Actualizado: 23/09/2017 15:02
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Medicina, Revolución, Universidad

Los profesores de Medicina de la Universidad de La Habana tras 1959

Los médicos y profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, y como fueron considerados por el Gobierno a partir de 1959

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Después de publicado en la red el artículo sobre las depuraciones de los profesores de Medicina de la Universidad de La Habana al triunfo de la así llamada revolución; dejé anotado al final lo siguiente: Nunca sabremos cuántos profesores universitarios fueron objetos de estas prácticas que negaban el derecho y discriminaron de manera aviesa a tantos[1]. Fue entonces que comencé a buscar información sobre lo que se consideró el éxodo de médicos en los primeros años de la década de 1960 y la adecuación de los planes de estudio de la Carrera de Medicina, lo que se conoció como el “plan Baeza”, entre otros aspectos.

Es así que me encuentro una información sobre los programas de la Carrera de Medicina y la relación de las cátedras y profesores que componían el claustro de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana[2]. Todo esto en las cambiantes circunstancias de los primeros años de la Revolución, teniendo en cuenta que la Universidad permaneció cerrada durante los años 1957 y 1958. Cuando se reiniciaron los cursos regulares, el claustro de profesores fue objeto de las prácticas infortunadas de los juicios públicos, las depuraciones, las separaciones definitivas, las jubilaciones forzadas y las renuncias. De todo esto quiero tratar en este artículo.

En un documentado libro sobre el sistema de salud en Cuba[3], encuentro lo que es la opinión de uno de los más conspicuos paniaguados del régimen recién estrenado, tomando partido tan pronto como se produjo el triunfo revolucionario, esto dice: “Este triunfo significo históricamente la terminación para siempre de cuatro siglos y medio de dominio colonial y neocolonial, de opresión de las masas trabajadoras…, La victoria revolucionaria altero en sus fundamentos la correlación entre las clases sociales del país”. Aquí viene lo mejor: “Al calor de la lucha de clases se produce un éxodo masivo de médicos estimulados por la política agresiva del gobierno de los Estados Unidos. En los primeros años de la revolución abandonan el país cerca de 3.000 médicos. La Escuela de medicina quedaba con solo 13 profesores”[4]. De los argumentos sobre el éxodo médico, será tema de otro análisis. Lo que concierne a este artículo es definir las contradicciones que se produjeron en los primeros años de la revolución; cuando la dirección revolucionaria dio cuenta de tantos profesionales que participaban en la docencia y eran depurados, o eran funcionarios de las instituciones de salud del régimen anterior y habían sido cesanteados. Pero sobre todo muchos, viendo lo que se avecinaba, tomaron las de Villadiego.

Los mismos razonamientos que emplean Arujo Bernal y Rodríguez Gavaldá para explicar el supuesto éxodo masivo de médicos al triunfo de la revolución, revelan las verdaderas opiniones que de los médicos cubanos se hacían los nuevos detentadores del poder en Cuba; que se hicieron de un gobierno y establecieron muy pronto una dictadura. Esto autores le dan la excelencia y credibilidad a una clasificación que someten y adecuan a lo que consideran subgrupos de profesionales médicos que emigraron o eran posibles emigrantes[5]. En realidad, la clasificación puede muy bien adecuarse a lo que los nuevos ideólogos pensaban de los médicos y como los veían como potenciales enemigos a combatir y dar cuenta de ellos; sujetos además a las depuraciones, jubilaciones forzadas y renuncias que se engendraron entre los profesores de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana. Aquí la clasificación:

  • Grupo A: Médicos comprometidos en las actividades delictivas, políticas o no, de la dictadura de Batista.
  • Grupo B: Médicos que sea por el ejercicio profesional, herencia, matrimonios u otro factor, poseían un capital apreciable invertido en industrias, bienes raíces, a quienes las leyes revolucionarias afectaron como inversionistas y propietarios.
  • Grupo C: Médicos que en el desarrollo profesional habían logrado un estatus por el que lograban grandes ingresos anuales.
  • Grupo D: Médicos que por su especial y alta calificación o por la relativa escases de sus especialidades en Cuba, o por ocupar cargos de responsabilidad e importancia, fueron tentados y subyugados con el ofrecimiento de grandes ventajas de todo orden en caso de emigrar.
  • Grupo E: Entendemos que este grupo es el más numeroso y está constituido por médicos que, fijados por su formación, pertenecientes a la pequeña burguesía, sentían la revolución como algo amenazante para ellos y sus familiares.

Siendo categorizados y clasificados, la revolución, que se afincaba en una ideológica comunista ya había establecido un derrotero que implicaba la sumisión a esta clase que formaba parte de la pequeña burguesía nacional; para la cual no había más alternativas que la de formar parte del proceso revolucionario o emigrar. A todo esto, se suma las falsedades en las acusaciones, la premura en aplicar una reforma universitaria que pusiera a la Universidad como institución, de rodillas ante el poder, y finalmente consolidar un régimen de tal suerte que aun esta inculcado en la sociedad y la conciencia nacional.

Los profesores fueron víctimas de este ruin accionar que pretendía, —y así lo lograron—, consolidar un sistema de educación médica y de salud proclive a los intereses ideológicos del régimen, que traía las ideas del socialismo tropical que nos endilgaron. Esto les llevó poco tiempo.

La Universidad estuvo cerrada desde noviembre de 1956 hasta enero de 1959, por lo que en 1957 y 1958 no hubo graduaciones de médicos. Sí contamos con la relación de profesores que integraban el claustro en el año 1956, lo que sirve como referencia para poder comparar con el cambiante claustro de profesores que quedó de manera definitiva y al servicio de la revolución cuando se establece la Reforma Universitaria el 10 de enero de 1962. Pero veamos algunas particularidades de este variable proceso.

En el año 1956 la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana contaba con un claustro de 161 profesores titulares, auxiliares y agregados. Cuando se reinician las actividades docenes 4 profesores habían fallecido por lo que el claustro era de 157 profesores distribuidos en las diferentes cátedras. Fue entonces, al comienzo del año 1959, que se procedió a las depuraciones, la primera. En esta se tomaron en cuenta la colaboración con la dictadura batistiana y la participación como candidatos en las elecciones generales de 1954 y 1958; fueron expulsados 12 profesores. Es decir que fueron depuestos por participar en elecciones generales, no sabemos si como candidatos. La libre decisión de participar en unos comicios fue causa suficiente para ser proscritos del claustro, no sin antes ser calificados de “batistianos”. Los primeros profesores depurados, 12 en total, fueron los doctores: Ramón Grau San Martín, Manuel Costales Latatú, Hugo Hernández Blanco, Enrique Saladrigas Zayas, Alfredo Nogueiras Herrera, Manuel Ampudia González, Félix Hurtado Galtés, Luis Ortega Verdes, Juan J. Castillo Arango, José Iglesias de la Torre, Delio García Romeu y Octavio Iglesias Pérez.

A esto se sumó la reacción de un grupo destacado de profesores que, en desacuerdo con el giro que tomaban los acontecimientos en la Facultad de Medicina, el 2 de febrero de 1959 seis de ellos, considerados de gran prestigio científico y que no habían sido acusados, presentaron las renuncias irrevocables a sus cátedras. Este hecho se conoce como: “la renuncia de los puros”. Es decir que se les consideró como “puros” en tanto se establecía un neto distingo con los anteriores depurados que fueron supuestos “colaboracionistas”. Los profesores renunciantes-puros fueron los doctores: Ricardo Núñez Portuondo, Gustavo Cuervo Rubio, Pedro M. Castillo Martínez, José Bisbé Alberni, Vicente Pardo Castelló y Roberto Varela-Zequeira Rodríguez.

Un grupo numeroso de profesores, 44 en total, se acogieron a la jubilación por la edad ante el temor de lo que veían venir, un nuevo proceso de depuraciones; donde serían sometidos a juicios públicos y sujetos a contravenciones de incumplimientos e incapacidad que bien podían no ser ciertos. Algo así como…, “me voy antes que me depuren”. También una Ley del año 1960 (Ley No. 859), —que establecía la jubilación obligatoria—, le fue aplicada a 12 profesores de la Facultad de Medicina. Esto significa que, entre los depurados, jubilados y renunciantes; el claustro había perdido 74 profesores que representaban el 47 % del claustro que había reiniciado sus labores en enero de 1959.

Entre el año 1959 y1960 con la intención de cubrir las plazas de estos profesores, fueron contratados 28 médicos que habían desempeñado o desempeñaban las plazas formadoras de la carrera docente: adscriptos, instructores y asociados. Solo que esto vino a complicarse, porque en una reunión del claustro de la Facultad de Medicina el 29 de julio de 1960 la mayoría de los profesores presentes, no aceptaron la nueva forma de cogobierno entre profesores y alumnos, ni la disolución del Consejo Universitario para ser sustituido por una Junta Superior de Gobierno, ni la sustitución de los Decanatos por Juntas de Gobierno en las Facultades. Entonces los nuevos mandamases los declararon en “rebeldía contrarrevolucionaria” y fueron depurados 46 profesores. Un grupo de profesores que no habían estado presentes en la reunión mencionada, en solidaridad con los expulsados, renunciaron a sus cátedras; estos fueron 34 en total. Entre los depurados en esta segunda limpieza académica y los renunciantes, fueron 80 profesores que dejaron la Facultad de Medicina. Cuando se aplica la Reforma Universitaria en el año 1962 quedaban en la Facultad de Medicina, entre profesores antiguos y contratados, 23 profesores en las diferentes cátedras.

Resulta sorprendente que las autoridades revolucionarias que habían hecho suyas las proyecciones del programa del Moncada y que buscaban crear un sistema de salud que alcanzara a mucho después de un reordenamiento de las políticas de salud y de novedosos programas de educación médica; ahora se dedicaban a la lucha ideológica. Estos nuevos líderes y funcionarios de ocasión no vacilaron en despreciar la justicia, cuestionaron la rectitud de muchos y dejaron a un lado la honradez ciudadana. Se emplearon a fondo en controlar a la Universidad en tanto que institución y en esta la Escuela de Medicina. Fue así que arremetieron, inhabilitaron, mintieron y agraviaron el decoro de muchos, para expulsar a tantos profesores con una bien ganada reputación como médicos y educadores; lo que en realidad ponía en peligro sus propios planes dirigidos a los más desfavorecidos.

Pero estos nuevos autoritarios, ávidos de poder, le echaron mano a la represión y la exclusión social. Terminaron fusilando, llenando las cárceles de presos, promoviendo el éxodo y alimentando el odio entre los cubanos. Con lógica razón muchos se preguntaron: ¿cómo proscribir a tantos profesores que podían formar las nuevas generaciones de médicos que reclamaba la revolución para sus planes de salud? Años después de las depuraciones y jubilaciones forzadas le preguntaron al doctor Roberto Guerra Valdés, sobre la aplicación de estas jubilaciones obligatorias y contestó que “esos profesores constituían un obstáculo a la aplicación de la reforma” universitaria que se buscaba imponer. Es decir, eran los que no entraban ni iban a entrar por el aro ideológico, por lo tanto, había que eliminarlos.

La Revolución había llegado; su ideología sin lugar a dudas de corte socialista pretendía, sin cortapisas, establecer una sociedad que trasformara la estructura económica y social del país. Que esta se adecuara a un programa impuesto, donde se instaurara la dictadura del proletariado, que era decir la dictadura Castro comunista. En poco tiempo se estableció y se apuntaló al punto de que lleva más de medio siglo de autoritarismo. Para lograr esto había que asaltar el poder, desmantelar lo que quedaba del estado de derecho y conculcar las libertades que recién se habían rescatado.

Por aquellos días en la Universidad de La Habana enterraron de manera simbólica un medio periodístico de la época. En son de fúnebre pachanga, señalaba un conocido periodista[6]. Esto dijo en aquella ocasión el comunicador: “Ustedes nos plantean la disyuntiva que hay que estar con o contra la Revolución. Pero habrá que preguntarles con cuál Revolución. Si con la Revolución Cubana que depuso a un tirano y planteó de inmediato la liquidación del peculado, la reparación de viejas injusticias y la afirmación de nuestras esencias patrias, o la Revolución de los excesos, de las mentiras, del odio, de los asaltos…”, y sí, se produjo un asalto; la nación toda fue ocupada y la conciencia colectiva adormecida; la sinceridad tropezó en la plaza pública y la honradez nunca más pudo presentarse.


[1] González, E. A. (2007, April 18). Las depuraciones de profesores en la Facultad de Medicina de la Universidad de la Habana en el Año de la Liberación. Retrieved April 30, 2017, from http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/las-depuraciones-de-profesores-de-la-escuela-de-medicina-329146

[2] Planes de estudios de la carrera de medicina de 1959 a 1966 y cambios en el profesorado. (n.d.). Retrieved May 18, 2017, from http://bvs.sld.cu/revistas/his/his_107/his06107.htm . No aparece el nombre del autor, tampoco la fecha de publicación; se trata de Cuadernos de Historia de la Salud Pública No. 107

[3] Llorens, J. (1985). La lucha por la salud en Cuba (Primera Edición ed.) (L. Araujo, Ed.). México: Siglo XXI editores. Los editores aparecen como coordinadores.

[4] Araujo L, Llorens J., Óp. Cit., p. 20.

[5] Araujo, L., & Rodríguez, R. (1985). Emigración Médica. En La lucha por la salud en Cuba (Primera Edición ed., pp. 232-257). Mexico: Siglo XXI Editores. Pág. 246-247.

[6] Medrano, E. (1960, May 14). Los Enterradores. Prensa Libre. El 16 de mayo de 1960, Prensa Libre fue invadido y confiscado.


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