Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Comunicación

Fama pagada

La más reciente minipurga en la televisión desata los cotilleos de rigor y apunta hacia prácticas corruptas.

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Dos directores de la televisión han sido separados de sus programas. Dos directores de la televisión, ambos homosexuales, han sido separados de sus programas.

La incidental levanta suspicacias brutales y hace la diferencia entre los dos enunciados.

Sin embargo, para algunos el dato gay aporta poco. "Hay demasiados en el organismo. Si fuera por ello esto se queda vacío de la noche a la mañana", comentó un técnico de luces.

Para otros podría ser decisivo. Un vestuarista de marcado talante gay afirma: "otra vez nos están mirando de reojo".

Una mayoría apuesta por un factor casi omnipresente en los medios cubanos: el dinero.

Por el momento, una versión oficial de las expulsiones parece importarle a nadie. "No tenemos ningún comentario al respecto", espetó una fuente de la presidencia del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), que evitó identificarse.

Primer caso

Joel Guilián, director de Piso 6, es uno de los que acaba de vaciar sus gavetas en el ICRT. Su espacio del lunes trasmitía música cubana del momento, con entrevistas y también algunos clips extranjeros y una escala de éxitos, bajo el título de "Lo más pega'o".

Guilián, un joven rapado que recién inicia su carrera vocal como Anahtar Kelimeler, ya tenía experiencia en la promoción musical. Durante años dirigió Coloroma, un espacio de clips extranjeros, y también se dedicó a la factura de clips musicales que pueden verse en Videosol.

El acceso a su página en internet (www.joel-cuba.com), en la que promovía sus trabajos e invitaba a ser contactado para futuros encargos, está siendo bloqueada por los servidores cubanos.

Su último trabajo visto en pantalla es un vídeo sobre una versión tecno de la pieza Añoranza por la conga , del grupo Sur Caribe, con la famosa vocalista Omara Portuondo, en la que el realizador canta algunos pasajes en clave de rap y se muestra afanoso en la coreografía. Su título es Libertad.

Las razones sobre su salida no son coincidentes. Hay una buena y otra real, según dicen.

La primera es que puso al aire un grupo musical cubano underground, que no estaba ligado a ninguna empresa estatal de promoción. La segunda es que frecuentaba el cabaret La Macumba y cargaba los gastos al ICRT. Un informe del club nocturno hizo estallar el escándalo.

Pero hay otras imputaciones más serias. Aceptar él, o sus productos, dinero a cambio de favores mediáticos. Desde hace años, la práctica es una metástasis tan extendida como conocida en la institución.

El precio del Hit Parade

Algunos productores han caído en desgracia, pero la mayoría consigue mantener la mordida en los bolsillos de los músicos.

Cada presentación en pantalla cuesta al interesado 50 convertibles. Esa es la tarifa y casi siempre la cobra una cuarta persona, que luego la comparte con el elenco técnico del programa, incluyendo al director.

En la radio, publicitar una pieza musical implica entregar 5 CUC, pero si se quiere reflotarla por un mes en la lista de preferidas, entonces el gravamen sube a 30. Por lo general, el dinero corre en programas de vasta popularidad que contienen música bailable.

Todavía incautos, muchos televidentes se preguntan cómo es posible que músicos cuya solvencia es apreciable tengan en sus manos programas de máxima audiencia.

"Siempre son los mismos", dice entre indignada y resignada MR, quien sigue la televisión desde sus orígenes en los años cincuenta.

Para una ex maquillista del medio como ella, es fácil rastrear los privilegios de unos artistas sobre otros.

"¡Algunos salen hasta en la sopa!", dice al referirse a caras que observa repetirse en espacios como Mediodía en TV, Se me ocurrió el sábado, 23 y M , La noche favorita o La hora de Carlos.

El director de ese último espacio, Yusnel Suárez, también fue otro de los expulsados bajo cargos más benignos y casi pueriles: falsear estadísticas de raiting del programa para que fuese repetido los domingos.

Bajo el fuego de la crítica

De acuerdo con versiones, a Suárez se le imputa haber conminado a personas a que escribieran numerosos correos electrónicos en los que reclamaran la reposición de La hora de Carlos , programa semanal en el que el animador y humorista Carlos Otero tiene invitados muy dispares: desde la actriz Daysi Granados, uno de los rostros históricos del cine cubano, hasta alguien que es capaz de expulsar humo por las membranas oculares.

La hora de Carlos podía adquirirse en el extranjero a través del ciberespacio, en el sitio videotrading.blogspot.com, que vende programas, DVD y CD de música cubana.

Promocionado como un espacio de humor, música, entrevistas picantes e invitados especiales, puede comprarse por 15 euros, más 4,50 euros por costos de envío. A manos de quién va el dinero, es un enigma.

Desde la Isla fue imposible conectarse al sitio. Permanece bloqueado.

Tanto Piso 6, como La hora de Carlos y otros de similar estilo, que combinan con más o menos acierto entrevistas con música en set, ya estaban bajo el fuego de la crítica.

Con tales espacios, "de seguro se enterará, quiéralo o no, de quién es pareja de quién, cómo les va en su relación, e incluso (…) tendrá un inventario de adulterios, dificultades de alcoba, afinidades zodiacales, preferencias sexuales, hijos no atendidos, riñas intestinas, las edades de todos los implicados, y hasta los traumas eróticos que padecen desde niños, amén de otras hierbas extemporáneas, soeces, inadecuadas, en un mejunje verbal que oscila entre el morbo, la estolidez y el despropósito".

La parrafada pertenece a Joel del Río, crítico del periódico oficialista Juventud Rebelde que no se distingue precisamente por poses conservadoras.

¿Algún comentario sobre sobornos en los medios? Aún no. Son cosas que se saben, pero no se dicen y, mientras tanto, el dinero impone su ley.