Actualizado: 13/11/2019 9:19
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Sociedad

Cuba d.F.

¿Pretende la iconografía fijar en la memoria colectiva al hombre que ya no aparece ni en las tribunas ni en los altoparlantes?

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Nadie sabe lo que va a pasar, pero todos saben que algo va a pasar. Esa tensión entre incertidumbre y certeza mantiene a los cubanos en vilo, como a Eloida, una mestiza cincuentona que vende flores en el mercado de Cuatro Caminos, centro de La Habana.

"La gente habla mucho, que si Fidel ya no regresa, que si esta muerto, que si Raúl no puede con esto… Yo sólo pido que haya paz y que no pase nada malo", dice mientras acomoda sus girasoles y geranios.

A mediano plazo se ignora el rumbo que puede tomar Cuba después de Fidel. "¿Pero ya comenzó la era post-Castro?", responde con una pregunta un ex ingeniero graduado en Moscú en la década de los sesenta. Ahora "botea" en su Lada bicolor medio destartalado.

"Sí y no", se responde a sí mismo. Conduce con mucho cuidado. "Las calles están hechas mierda. Es increíble", se lamenta entre dientes. El auto apenas conserva la amortiguación y los pasajeros se batuquean. Para este profesional las cosas tomarán su tiempo. "Mientras el uno esté respirando, ni el dos ni nadie se atreverán a mover un dedo. Fidel, además de ser el faraón, es la pirámide. Nadie lo mueve".

Mutis por el foro

Apostaron primero a la Cumbre de los No Alineados. Luego al coloquio por sus ochenta años. Por último, lo imaginaron, triunfante, en la Plaza el 2 de diciembre o, al menos, recibiendo en batín a algunos invitados importantes. Nada de eso sucedió. Mutis por el foro.

La ausencia de Fidel Castro a tales compromisos mantiene navegando a los cubanos en un mar de dudas y muchos se preguntan si las versiones oficiales de su recuperación son tan sólo mentiras piadosas o una treta para ganar tiempo mientras se consolida el traspaso de poder. Los más incrédulos lo tienen hasta en estado vegetativo o simplemente muerto.

"¿Cómo es posible que no pueda ni hablar? Esperábamos , por lo menos, un mensaje en su voz. Ni a Chávez pudo darle un timbrazo para felicitarlo", se pregunta, exaltado, un camionero que toma cerveza en un bar de Belascoaín. El ruido callejero apaga su voz ronca.

Un traspaso real de poder —hasta ahora muchos aprecian que sólo es nominal— únicamente podría ser factible si Fidel Castro muere o mentalmente queda incapacitado. De cualquier otra manera, es letra muerta. En plena convalecencia manejaba los asuntos de Estado por teléfono y despachaba con sus colaboradores más cercanos.

"El caguairán (…) sigue cada vez mejor y no crean que está tirado en una cama", aclaró Raúl Castro en el congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa. "Tiene un teléfono al lado y si los otros días dije que lo usaba, ahora digo que cada día lo usa más", afirmó el general de Ejército en septiembre pasado para acallar las versiones de la revista Time sobre el deceso del comandante.

A la fecha, los matices han cambiado. Inquietantemente, ni Raúl ni nadie habla ya del teléfono y sólo repiten —como el vicepresidente Lage— que "se está recuperando y está haciendo todo, cumpliendo disciplinadamente las recomendaciones médicas".

Algunos entienden que si va a haber cambios, este es el momento ideal. Una importante geografía de Latinoamérica en manos de gobiernos de izquierda y un Estados Unidos bajo control demócrata y agobiado en Irak, sugieren que a Washington le faltaría capacidad de empuje y maniobra para imponer una agenda a la Isla.

"Raúl Castro ha hablado de un diálogo con Estados Unidos. Pienso que el diálogo que se necesita tiene que ser con el pueblo cubano", dijo Sean McCormack, portavoz del Departamento de Estado, al comentar el discurso del presidente interino de Cuba el pasado 2 de diciembre.

En esa oportunidad, en la que muchos observaron ya a un jefe de Estado en ejercicio, el segundo hombre de Cuba tendió —por segunda vez en su voz— una rama de olivo a la Casa Blanca.

"Sirva la oportunidad para nuevamente declarar nuestra disposición de resolver en la mesa de negociaciones el prolongado diferendo entre Estados Unidos y Cuba'', advirtiendo: "siempre que acepten nuestra condición de país que no tolera sombra a nuestra independencia''.

Imágenes obsesivas

Curiosamente, Raúl no terminó su discurso con el dilemático "Socialismo o muerte", un lema muy caro a su hermano. En su lugar gritó: "Viva Cuba libre", evocando la divisa de los independentistas del siglo XIX.

"Los cambios tendrán que venir, porque no podemos hacer de esta zozobra cotidiana una eternidad", opinó un profesor universitario. "La precariedad material y anímica de nuestras vidas es tal, que ya ni tenemos conflictos existenciales", afirmó con ironía.

Aunque el producto interno bruto volverá a crecer este año en cifras grandilocuentes —más de 12 por ciento, según el gobierno—, al incluir el incremento de los servicios sociales de todo tipo, muchos asimilan el dato como pura propaganda.

"El papel lo aguanta todo, mi hermano", reacciona así un vendedor de prensa.

La crisis estructural manifiesta desde 1986 con la moratoria del pago de la deuda externa permanece irresuelta y el actual modelo económico, que sacó a la Isla del paroxismo, da muestras de fatiga. "Vivimos sin perspectivas", resume el especialista universitario.

Otros temen y se sienten desguarecidos. "Tengo una sensación de orfandad. Estamos a la deriva", confiesa una estudiante de último año de Filología y desliza en tono de confidencia: "Me han dicho que por ahí se está viendo un vídeo sobre la tumba de Ochoa para que la gente sepa dónde está enterrado".

Mientras más se acumulan los días de la ausencia presidencial, así aumentan las gráficas por todas partes. Cerca de medio siglo de presencia ciclónica se suplanta ahora por miles de imágenes que evocan al líder revolucionario. La iconografía parece querer fijar en la memoria colectiva al hombre que ya no aparece ni en las tribunas ni en los altoparlantes.

De cierto modo, la historia proseguirá sin él. Aunque, después de todo, cuesta trabajo creerlo.