidente de represión a los tribunales, ya sea como ilícito electoral por infracción de las disposiciones de la propia CEN o incluso como delito de coacción, por haberse reprimido algo que la ley autoriza.

¿Que los tribunales se habrían defecado y defecarán siempre en tales denuncias? Sí, pero de este modo —en vez de como dimes y diretes ex post facto en foros y circuitos mediáticos— los fraudes y abusos quedan tasados y registrados como cuestiones judiciales. Así hubieran servido —en el festín de la opinión pública internacional— platos de mucho mejor sabor que aquellos cocinados por la oposición en su propia salsa sin esperanza de impedir que nos tengamos que comer con papas rancias la Re-Constitución y la Revolución hasta que se seque la ilusión.

Tiranía de los números

La Re-Constitución declara que el pueblo de Cuba se identifica “con los postulados expuestos en el concepto de Revolución, expresado por nuestro Comandante en Jefe”. Fidel Castro se apeó con este farragoso concepto el 1º de mayo de 2000. Todavía en la consulta popular dizque salieron “más de mil 200 propuestas” para incluirlo íntegro en la Re-Constitución. Por suerte quedó apenas mencionado en el preámbulo, pero la Re-Constitución empalma este concepto con el comunismo y el socialismo en calidad de convicción del pueblo cubano de que sólo en ellos “el ser humano alcanza su dignidad plena”. Y “la fuerza política dirigente superior”, aceptada de nuevo en referendo por eso que llaman pueblo de Cuba, seguirá encargándose de organizar y orientar “la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

Al morir en su lecho de enfermo, Fidel Castro no sólo dejó a Cuba hecha leña, sino también políticamente pervertida, con oposición cívica o pacífica infiltrada hasta los tuétanos y siempre dividida, incluso rocambolescamente, como eso de Yo Voto No/Yo No Voto. Y quienes viajan a la Isla de Cuba pintoresca con ínfulas de ayudar suelen correr la suerte de aquellos que, por cuenta la USAID, fueron a Santa Clara y empezaron escuchando chistes de la contra en El Mejunje para terminar echando maldiciones contra los Castros en Villa Marista.

Entretanto no acaba de suceder masivamente nada de aquello que Heberto Padilla estimó razonable “para escribir en el álbum de un tirano” [7]. Ni los vacilantes saben qué no quieren, ni los gagos y mudos descubren su voz fuerte, ni los apabullados dejan de ponerse de pie al paso de la Re-Constitución ni dejan de marchar por las calles al compás de la Revolución.

Coda

El tardocastrismo acabará feneciendo, pero no como consecuencia del presente opositor, sino del futuro aburrimiento. A Cuba le tocó perder. Otra vez y sin remedio a la vista.

Notas

[1] Prólogo al libro de Miguel Correa Al norte del infierno, SIBI, 1984, 13.

[2] CubaData encuestó al trozo a 1,000 e infirió que, ya en este referendo constitucional, la contra sería mayoritaria (57,6 %) con 41,6 % de Yo No Voto y 16 % de Yo Voto No.

[3] Esta práctica adolece de corruptela, pues la Ley Electoral prescribe que “se declaran nulas las boletas en las que no pueda determinarse la voluntad del elector” (Artículo 114), pero las mesas electorales anulan incluso aquellas en que la voluntad del elector en contra del gobierno es tan manifiesta como garabatear la boleta o escribir “Abajo la Dictadura”.

[4] Vid: Albert Otto Hirschman, Exit, Voice, and Loyalty, Harvard University Press, 1970.

[5] Así y todo, ciertos observadores cegatos inventaron maldades como que “el habeas corpus desapareció” en el tránsito del anteproyecto al proyecto. Sólo fue trasladado del artículo 50 de aquel al 96 de éste.

[6] Con supina ignorancia se reportó hasta que “el referendo constitucional en el exterior sólo para funcionarios [violaba] la Ley Electoral vigente, [que] afirma que todos los ciudadanos cubanos tienen derecho a votar.” Por el contrario, esa ley prescribe bien clarito que, para tener derecho a votar, el ciudadano tiene que ser residente permanente en Cuba al menos dos años antes de las elecciones y estar inscripto tanto en el Registro de Electores del Municipio como en la lista de una de las circunscripciones electorales ordinarias (lugar del domicilio) o especiales (Art. 6.b). Estas últimas se crean en unidades militares, internados escolares y los lugares donde por razón de su trabajo, como los funcionarios y demás misioneros kubizhes en el exterior, los electores permanecen fuera de sus domicilios durante tiempo prolongado (Artículo 12).

[7] Fuera del juego, UNEAC, 1968, 102.

© cubaencuentro

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