Actualizado: 23/09/2017 15:02
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Economía, Período Especial, Caos

Un fantasma recorre la nomenklatura

El fantasma del período especial y el miedo a estallidos sociales

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Cuando un tema como este lo expresa un opositor, alguien analizando la realidad cubana, o un académico o periodista, enseguida aparecen las brigaditas de respuesta rápida en la red a burlarse de los “cubanólogos” e intentar desprestigiar tanto a quien expresa las ideas como al medio que las divulga. Los lectores habituales de CUBAENCUENTRO conocen esas técnicas de insignificantes sicarios digitales, algunos de los cuales hasta pretenden sentar cátedra de ética y pulcritud intelectual.

Sin embargo, las alertas no vienen ahora desde fuera de las estructuras oficiales, sino desde ellas mismas, por lo que a los pelotones de fusilamiento de reputación les resulta más difícil asesinar mensajeros. Por eso intentan desviar comentarios a temas más profundos que ellos manejan perfectamente, como la inmortalidad del cangrejo. O cualquier otro que les ordene “el compañero que les atiende”, sobre todo si regresan frescos de cursitos de actualización.

Hay preocupación en la nomenklatura. Mucha. Porque a pesar de enfoques políticamente autistas, discursos triunfalistas sobre el socialismo prospero y sustentable, “análisis” de documentos del congreso del partido por parte de “la población”, planes para celebrar el nonagésimo cumpleaños de La Bestia de Birán, y secretismo paranoico, las perspectivas del régimen son cada vez más oscuras. Concretamente, no hay dinero. Y si hasta ahora creían los cuentos que ellos mismos inventaban, en estos momentos no es solamente que no se los creen, sino algo peor: no quedan ni cuentos que inventar.

El presidente Obama ya distendió al máximo posible “el criminal bloqueo imperialista”, y lo que queda del mismo es facultad exclusiva del congreso americano, que no pretende hacer nada sobre este tema al menos hasta después de las elecciones o durante la nueva administración, sea cual sea; Europa perdona masivamente deudas del régimen y está cada vez más deseosa de cooperar al “desarrollo” del país, olvidándose convenientemente de la represión, falta de democracia en la Isla y violaciones de derechos humanos, a cambio de un pedazo del pastel; y la mayoría de los gobiernos de América Latina y el Caribe ya no saben que más hacer para halagar al régimen que, sin embargo, resulta un perfecto malagradecido.

En La Rinconada y Punto Cero interpretaron el comportamiento y ofertas amistosas de la administración Obama como claudicación de Washington y victoria de “la revolución”, y lejos de intentar gestos de acercamiento, aperturas, y reformas estructurales y funcionales que dinamizaran la economía, apostaron por más de lo mismo, guapería de barrio, la cantaleta de siempre y más promesas vacías, creyendo que el tiempo castrista es infinito, convencidos de que los cubanos soportarán cuantas penurias y miserias sean necesarias hasta lograr abandonar el país, y que la sucesión que están ejecutando terminará “atada y bien atada”.

Pero el mundo no se mueve a la velocidad del Palacio de la Revolución, y surgen problemas que los hermanos Castro no pueden impedir: el Gobierno de Nicolás Maduro se desmorona por ineptitud y corrupción, y aunque el expresidente del gobierno español Rodríguez Zapatero intenta evitar su caída, le resultará muy difícil lograrlo, lo cual pone en peligro la principal fuente de financiamiento exterior de la dictadura cubana. La presidenta de Brasil fue apartada del poder para ser sometida a juicio político, lo que hace peligrar otra fuente importante de financiamiento exterior, y que además puede salpicar a La Habana con escándalos de corrupción y tráfico de influencias que se están destapando en el gigante suramericano. Y en Argentina salieron de la presidencia los simpatizantes del “socialismo del siglo 21”, y La Habana pierde otra fuente de ayuda y apoyo político.

Rusia, China y Vietnam otorgan créditos o donan arroz o recursos materiales, pero no regalarán sus dineros a La Habana sin posibilidades reales de recuperarlos, convencidos de que en el manicomio tropical no saben administrar medianamente un país, mucho menos hacerlo prosperar.

Ya se ha comenzado, entre la paranoia y falta de transparencia habitual, a “orientar” el recorte de recursos y “ahorro” energético, que supone simplemente no usar electricidad, como en la Edad Media. Cuando se analiza la situación de conjunto aparece que el turismo, aunque crece en visitantes no lo hace en ingresos netos; las remesas no suman ni mucho menos las cifras que algunos “expertos” mencionan; la producción industrial y agropecuaria continúa estancada; los privados y cooperativistas son asfixiados por la burocracia y el estalinismo; el petróleo escasea; la zafra azucarera es cada vez más raquítica; el clima y las lluvias son contrarrevolucionarios hace ya 57 años; el ganado muere de hambre y sed; los precios del níquel continúan descendiendo; las inversiones extranjeras no aparecen en las cantidades necesarias y con la urgencia requerida; la disciplina laboral continúa por el piso, y los robos, desvíos de recursos y corrupción más rampantes que nunca. El lúgubre escenario que se vislumbra resulta cada vez más uno de ingobernabilidad absoluta, que la moda del momento llama de “tormenta perfecta”.

Y cobra fuerza entre la nomenklatura el fantasma, cada vez más concreto, de estallidos sociales que tendrían que ser reprimidos violentamente. Las preocupaciones castristas no son por no estar dispuestos a utilizar la más brutal violencia si fuese necesario, sino porque es imposible llevar a cabo una represión así sin que en pocas horas lo sepa todo el mundo gracias a los modernos medios de comunicación, lo que podría poner en peligro su estabilidad, y hasta su permanencia en el poder.

Porque lo que más teme la nomenklatura no es perder el poder y los privilegios que conlleva, sino tener que responder ante tribunales por su conducta delictiva.

Ese es en estos momentos el fantasma que asusta a la nomenklatura: otro período especial y estallidos sociales.

Un escenario que no solamente es posible, sino que también podría ser probable.


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