Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Humor

La última vela y el próximo entierro

El Comandante parece decidido a dar la vida, si fuera necesario, con tal de no cumplir los ochenta.

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El Comandante ya no sabe qué va a inventar para no cumplir los ochenta años. Primero postergó el cumpleaños del 13 agosto para el 2 de diciembre, con un desfile de cañones y tanques. Bueno, si eso es lo que le pide el cuerpo… Pero no. Dejó que los tanques pasaran y el cake se llenara de moscas, y toda la gente que vino desde medio mundo a la celebración organizada por la Fundación Guayasamín se quedó con las ganas de ver cómo levantaba el índice y decía "el imperialismo" como ya nadie sabe hacerlo.

Al paso que va el Comandante, parece decidido a dar la vida si fuera necesario con tal de no cumplir los ochenta. La gente acá afuera se pone a especular: que si ahora lo que viene es una transición, que si el modelo chino, el vietnamita, o el modelo Naomi Campbell (basado en una dieta baja en carbohidratos), aunque algunos prefieren los modelos de Botero, el pintor, que esos sí se ve que comen bastante. En Cuba, no. En Cuba la gente no se hace ilusiones. Los cubanos prefieren comprarlas hechas, y si es en Miami, mejor.

Pero el Comandante sigue en lo suyo y para evitarse el trabajo de soplar velitas, asistir a desfiles de tanques chapisteados y recién pintados (cortesía de Gaviota, la corporación turística de las FAR), o tener que verle la cara a Hebe de Bonafini (él prefiere las azafatas venezolanas), manda mensajes de disculpa.

El objetivo principal de sus mensajes es despistar al enemigo: lo mismo habla de lo malo que es el presidente americano, lo bueno que era un pintor ecuatoriano, de un cuadro que se le perdió y no acaba de encontrar, de un grano de maíz, de lo peligrosas que pueden ser las radiaciones de los celulares y las computadoras, de que Cuba es el país más ecológico del mundo y Venezuela pronto le seguirá los pasos. Hasta tuvo tiempo para inventarse una frase que perdurará para siempre: "Mientras el planeta exista y los seres humanos respiren, la obra de los creadores existirá".

Con toda esa información en la mano, los expertos de la CIA seguramente llegarán a determinar la ubicación exacta del Comandante: en Babia. Por supuesto que se equivocan, porque está entrenándose en secreto con la persistencia de un monje de Shaolín o de Rocky Balboa, para resurgir como el ave fénix en un nuevo enfrentamiento con los micrófonos.

Entrenador: ¡Dame la F!

Comandante: ¡F!

Entrenador: ¡Dame la I!

Comandante: ¡I!

Entrenador: ¡Dame la D!

Comandante: ¡D!

Entrenador: ¡Dame la E!

Comandante: ¡E!

Entrenador: ¡Dame la L!

Comandante: ¡L!

Entrenador: ¿Qué dice?

Comandante: ¿Guayasamín?

Más allá de algunos tropiezos verbales, el Comandante demostró que al menos en cuanto al tema ecológico ha estado siempre muy por delante del resto de la humanidad. No sólo por haber puesto a los cubanos a salvo de las radiaciones de computadoras y celulares. Si hace apenas unos días un informe de la FAO concluyó que la ganadería es más contaminante que los automóviles, el Comandante hace décadas redujo previsoramente los carros y las vacas a niveles totalmente inofensivos. Si alguien tiene que sacrificarse contaminándose con Mercedes Benz y bisteces, es él.

¿Y el Hermano en Jefe?

 

Otro que también andaba jugando a los escondidos es el Hermano en Jefe, Raúl, que estuvo casi un mes sin aparecer. En su caso, no es que se niegue a celebrar su cumpleaños —por cierto, nadie sabe cuándo es—, sino que se siente como Pinocho. No porque le crezca la nariz cuando dice mentiras, sino porque lleva tanto tiempo como muñeco de madera que no se acostumbra a conducirse por voluntad propia. Estuvo perdido hasta que por fin apareció en un encuentro con el cantautor Silvio Rodríguez, a quien le regaló por su cumpleaños 60 una réplica a escala reducida del yate Granma. El autor de Mariposas, Gaviota, Sueño con serpientes y Unicornio, entre otras canciones de alto contenido ecológico, dijo que lo pondría en su oficina: "es algo que no me pertenece a mí solo".

Sospecho que la razón principal de esa decisión decorativa es otra. Silvio sabe que si pone en la sala de su casa el yate que ha embarcado a más gente en la historia de la humanidad (once millones), corre el peligro de que algún amigo le pregunte si, después de todo lo hecho y dicho en las últimas décadas a favor del gobierno, no es hora de que le regalen un yate de verdad. Y esa conversación podría quedar recogida por los diligentes micrófonos de la seguridad del Estado. (Como todos saben, en Cuba tener micrófonos de la Seguridad en casa es un símbolo de estatus todavía más exclusivo que el aire acondicionado y el teléfono celular).

En su oficina de los estudios de grabación también habrá micrófonos, pero al menos sus amigos saben a qué atenerse al leer el cartel que dice "Silencio. Estamos grabando". Silvio, de cuyas virtudes de juventud sólo ha sobrevivido — incluso acentuada— la calvicie, no mencionó el deseo de recibir como obsequio un yate de tamaño natural y así dar sentido a la gorrita de marinero con que a veces cubre su característica más persistente. Quizás como consuelo, el Hermano en Jefe le dijo que si hubiera tenido más edad cuando el susodicho yate desembarcó, se habría incorporado al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra.

Cabe pensar que de esa experiencia hubiera salido un Silvio menos complicado, más directo, que no se andaría preguntando qué hacer si alguien roba comida y después da la vida, porque en el Ejército Rebelde tenían una solución muy práctica para eso: quienes robaban comida eran fusilados y así se evitaba caer en disyuntivas difíciles.

¿Qué decir de las grandes posibilidades que habría tenido en los agrestes parajes de las montañas orientales un dúo entre Silvio Rodríguez y Juan Almeida, el sin par autor de tonadas como Dame un traguito ahora cantinerito y Si subo la loma voy detrás de ese mulo. De esa colaboración pudieron salir canciones como Dame un traguito ahora, Gaviota, que servirían para promocionar los empeños turísticos de las Fuerzas Armadas, o estribillos entre lo poético y lo popular: "Si subo la loma, voy detrás de ese unicornio".

Días después de celebrar el cumpleaños del cantante, el ministro de las Fuerzas Armadas festejó el desfile de cumpleaños de su hermano, y poco después el de Elián González, en funciones de abuelo provisional del niño balsero. La gente se pregunta de dónde habrá sacado los huevos para tanto cake. Después de estar medio siglo a la sombra de su hermano, Raúl dirá que si gobernar el país consiste exclusivamente en soplar velitas, por qué no lo dejaron antes.

Por todos lados aseguran que la continuidad de la Revolución está asegurada, siempre que al hermano del Comandante le quede aliento para soplar una velita de cumpleaños. Para que no le queden dudas a Raúl, Ramiro Valdés lo llamó literalmente "el cancerbero de la Revolución". No sé si tuvo en cuenta que cancerbero significa "perro de tres cabezas encargado de cuidar la entrada del Infierno". Es probable que Raúl no supiera si ofenderse por lo de perro o agradecer las tres cabezas de más que le atribuyó el antiguo ministro del Interior.

Y sí, a pesar del ofrecimiento de Raúl de negociar con Estados Unidos, todo continúa igual, incluso las golpizas a los disidentes, porque ya se sabe que los negocios en moneda nacional siempre son más duros.

De momento, lo único que debe preocupar a la revolución (que es un viejito flaco y con barbas) es la muerte de Pinochet, porque el Comandante habrá visto los titulares de la muerte de un dictador anciano y pensará que hablan de él. Habrá que calmarlo y decirle que él no es un dictador senil y sanguinario. No. Le dirán que él es un pintor ecuatoriano que pinta gente con manos muy largas, y que mientras haya vida en el planeta su obra perdurará. Créanme que a estas alturas no será muy difícil convencerlo.