Actualizado: 28/09/2021 12:27
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Política

A otro ratón con ese queso

El asentimiento aparente de la mayoría no basta para otorgar estabilidad institucional a una dictadura.

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La política es frívola. Siempre lo fue. Sólo que por estos tiempos amenaza con batir sus marcas históricas. Sin embargo, los más frívolos entre quienes frecuentan la política no parecen ser hoy los políticos, esos son los más torpes, en tanto el premio por la frivolidad no hay quién se lo discuta a una caterva de analistas, escribidores y opinantes que revolotean en torno a la política.

Entre los últimos descubrimientos que debemos agradecer a estas lumbreras del mundo real, despunta la noticia de que "Cuba se estabiliza institucionalmente". Suena bonito. Ahora sólo falta que nos expliquen cómo se come eso.

Porque a los cubanos que estamos desangrándonos al pie del cañón no nos han llegado indicios de otros pasos institucionales que no sean los del cangrejo de siempre, o sea, hacia la institucionalización de la ineficacia económica, la intolerancia política, la escasez, la muela, la podredumbre, en fin, la aberración totalitaria.

Y en lo concerniente a lo otro, bueno, podría suceder que no estemos sabiendo leer entre líneas. Tal vez donde ellos dicen haber visto "estabilidad", quieren decir que vieron que "esta es la habilidad", o que "esta bilis da".

Muy arduo resulta desenterrar el rábano de las intenciones en política. Y más en nuestro caso, pobres indígenas no entrenados para alcanzar ciertas cumbres del lenguaje en las que (como diría aquel polaco inglés) la voz mágica de la sugestión tiende a brillar sobre la superficie vulgar de las palabras.

Han descubierto también aquellas lumbreras que el régimen "se está estabilizando ahora de una forma no carismática". ¿Eso significa que antes era carismático pero sin estabilidad? ¿O será que era estable y con carisma?

Por favor, ablanden un poco la mascada. Necesitamos saber si es importante para nosotros que el régimen pierda en carisma pero gane en estabilidad. ¿O es que nos convendría más que fuera inestable y carismático? ¿Será que lo carismático otorga mayor o menor valía a la estabilidad? Bueno, y en resumidas cuentas, ¿cómo, según el gusto de quiénes y con qué beneficio se dictamina el carácter carismático de las tiranías?

Nuestra cobardía, en plan comedia

Me paso, como en el dominó. Lo único que continúa quedando claro para nosotros es que antes nos comimos el cable y ahora vamos ya comiéndonos el poste, sin que nada esencialmente nuevo ocurra bajo el sol de la Isla. Ni siquiera nos resulta visible esa "voluntad de cambio" sobre la que también nos dan cuenta desde allá lejos. Aunque podría estar fallándonos la vista. La pizza de condón y la croqueta de agua de caldo no son exactamente ricas en vitamina A.

Alguien ha sentenciado que la frivolidad es, hasta cierto punto, la espuma de la inteligencia. Entonces lo que ocurre quizás es que no somos inteligentes. Por más que otro (otra) de la misma caterva declaró que el régimen nos está salvando para la inteligencia y para la verdad y para el vigor personal y para la espiritualidad y para la negación del consumismo asqueroso que ahoga al mundo.

Demasiadas salvaciones de un tirón. Nos abruman. Pero, además, como no somos inteligentes, tal vez estaríamos dispuestos a negociar con el régimen para que se ahorre el esfuerzo y el coste, salvándonos simple y llanamente del salvador.

¿Servirá al menos para propiciarnos ese trueque la nueva estabilidad institucional no carismática?

Lo malo, por desesperanzador, es que el fundamento de eso que desde allá lejos se ha visto como estabilidad (con o sin carisma) no sea sino otra premisa de la caterva, según la cual una dictadura no se sostiene largo tiempo sin un consenso subyacente. En lenguaje sin espuma equivale a que si vivimos bajo una dictadura es porque de algún modo nos gusta, la apoyamos, la merecemos. Entonces ese apoyo constituye una prueba de estabilidad, o un espejismo, que en ámbitos de la política deben ser sinónimos.

Se complica el asunto, pues si así pensaran los de la caterva, su frivolidad no se limitaría a la mera expresión verbal. Son frívolos de seso, a más que de tripas.

Y vendría resultando una pérdida de tiempo aclararles algo que ellos conocen mejor que nosotros, en teoría al menos, es decir, que el asentimiento aparente de la mayoría no basta para otorgarle estabilidad institucional a una dictadura. De la misma manera que temerle al pelotón de fusilamiento no es motivo suficiente para bendecir al que propina el tiro de gracia.

Creo que fue Chaplin quien le dijo a Rossellini que la vida es una tragedia si se filma en primer plano, pero puede ser una comedia cuando la enfocamos a distancia. He aquí el nervio del problema. Al final, nuestra cobardía (presunta o no, da igual) puede ser juzgada en plan comedia por la caterva. Nosotros, en cambio, los vemos a ellos como meros comediantes de nuestra tragedia.