Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Sociedad

Rambos en Bauta

Comandos policiales 'por cuenta propia' allanan viviendas y decomisan equipos en busca del 'cable' para ver la televisión de Miami.

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Con mucha mecha pero con tan poca pólvora como de costumbre, la dinastía totalitaria engrasa sus controles, dice que para eliminar la corrupción administrativa, la malversación, el robo y el desbarajuste laboral. Pero entre col y col, no pierde oportunidad de hacerse sentir en lo único que verdaderamente ha demostrado competencia (como digna heredera del trono): el empleo de la fuerza bruta, abusadora.

Bauta, un pueblo habanero que también se identifica por su antiguo nombre, Hoyo Colorado, fue el escenario escogido en esta ocasión, tal vez por sus características de lugar apartado, al mismo tiempo que populoso y, sobre todo, poseedor de una ya vieja y reconocida trayectoria de oposición al régimen.

Después que se suponían eliminados en Cuba (mediante una tremendista amenaza oficial) los cables de servicio clandestino para ver la televisión de Miami, los chivatos de este pueblo (que son escasos pero son) informaron que la gente seguía atentando contra la moral socialista con acciones tan graves como la de entretenerse mirando Sábado Gigante y El Show de Cristina.

Tales fueron las circunstancias que provocaron el aterrizaje en Hoyo Colorado de cierto tipo de comandos policiales que no hemos visto actuar con frecuencia en la Isla, salvo en casos muy puntuales de represión por motivos políticos.

Otro misterio mayor

Todos vestidos de civil, aunque muy bien armados, todos jóvenes, atléticos y adiestrados en el uso de artes marciales, estos Rambos de nuevo cuño cayeron sobre el pueblo sorpresiva y silenciosamente, sin que, como suele ocurrir, se hubiese filtrado el más leve anuncio o la menor señal de alerta previa.

Llegaron, se dirigieron directamente a las viviendas de los presuntos suministradores del llamado cable, las allanaron (algunas veces lo hicieron a través de los patios, saltando cercas, trepando techos, violentando recintos privados, como Pedro por su casa), y una vez revuelto todo y registrado hasta donde el jején puso el huevo, se dedicaron a decomisar equipos u otros enseres que, según su particular consideración, sirvieran como prueba del delito o merecieran ser expropiados por constituir medios de tenencia ilegal.

A los infractores que sorprendieron con el cable instalado y brindando servicio, no sólo les incautaron el equipamiento sino muchos otros objetos que nada tienen que ver con el asunto, y además de imponerles la astronómica multa de rigor, les dijeron que serían confiscadas (por ley) sus propias viviendas.

Hay casos en los que no hallaron sino las antenas desactivadas y sin soportes técnicos para reproducir señales de televisión. Pero al parecer, los Rambos no necesitaban nada más para castigar al supuesto transgresor, ya que también decomisaron a manos llenas, y no únicamente las antenas, sino otras propiedades (computadoras, por ejemplo) igualmente ajenas a la infracción.

Finalizada la operación comando y desaparecidos los Rambos dentro del mismo halo de misterio que los trajo, otro misterio, quizás mayor, esperaba a las víctimas del despojo.

Al ir a la estación de la PNR en Bauta para reclamar formalmente la devolución de aquellos enseres decomisados que no guardaban ni la más lejana familiaridad con el cable, los afectados se encontraron con que la policía del pueblo decía no conocer a los Rambos, no saber quiénes eran. Les afirmaron, además, que no habían sido notificados sobre la realización del operativo y que no tenían la más remota idea acerca del sitio al que habían ido a parar los decomisos.

Tal vez el próximo lugar al que acudan los despojados (el único que les queda, por lo visto) en busca de noticias sobre el despojo de los Rambos, sea algún que otro centro espiritual. Y tal vez los caracoles revelen algo que ya ellos sospechan, o sea, que sus pertenencias simplemente pasaron a ser botín de guerra.