Actualizado: 24/04/2017 13:22
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Cuba y la reforma de salud republicana

¿La promesa de una política de EEUU “más fuerte” hacia el Gobierno cubano a cambio de un voto a favor de la nueva ley de salud republicana?

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El enfrentamiento en el Congreso sobre la reforma a la Ley de Cuidado de Salud presentada por los republicanos de la Cámara no tendría nada que ver con Raúl Castro si no fuera por Miami, informa el Nuevo Herald.

La votación sobre la nueva ley de salud (American Health Care Act, AHCA), prevista para hoy jueves, está tan apretada que los líderes del Partido Republicano y la Casa Blanca están presionado fuerte a los republicanos aún indecisos. Uno de ellos: el representante de Miami, Mario Díaz-Balart, cuyo principal deseo es revertir la apertura hacia Cuba llevada a cabo por la administración Obama y que ha tomado como tarea delinear lo que podría ser la política de Trump hacia la Isla.

¿Quizás Díaz-Balart y la Casa Blanca llegarán a un acuerdo con un poco de regateo: un “Sí” en la votación sobre la reforma de salud a cambio de una acción rápida en el tema de Cuba?

El diario The New York Times informó el miércoles que Díaz-Balart pidió garantías a funcionarios de la Casa Blanca de que el presidente Donald Trump cumpliría su promesa de campaña de adoptar una línea más dura hacia Cuba. No hubo discusión explícita sobre el intercambio del voto favorable del republicano al proyecto de ley de salud por una promesa sobre Cuba, aclaró The New York Times después de publicar lo contrario. En un comunicado, Díaz-Balart negó categóricamente el reporte inicial.

“El congresista todavía está revisando los cambios recientes en el proyecto de ley y sigue negociando con el liderazgo de la Cámara sobre varios aspectos, incluyendo cómo el proyecto trata a las personas de mayor edad y de bajos ingresos”, agregó su portavoz, Katrina Valdés, en un correo electrónico.

Pero lo que no puede negarse es que Díaz-Balart ha tratado el tema de Cuba cada vez que ha tenido la oportunidad de hablar con la Casa Blanca, donde es más cercano al vicepresidente Mike Pence. Y la administración Trump ha pasado dos días cortejando abiertamente a los republicanos que, al igual que Díaz-Balart, han manifestado posturas ambivalentes sobre el proyecto de ley de salud.

La sugerencia de que Díaz-Balart o la Casa Blanca podría incluso considerar cerrar un trato sobre Cuba para pasar la ley de salud provocó críticas inmediatas de los defensores del acercamiento a Cuba y del Comité de la Campaña Demócrata en el Congreso, que dijo que la AHCA “costaría el acceso a la asistencia sanitaria a decenas de miles de sus propios electores, subiría por el techo los costos de las primas a otros, y le impondría un impuesto a los residentes de mayor edad del sur de la Florida”.

“El Sr. Díaz-Balart está jugando a la política con el cuidado de salud de sus votantes con el fin de resolver una disputa familiar” comentó James Williams, director de Engage Cuba, una coalición de empresas y organizaciones que busca derogar el embargo. “Nuestra política hacia Cuba debe guiarse por lo que es el mejor interés del pueblo americano y cubano, no por la agenda personal de un congresista”.

La Casa Blanca todavía no ha llegado a un compromiso sobre la política hacia Cuba, dijo al Miami Herald y el Nuevo Herald una fuente del Congreso el miércoles –en parte porque el presidente Donald Trump aún tiene que designar al número dos del Departamento de Estado y al encargado de tratar los temas del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional.

En la ausencia de estos funcionarios de alto nivel, Díaz-Balart ha circulado recientemente un memorando de dos páginas a otros cubanoamericanos en el Congreso para esbozar una posible política de Trump hacia Cuba. El memorándum, titulado Un buen acuerdo que respete la ley y proteja la seguridad nacional, también ha circulado por la Casa Blanca.

El memo no tiene autor visible y la oficina de Díaz-Balart no confirmó el miércoles al periódico de Miami que proviene de él. Díaz-Balart, sin embargo, ha comentado las mismas propuestas —casi punto por punto— en una reciente entrevista con el Nuevo Herald. Otra fuente del Congreso confirmó el miércoles que el memo había venido de Díaz-Balart.

La propuesta no busca restaurar la política de la era Bush, pero sí buscaría eliminar todo lo que hizo el expresidente Barack Obama desde diciembre de 2014, cuando anunció su intención de restablecer relaciones diplomáticas con el Gobierno de Castro.

Si en 90 días el gobierno de Cuba no cumple con lo estipulado en la Ley Helms-Burton —elecciones libres, respeto a las libertades políticas y civiles— y no demuestra “progreso” en las negociaciones sobre reclamaciones certificadas de bienes confiscados a estadounidenses o en la devolución de fugitivos de la justicia, entre otros, el memorando propone al Gobierno de Trump tomar represalias.

Entre las acciones a tomar estarían: incluir de nuevo a Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo, dejar de suspender el título 3 de la ley Helms-Burton para permitir demandas contra aquellos que “trafiquen” con propiedad confiscada en Cuba y eliminar la directiva presidencial emitida por el presidente Obama convirtiendo en política de todo el gobierno el interés de normalizar las relaciones con la Isla.

“La prioridad principal es que las sanciones deben fortalecerse, al menos [al nivel de] las que estaban antes del anuncio del presidente Obama en diciembre del 2014”, concluye el memo en una oración en negrita. “Además de ese cambio fundamental, el presidente Trump tiene otras oportunidades listadas aquí que, en su conjunto, generarán un mejor acuerdo para el pueblo americano y cubano que promueve la ley estadounidense e intereses vitales de seguridad nacional”.


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