Actualizado: 19/05/2024 23:18
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Síndrome, Armas tecnológicas, Rusia

Las armas tecnológicas del eje del mal

Los hechos contradicen abiertamente las declaraciones oficiales sobre los ataques sónicos, tanto del estado cubano y su patrocinador moscovita como de la administración norteamericana

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CBS News ha desatado las heces fecales de la política, poniendo en aprietos la tendencia conciliadora de la Casa Blanca hacia Cuba. La peligrosidad de la Plaza de la Revolución queda en evidencia ante la convincente exposición de 60 Minutes, programa recién trasmitido, en colaboración con dos medios estelares del periodismo investigativo, Der Spiegel y The Insider.

Los hechos contradicen abiertamente las declaraciones oficiales, tanto del estado cubano y su patrocinador moscovita, como de las dos últimas administraciones norteamericanas, negacionistas al considerar la inexistencia de un factor causal externo de los síntomas experimentados por las víctimas de los conocidos “ataques sónicos”, además de negar la enfermedad misma, catalogada de “histeria colectiva”. ¿Síndrome de Estocolmo en The White House?

Aunque hecho público en La Habana durante el 2016, ahora sabemos de 4 víctimas registradas en Fráncfort, Alemania, durante el 2014. La cifra total de casos investigados ronda los 1,500, abarcando puntos distantes entre sí como Georgia, Moscú, Shanghái, Vietnam o la Florida.

Las autoridades en EEUU han concedido compensaciones económicas a los afectados, cuyos diagnósticos repiten los siguientes síntomas: “dolores de cabeza intensos, mareos, problemas de equilibrio, pérdida de memoria, desorientación total e incapacidad para llevar a cabo tareas cotidianas”.

Entonces, ¿Existe o no el Síndrome de La Habana? Greg Edgreen, quien dirigió la investigación sobre el Síndrome de La Habana para la Agencia de Inteligencia de Defensa de 2021 a 2023, es citado por El Nuevo Herald, reproduciendo fragmentos de una entrevista televisiva: “Cuando el presentador del programa, el periodista Scott Pelley, le preguntó si pensaba que Estados Unidos estaba siendo atacado, respondió: “Mi opinión personal, sí”. “¿Por quién?” —preguntó Pelley. “Por Rusia”, dijo Edgreen”.

A tono con CBS News, The Wall Street Journal ha publicado un editorial citando estudios que sugieren la viabilidad tecnológica de los ataques sónicos, empleando un haz de microondas o sonido acústico dirigido, causante de las lesiones cerebrales. El diario recalca que “la Administración de Alimentos y Medicamentos ha aprobado la estimulación magnética transcraneal para la depresión mayor y el trastorno obsesivo-compulsivo”.

La historia de la ciencia demuestra la irracional capacidad de usar los adelantos tecnológicos para hacer el bien o el mal, para curar o dañar a las personas. Marc Polymeropoulos, oficial CIA cuyo rango equivale a General de Tres Estrellas, ha confirmado la existencia de dispositivos de la naturaleza antes indicada, inclusive variantes no letales en uso, tanto en Rusia como en los Estados Unidos y otras naciones. Tomado de una entrevista reproducida por A Fondo, programa de la red América TV, el oficial explicó:

“Es un arma fenomenal, porque no es atribuible, nadie puede llegar a saber quién fue, no se trata del disparo de una pistola o de asaltar a una persona en la calle. Tal vez en La Habana se inició esto buscando como detectar información desde medios portátiles digitales, luego los rusos y cubanos comprendieron que podía usarse como arma. El resultado es sacar fuera de la batalla a los agentes enemigos”. Míster Polymeropoulos es una de las víctimas, ejemplo de otra de las coincidencias ahora reveladas al saberse que muchos de los atacados eran agentes secretos enfocados en la cuestión rusa.

Juntando evidencias, 60 Minutes acusa a Rusia en calidad de autor material de los ataques acústicos, mencionando la unidad ultrasecreta 29155, conocida por sus implicaciones en otros actos punitivos contra enemigos de la autocracia putinista fuera de su país.

Viene al caso el protagonismo de La Habana, siendo además el lugar donde esta acción de matiz terrorista se convirtió en noticia mundial. Hace tres décadas, recién exiliado en los Estados Unidos, el ex oficial de la Seguridad del Estado cubana, Enrique García, viene testimoniando al respecto. La existencia de un grupo operativo muy similar al 29155, subordinado directamente al Ministro del Interior, fue confirmado por García, quien conoció de un asesinato selectivo ocurrido en París a fines de los años setenta. Según el exagente cubano, entrevistado por Juan Manuel Cao en A Fondo, la CIA confrontó sus declaraciones, confirmándolas.

Las ejecuciones extrajudiciales necesitaban de una orden expresa del Comandante en Jefe, en su momento Fidel Castro, después su hermano Raúl. La forma de actuar es altamente compartimentada, de manera que los encargados de ejecutar las acciones, entrega de armas, trasporte, información, etc., funcionan sin conexión entre ellos, evitando cualquier relato posterior demostrativo.

Hechos imposibilidad de probar

Del caso ruso, los hechos de envenenamientos, accidentes y otras formas de encubrir ejecuciones ordenas por Putin, han sido publicados con abundantes detalles. El modus operandi se basa en la imposibilidad de probar los hechos: “Sabes que fuimos nosotros pero no puedes demostrarlo”.

En términos políticos es la actitud que en un vecindario se atribuye a un siniestro personaje, conocido como “el prestado”, hombre arrogante en casa propia, bocón en la calle y sobre todo calculador, porque las consecuencias de prestarse no deben llegar al punto de poner en peligro real su posición dominante en casa propia, dígase su personal existencia.

Las estrechas relaciones de larga data entre la KGB y la Seguridad del Estado cubana son de amplio conocimiento público. La sucesión de evidencias aportadas, relacionadas con Rusia y por extensión, con La Habana, obligan a la típica conclusión del adagio del Pato: si caminas como pato, tienes pico de pato, patas con aletas y dices cuac, cuac, no hay dudas, eres el Pato.

Los rusos son el Pato de esta historia, que no es un cuento, ni siquiera es “una historia basada en hechos reales” al estilo Netflix, es una secuencia de evidencias factuales, lo que la ciencia policial llama evidencias circunstanciales, apoyadas por estudios científicos.

The Wall Stree Journal se pregunta por qué la Casa Blanca sigue exigiendo pruebas exhaustivas, directas, después de las conclusiones derivadas de 60 Minutes. Según el influyente diario: “Estados Unidos podría tener que manejar otra pelea con Vladimir Putin. Sin embargo, el informe 60 Minutos es lo suficientemente convincente y preocupante como para justificar algo más que un desplante poco transparente por parte del gobierno”.

Los ataques sónicos son solo una modalidad de entre diversos recursos tecnológicos de simple factura, pero de alta letalidad, emanados desde las entrañas de la KGB a la cual Putin perteneciera, la cuna de su conducta. Entre el envenenamiento radioactivo y neutralizar a la víctima anulándole mente y oídos no hay una gran diferencia. Para los “prestados” de la Plaza de la Revolución servirle al Kremlin es una cuestión de cálculo. El síndrome de La Habana no parece suficiente para justificar la magnitud política de una invasión a Cuba, tal y como era inminente en octubre de 1962.

Mientras tanto, los bandidos rusos, cubanos, y demás pandilleros asociados, siguen jodiendo a sabiendas de su impunidad. Lo triste es saber quiénes son, a fin de cuentas, los más perjudicados: viven en Cuba, Rusia, y otras porciones de este eje del mal. Son sus millones de ciudadanos empobrecidos, privados de libertad.


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