Actualizado: 04/10/2022 22:11
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Crónicas

¿Qué será ahora de Belkis?

Ella tenía treinta años casi, y había visto envejecer a su madre y morir a su abuelo, que soñaba con ponerle placa a la casa y dejar de vivir corriendo con cubos y latas para las goteras.

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Llamémosla Belkis. Pasó un día por casa con una fatiga, pidió un vaso de agua con azúcar prieta, mi mujer le hizo además una tisana y la ayudó en el baño hasta que se le trancó la hemorragia de una menstruación desordenada. Así empezó la relación. Es enfermera. Trabaja en turnos rotativos de 24 horas en un policlínico del campo, y en sus 48 horas libres entre turno y turno viene a La Habana. Siempre haciendo autostop.

Llenas como van las guaguas, cuando por fin pasan no paran y son peligrosas. La policía las detiene en la carretera sabiendo que todo el que traiga café u otra cosa prohibida, o algo que no esté en regla, lo dejará en la guagua cuando baje con sus pertenencias para el registro. Entre los once bultos anónimos que ocuparon una vez, perdió ella una mochila con treinta libras de leche en polvo que todavía le están doliendo. Trae espaguetis también, Spirulina (un energizante hecho de algas), confituras italianas, huevos cuando no hay leche y Viagra en ocasiones.

En los últimos dos años han sido sus esperanzas viajar a Venezuela. Seguir allá mientras trabaja su licenciatura en Enfermería, y con los dólares que allá le pagarían y los que al regreso le darían en Cuba, le tiraría a su casa la placa que ha venido soñando, la ampliaría para que su hija, que es ya casi una señorita, tuviera su cuarto propio, y la equiparía con todo lo que al internacionalista le dejan traer al cumplir su misión. Cocina ya le hizo a la casa, le puso piso y le fabricó dos paredes que estaban en el aire.

Es un sueño que le ha costado caro, porque aunque Belkis es dirigente de la Juventud Comunista en su comité de base, todos los días le ha venido encendiendo una vela a San Lázaro. Durante dos años, todos los días siete pesos gastados en una vela (el salario de su madre por limpiar en una escuela, ahora que le aumentaron el sueldo).

Su única ambición

Hoy llegó a casa desesperada, después de un largo mes de ausencia, lo que nos tenía preocupados. En el camino le hablaron de un escrito publicado en el extranjero, no sabía ella dónde ni por quién.

Según el autor, la disidencia cubana no tenía futuro. El cubano de estos días no pensaba en sociedad civil ni nada de eso, pensaba en vivienda, en comer y en transporte. Luego entonces, si ese fuera el secreto, si el escrito no exageró, decía Belkis, el gobierno ni loco se metería en la candela de resolver los problemas que le dejarían las manos sueltas a la disidencia, y ya ella tenía treinta años casi, y había visto envejecer a su madre y morir a su abuelo, que peleó en Girón y también soñaba con el día de mañana. Él, para ponerle placa a la casa y dejar de vivir corriendo con cubos y latas para las goteras al empezar a llover, que fue su única ambición.

Encima de eso: la situación llena de dudas que se le había creado después de la enfermedad del Comandante. Porque Raúl estaba que no se quería la vida. Operativos por todas partes. A diario. Fábricas, almacenes. No para. Y a ella, la gente, que puede ser muy desconsiderada, exigiéndole leche como si ella tuviera una fábrica en su casa.

Cuando un rato antes la vieron reaparecer, no hubo puerta en la cuadra que no se abriera, se avisaban por los patios, por las ventanas, de balcón a balcón, y ella, que siempre ha sido tan complaciente con todos, tuvo que verles sus nuevas caras cuando supieron que lo que esta vez traía eran huevos, unos tristes huevos conseguidos de milagro, por cierto, pues al suministrador en este renglón, al tradicional, lo tenían guardado, lo cogieron preso con un cajón de pollos.

Con todas sus letras, le dijo a una doctora que había salido a comérsela y que después se disculpó y fue la que le dio la noticia del escrito:

"¡Vaya a la chopin, que allá hay leche y hay de todo! Usted, que tiene dos hijas jineteras, puede darse ese lujo y todos los otros que quiera. Y respéteme a mí, que llevo diez años en este país jugándomela, y sin esperar un italiano que me saque de aquí, porque yo sí soy cubana, yo sí soy de aquí!". "Para colmo —seguía contando Belkis al borde de un ataque de nervios—, lo del viaje a Venezuela parece que va para largo (si va, si fuera) y las lluvias están al empezar. ¿Y qué me hago yo? Díganme, ¿qué será ahora de mí?".