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Actualizado: 16/08/2019 16:52

Castro, Constitución, Revolución

Revolución: ¿fin y salida?

No porque haya estado en posesión de la verdad, sino del poder político por bastante tiempo, hay que estudiar a Castro

La Re-Constitución (2019) del tardocastrismo metió el farragoso concepto de revolución de Fidel Castro en su preámbulo, así como la clave fidelista en el Artículo 5 para sentarla como ideología oficial del único partido junto con las claves martiana, marxista y leninista [1].

Cabe recordar que Castro pregonó el concepto inicial de su revolución así: “Esta revolución no es roja: es una revolución verde olivo”. Al exponerlo en el programa “Ante la Prensa” (CMQ-TV, Canal 6, 10:30 p.m.) del jueves 21 de mayo de 1959 puntualizó:

“El tremendo problema del mundo es que lo han puesto a escoger entre el capitalismo, que mata de hambre a los pueblos, y el comunismo, que resuelve los problemas económicos, pero que suprime las libertades (…) Esta revolución, con su tesis humanista y de justicia social, va a resolver los problemas de Cuba, pero con sus métodos propios”.

No vale la pena discutir la opinión de que el comunismo resuelve los problemas económicos ni el hecho de que la revolución no resolvió los problemas de Cuba. Vamos a enfocarnos en cómo ciertos ruidos contemporáneos impiden oír bien la historia de la tercera vía castro-kubizhe.

Historia a la carta

Al abordar aquel pasaje televisivo [2] junto a su esposa Acela Caner, Maestra en Didáctica de la Geografía, el coronel (retirado) de las FAR y Dr. en Ciencias Históricas Eugenio Suárez omite la clave anticomunista original de la revolución cubana que Castro tocó allí y entonces [3].

En la edición del 2 de abril del mismo programa, Castro había recalcado que “la teoría político-filosófica ideal es aquella que le da al hombre todas sus libertades y, además, le proporciona las satisfacciones de orden material. Esa es nuestra doctrina revolucionaria” [4]. Suárez y Caner repican esta clave doctrinal de abril, pero se abstienen de seguir la rima de mayo para eludir la incómoda (o engañosa) referencia de Castro en contra del comunismo. Junto al socialismo, que ahora se atribuye incluso a cierta facción demócrata en USA, el comunismo quedó plantado en la Re-Constitución como convicción del pueblo de Cuba de que sólo en ellos “el ser humano alcanza su dignidad plena”.

Nacimiento y caída de una noción

El 15 de abril de 1954, Castro largó en carta desde la cárcel: “¡Con cuánto gusto revolucionaría este país de punta a cabo!”. Así fue. Castro revolucionó a Cuba hasta dejarla hecha tierra. A poco de ganar la guerra civil contra Batista, Castro advertiría en reunión de cuadros de su grupo político [MR-26-7]: “Nadie va a ponerme una camisa de fuerza” [5]. Así fue. Castro hizo con su revolución lo que le dio la gana: declararla socialista (abril de 1961), soltar después que “¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!” (abril de 1986) y remachar con que “nadie sabe bien qué cosa es” (abril de 1992). Al menos sabemos ya que el socialismo no se construye para el pueblo, sino que las minorías gobernantes se valen del pueblo para construir cierto socialismo.

Luego de aventurarse a emplazar misiles soviéticos en la Isla (1962), Castro sacaría provecho de que, en lo adelante, todo inquilino de la Casa Blanca sacaría a su vez a pasear el perro que ladra y no muerde, como ese último chihuahua de que se puede demandar a las entidades cubanas de la lista negra del Departamento de Estado [6].

Tras ganar otra guerra civil contra los alzados (1965), Castro abrió Camarioca y emprendió la invasión demográfica de USA por mar, que prosiguió por aire con los Vuelos de la Libertad. Similares invasiones masivas se desencadenarían al filo de las crisis de la Embajada del Perú (1980) y de los Balseros (1994). Seguidamente vino la invasión a cuenta gotas para consumar la colonización del sur de la Florida y otras partes de USA con asentamientos kubizhes que generan rintintín metálico para el castrismo —remesas y recargas, viajes y envíos— sin dar un quilo para el anticastrismo. Los verbosos grupos exiliares e insiliares de este último perviven ya sólo por el rantantán del Gobierno de USA a costa de sus contribuyentes.

Al cabo de cuatro décadas y pico en ejercicio del poder dictatorial, Castro tronó el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana: “Esta Revolución puede destruirse[:] nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”. No porque haya estado en posesión de la verdad, sino del poder político por bastante tiempo, hay que estudiar a Castro “como asignatura” [7]. En su precitada comparecencia ante la prensa, Castro perfiló qué factores podrían llevar al fracaso de su revolución: “El hambre [y] la necesidad, [como] consecuencia [de] la estupidez, la demagogia, el oportunismo [y] la politiquería” [8].

Al parecer se equivocó [9], porque su revolución se enzarzó en estupidez y demagogia, oportunismo y politiquería, pero sin que asomara por ningún lado nada de aquello que Heberto Padilla estimó razonable para escribir en el álbum de un tirano. Así y todo, tenemos críticos del tardocastrismo que imaginan derrotas olímpicas, abundan en defectos archiconocidos y hasta sugieren cómo la dictadura podría adaptarse mejor al entorno cambiante, en vez de dejarla que se estrelle y ponerse a reflexionar sobre qué hacer a tal efecto. Antes que criticar la oposición irracional en consecuencia, esos personajes desean más bien seguir como llorones de largo aliento o convertirse algún día en asesores eventuales del régimen tardocastrista ilustrado.

Coda

Quizás Castro no se equivocó del todo y los cubanos insiliados tendrán definitivamente que sufrir mucha más hambre y necesidad todavía para poder pasar algún día la página de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana.

Notas

[1] Le zumba el merequetén que la comisión ad hoc de la Re-Constitución informara que donde decía “marxista-leninista” se eliminó el guion, porque “en opinión de varios catedráticos” tenía matiz estalinista. Se puso “marxista y leninista”, que no es lo mismo, pero es igual, mientras que la Re-Constitución confirmó sin objeciones catedráticas este núcleo duro estalinista: “El Estado dirige, regula y controla la actividad económica, [y] la planificación socialista constituye el componente central del sistema de dirección del desarrollo económico y social (Artículo 19). Eso de que la economía planificada viene de Stalin —y no de Marx ni de Lenin— es cosa del catedrático Giovanni Sartori. Cf.: ¿Qué es la democracia?, Taurus, 2003, 301.

[2] Fidel: En el Año de la Liberación, Casa Editorial Verde Olivo (2006), Tomo II, 195-202.

[3] Este programa fue moderado por Jorge Mañach. Los panelistas eran Carlos Castañeda, Luis Gómez Wangüemert, Agustín Tamargo y Nicolás Bravo. Castro se explayaría tanto que la nota informativa subrayó: “[El moderador] se resigna[ba] a escuchar, como los demás” (“En Cuba”, Bohemia, No. 21, 24 de mayo de 1959, 86). El programa se extendió más allá de medianoche y tuvo hasta su mártir. El inquilino Lorenzo Domínguez fue baleado de muerte en Lawton por el dueño del inmueble, Antonio González, quien exigió apagar el televisor y la discusión se caldeó por los intereses encontrados en cuanto a la Ley 135/59 de Rebaja de Alquileres. Bohemia se apeó con que González había disparado realmente contra la legislación revolucionaria.

[4] Fidel: En el Año de la Liberación, ed. cit., 13.

[5] Herbert Matthews, Fidel Castro: A Political Biography, Simon & Schuster (1969), 324.

[6] Unos cuantos ciudadanos americanos han ganado demandas judiciales no contra entidades, sino contra el propio Gobierno cubano, y no tienen cómo cobrarlas. Ninguna entidad en lista negra se expondrá jamás al riesgo de embargo judicial de activos; entretanto, otras del Estado tardocastrista seguirán desfondando el embargo comercial y financiero de USA.

[7] Así lo aconseja Antonio Veciana, quien preparó cuatro atentados contra Castro. Este consejo no hace más que seguir la regla suntzuista de utilizar al enemigo para derrotarlo, ergo: hay que estudiarlo para conocerlo bien y poder combatirlo racionalmente.

[8] Fidel: En el Año de la Liberación, ed. cit., 201.

[9] El hambre como factor de riesgo anti-dictatorial parece arraigado en la ideología fidelista. “A Machado lo derroca, fundamentalmente, el hambre”, aseveró Castro a Ignacio Ramonet. Cf.: Biografía a dos voces, Debate, 2006, 64.

© cubaencuentro

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