Actualizado: 28/04/2017 12:52
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EEUU, Miami, Exilio

La ilusión viaja en “trumvía”

Ante la próxima llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, varias organizaciones exiliadas de Miami reviven un cuento ya gastado

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La historia es vieja, muy vieja; la ilusión infinita, lo que hace imposible que a estas alturas se pueda distinguir si es bueno o malo conservarla; la creencia­… bueno, eso sí, pura, tan pura como la Magdalena (¿antes o después?), y no es posible encontrarla mejor.

Lo que no deja de producir sorpresa es esa capacidad del exilio miamense: de volver una y otra a tropezar con la misma piedra, y cuando no la encuentra buscarla y colocarla en la vía.

Donald Trump y el exilio, donde los papeles de seductor-seducido se han venido intercambiando, a veces con una frecuencia semanal, para al final repetir el mismo bolero: “Tu mi delirio”. Lástima que sin música.

Son cuatro organizaciones de exiliados en Miami. Sus opiniones sobre la incidencia sobre la situación cubana, del triunfo de Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses, aparecen reflejadas por Efe.

Las cuatro coinciden, según la agencia, en que la victoria del republicano “frenará” las “concesiones permanentes” al Gobierno de Cuba y traerá mayor “presión” en la defensa de las libertades.

Detrás del retruécano, en que la agencia noticiosa juega a la complacencia política local a través de la gramática —y se arriesga al oxímoron— no puede ocultarse el salto al vacío: al ser frenadas, las “concesiones permanentes” dejan de ser tales (¿concesiones?, ¿permanentes?). Y se arriesga un golpe de dados electorales, no para abolir sino para incorporar el azar.

Ahora sí habrá mano dura con Castro, parece ser la ilusión que se desprende.

Pero como suele ocurrir en Miami, el salto de la ilusión a la ingenuidad vuelve a ser deplorable.

De acuerdo a Efe, dichas organizaciones, “si bien entienden que Trump ‘no cancelará’ muchas de las políticas ya implementas por el presidente Barack Obama en relación con la Isla, se mostraron de acuerdo en que se producirá un crucial viraje con un ‘mayor compromiso en la defensa de los derechos humanos’”.

El hecho que tal afirmación se sustente solo en unas declaraciones de campaña, casi al final de la misma y en momentos en que el candidato republicano escarbaba cualquier posible voto en Miami, vuelve a ser pasado por alto.

Seguro que por los próximos días se escuchará que Trump ganó Florida gracias a Miami, y que tal triunfo floridano lo llevó a la presidencia.

Por lo tanto, el republicano está en deuda con el exilio de esta ciudad, ya que le debe la Casa Blanca al voto cubano.

Las cifras de votos dicen otra cosa. Miami-Dade: Trump, 333.666; Clinton, 623.006 (100 %). Broward: Trump, 258.521; Clinton, 546.956 (100 %). Palm Beach: Trump 270.762, Clinton, 371.411 (100 %). Pero a los exiliados cubanos las cifras nunca les han importado mucho y en última instancia siempre cabe el recurso de decir que “han sido manipuladas”.

Hay sin embargo otro hecho que también puede ser apuntado, y que puede —y será utilizado— por quienes reclaman su contribución al triunfo republicano: sin Florida Trump no habría ganado las elecciones. Obtuvo 279 votos electorales, y de ellos 29 son del estado floridano. Sin Florida no hay Trump presidente. Por lo que es cierto, le debe la victoria a los cubanoamericanos que votaron por él; junto a granjeros floridanos (hombres y mujeres), peloteros y futbolistas, policías y antiguos miembros del FBI, agentes de la CIA retirados que viven en el estado, residentes de Tampa que son sus partidarios y algún que otro mexicano, centroamericano, afroamericano o una afroamericanalatina —la conocí ayer—, e incluso a un par de jovencitas venezolanas que afirmaron por la televisión de Miami que votaron e hicieron campaña a su favor.

Así que el flamante próximo presidente republicano podrá esgrimir que no tiene deuda alguna con los votantes cubano de Miami. Aunque eso no lo hará, porque mostró su compromiso con las “Damas en Blanco” (sic) y el respecto a los derechos humanos en la Isla, según afirmó en La Pequeña Habana.

La primera de las opiniones, expresada por el representante de una organización exiliada, es la más sensata, y quizá por ello la más aburrida.

Trump “no criticó” que Obama restableciera los lazos con Cuba, sino que “no lograra la menor reciprocidad ni que la causa de los derechos humanos en la Isla estuviese en primer plano en la agenda de negociación”, precisó a Efe Ramón Saúl Sánchez, presidente del Movimiento Democracia.

Por ello, aventuró Sánchez, es muy probable que el presidente electo “no revierta todo lo que ha hecho Obama”. Pero Saúl Sánchez ha demostrado ser un hombre de fe —ahí están sus variadas “huelgas de hambre”, para demostrarlo—, así que el activista se aventuró a opinar más: cree que Trump “sí acabe” con la “concesión permanente de Estados Unidos sin ninguna reciprocidad” por parte del régimen cubano.

La agencia noticiosa no da detalles sobre los motivos para el optimismo del líder miamense, salvo el repetir y confiar en lo dicho por Trump en campaña.

“En una reciente reunión en Miami con cubanos anticastristas muy beligerantes, el ahora presidente electo alabó a las Damas de Blanco y aseguró que él, de ser elegido presidente, no cerraría los ojos ante la violación de los derechos humanos como, dijo, había hecho su rival demócrata, Hillary Clinton”, asegura Efe.

En la recta final de su campaña, Trump visitó la sede de la Brigada 2506, en La Pequeña Habana, donde afirmó que Obama no había realizado un buen acuerdo con Cuba y que Clinton era más de lo mismo, “o incluso peor”.

Para Antonio Díez Sánchez, secretario general del Movimiento Cristiano de Liberación (MCL), la victoria de Trump supondrá un “freno al acercamiento” a la Isla caribeña en tanto en cuanto el régimen cubano “no dé pasos hacia la libertad y hacia reformas políticas”.

Los motivos para el optimismo de Diez Sánchez tampoco aparecen recogidos en el cable de Efe.

Plantados, otro grupo del exilio que expresó sin ambages en 2014 su rechazo a las “concesiones” hechas por Obama al Gobierno cubano, está convencido de que Trump “cumplirá con lo que ha dicho en la campaña de no aceptar una política hacia Cuba” que consista en “entregarlo todo sin recibir nada”.

El optimismo de Plantados es aún mayor, pero igual queda sin fundamento alguno.

“Trump exigirá menos violación de los derechos humanos y presionará más al régimen de los hermanos Castro para que el pueblo cubano pueda vivir con más libertad”, resaltó Ángel Desfana (sic), director de Plantados, uno de los grupos que integran la Asamblea de la Resistencia Cubana, de acuerdo a Efe.

Difícil presumir si, además de desconocer la ortografía del apellido del opositor, el redactor de la nota de Efe sabe de los contactos directos del director (de Plantados) con Donald Trump, o si simplemente confía en De Fana y su fama.

Este nuevo enfoque del Gobierno estadounidense es, en opinión de Desfana (sic), muy factible a tenor de que los republicanos se han apoderado también del Congreso y del Senado, lo que puede cristalizar además en un “aumento de la ayuda a los disidentes en la Isla”, siempre de acuerdo a Efe.

Aquí la ignorancia marcha pareja con la (mala) redacción. Porque los republicanos no se “han apoderado” del Congreso, sino conservan la mayoría que ya tenían. Además, la ayuda (monetaria) a los “disidentes en la Isla” aumentó este año.

En sintonía con el sentir de los activistas cubanos anteriores, Desfana (sic) puntualizó que la elección de Trump puede ser positiva para la causa de las libertades en Cuba por la “mayor presión” que ejercerá el republicano en la “exigencia a la dictadura de respeto a los derechos humanos y la ruta hacia la libertad”, de acuerdo a Efe.

En el párrafo anterior el optimismo se transforma en pura demagogia, así que no valdría la pena comentarlo. Aunque la tentación es mucha para pasar por alto eso de exigirle a una dictadura el cumplimiento de la “ruta hacia la libertad”. O de “Tú mi delirio”, bis.

Por su parte, Pedro Rodríguez, directivo de la Fundación por los Derechos Humanos en Cuba, abogó por el “fin de las concesiones sin solidaridad con el pueblo” cubano y sin que La Habana “muestre la menor reciprocidad” respecto de EEUU.

Según Efe, Rodríguez también dudó que el magnate inmobiliario vaya a “anular” las políticas implementadas por Obama y afirmó que la victoria de Trump en las elecciones del martes “puede ser positiva para las libertades en Cuba”, aunque, a la postre, dijo, es el Gobierno cubano el que “controla la represión”. Lo que viene a otorgarle un bienvenido toque de realismo a su declaración.

Puede argumentarse que en un panorama donde las posibilidades de un mejoramiento de los derechos humanos en Cuba son prácticamente nulas, formular cualquier esperanza es comprensible. Solo que más allá de esta rusticación emocional poco valor existe en confiar en que el próximo inquilino de la Casa Blanca va a lograr mayor “presión” para traer la libertad a Cuba. En fin, que, si el vivir de ilusiones puede significar morir de desengaños, mientras tanto ayuda a sobrevivir del cuento en Miami.


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