Actualizado: 16/07/2020 12:18
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cuba

Represión, Homosexuales, Gay

Venceremos, pero no con todos

Acerca de una página poco conocida respecto a la política adoptada por la Brigada Venceremos, respecto al reclutamiento de homosexuales

Enviar Imprimir

En la introducción del libro Venceremos Brigade (Simon and Schuster, New York, 1971), sus editoras, Sandra Levinson y Carol Brightman, recuerdan el discurso que el Innombrable pronunció el 2 de enero de 1969, en la Plaza de la Revolución. Entonces habló de las necesidades económicas del pueblo cubano, muchas de las cuales se iban a resolver con el éxito de la zafra del año siguiente. La meta propuesta era de 10 millones de toneladas, con los cuales se superarían los alcanzadas en todas las zafras anteriores.

Entre los asistentes a aquella concentración se hallaban varios jóvenes radicales de Estados Unidos. Contagiados con el entusiasmo de los planes y esperanzas del Innombrable —cito las palabras de las editoras—, hablaron acerca de cómo podían contribuir a la causa de la revolución cubana. En esas primeras conversaciones, la idea principal fue, desde el principio, colaborar en la zafra de los 10 Millones. Nadie, sin embargo, pensó en trabajar directamente en el corte de caña. Más bien se encargarían de reemplazar a aquellos cubanos que irían a realizar esa labor. Propusieron el proyecto a las autoridades cubanas y dos o tres meses después recibieron respuesta: sí, podían venir a Cuba 300 jóvenes, y además ¡podían cortar caña!

En el verano de ese año, el comité nacional de lo que pasó a llamarse Venceremos Brigade se reunió para discutir los pasos a seguir. El comité tenía representantes de varias organizaciones de izquierda, e incluía hombres y mujeres, tanto blancos como afroamericanos. Para el otoño se habían creado varios comités regionales, que se ocuparon de reclutar y seleccionar brigadistas, además de conseguir fondos para costear el viaje a Cuba. Acerca de lo que fue aquel proceso, las editoras del libro comentan:

“Seleccionar gente para la primera brigada no fue una tarea fácil, en parte porque había muchas consideraciones a tomar en cuenta. A pesar de que cada uno de nosotros tenía tipos ideales de brigadistas, encontrar un grupo racial y sexualmente mixto, que no exhibiera actitudes chovinistas o racistas, agotaría incluso al más experimentado equipo de entrevistadores. Cada aspirante fue entrevistado por más de una persona, y seleccionado en base a esas entrevistas. A partir de la tercera brigada, los aspirantes fueron puestos en pequeños grupos, de modo que eso nos ayudara a evaluar sus habilidades para trabajar colectivamente”.

El primer grupo, integrado por 216 brigadistas, salió para Cuba a fines de noviembre, vía México. Trabajaron durante seis semanas cortando caña, y tras eso disfrutaron de dos semanas de recorrido por la Isla. Regresaron a Estados Unidos a comienzos de febrero de 1970, esta vez a través de Canadá. Para esa fecha, un segundo grupo más numeroso (687 jóvenes) estaba listo para salir. Las autoridades cubanas habían quedado satisfechas con la experiencia y animaron al comité de la Brigada Venceremos a que continuaran con ella. Ese segundo contingente regresó de Cuba en abril y de inmediato se comenzó a preparar el tercero. Formaban parte del mismo 409 brigadistas, que estuvieron entre agosto y octubre. Como arribaron cuando ya la zafra había finalizado, su trabajo consistió en recoger cítricos, plantar árboles, ayudar en la construcción y realizar otras labores en Isla de Pinos, entonces rebautizada como Isla de la Juventud.

La documentación anterior la he tomado del libro editado por Levinson y Brightman. El mismo fue armado a partir de textos escritos por los brigadistas de los primeros dos grupos (la Brigada continuó enviando jóvenes a Cuba durante varios años). Hay diarios, poemas, cartas, así como transcripciones de entrevistas y reuniones. Según expresan las editoras, el volumen representa un esfuerzo verdaderamente colectivo, pues aunque los materiales de cada uno de los ocho capítulos fueron seleccionados por una o dos personas, las decisiones más importantes fueron tomadas entre todos. Y concluyen con unas palabras de las cuales reproduzco este fragmento: “Venceremos Brigade es más que un simple libro de recuerdos sobre los dos meses de estancia en Cuba. En su verdadero sentido, es un libro acerca del movimiento norteamericano sobre dónde estamos y dónde tenemos que crecer en conciencia y actitud revolucionarias”.

Pero el propósito que me ha animado a escribir estas líneas no es reseñar aquel libro. Mi interés es referirme a un hecho ocurrido durante la estancia de los brigadistas en Cuba, sobre el que no hay la más mínima referencia en ese volumen. Tuvo que ver con la presencia en los primeros contingentes de varios activistas del entonces naciente movimiento homosexual de Estados Unidos, y con su reacción al conocer de primera mano la situación de los homosexuales en la Isla. El hecho ilustra además la actitud asumida por el comité nacional de la Brigada Venceremos, que acató servil y acríticamente las imposiciones de las autoridades cubanas.

En la antología Out of the Closets. Voices of Gay Liberation (Jove/ HBJ Book, New York, 1977), coordinada por Karla Jay y Allen Young, se incluye un bloque titulado Cuba: Gay as the Sun. Entre los textos que allí aparecen, está la transcripción de un fórum celebrado en la Alternate University, de Nueva York. En el mismo participó un pequeño grupo de jóvenes gays abiertamente identificados con el movimiento de liberación homosexual, quienes habían viajado a Cuba como parte de la Brigada Venceremos. Durante el fórum, narraron las experiencias que vivieron en la Isla.

Entre otros aspectos, se refirieron al ambiente que encontraron dentro de la brigada, y que de acuerdo a sus testimonios no era exactamente lo que hoy denominaríamos gay friendly. Uno de los jóvenes, identificado como Earl, cuenta: “Había un gran número de jóvenes que no podían aceptar la homosexualidad, o incluso la sexualidad. Así que ese tópico estaba constantemente en el aire. Estaba siempre allí, y los hombres aludían a las tendencias homosexuales, a la masculinidad de los otros, y a cosas como esa.

Un profundo sentimiento anti gay

“Cuando llegamos a Cuba, al final de la primera semana yo estaba dispuesto a matar a alguien en el dormitorio, porque cuando trataba de dormir por la noche, la gente se ponía a gritar: «¡Oh, aquí hay un homosexual tratando de meterse en mi cama!». Una vez, después de trabajar, yo llegué al dormitorio y un chico que estaba sentado en su cama dijo: «Necesito algún repelente contra los homosexuales». Como él continuaba diciendo en voz alta esto del repelente contra los homosexuales, yo me puse realmente furioso y le dije: «Eso es algo que tú llevas en la sangre». Y luego agregué: «Tú resultas repulsivo tal como eres». En ese momento, era la única manera de tratar con algo como eso”.

Otro gay llamado Jesse narra anécdotas similares: “En mi brigada de trabajo, la sensación que más experimenté fue la de una completa opresión. Yo era el único gay, y mucha gente tenía un profundo sentimiento anti gay. Había una serie de palabras usadas indirectamente respecto a mí -esto entre los norteamericanos-, palabras tales como mariposa, gaviota, maricón, y otras más. Ya las he olvidado, lo mismo que las cosas que me decían en voz alta y los silbidos. Eran cosas que yo tenía que soportar constantemente. También tuve que soportar amenazas físicas. Una vez fui amenazado que me iban a lanzar contra una pared. Lo más revolucionario que yo podía hacer, me dijo un brigadista, era confrontar mi homosexualidad, cambiarla y convertirme en un hombre; pero si realmente estaba orgulloso de ser gay, debería pararme delante de él y golpearlo en la boca. Y me dijo: «¡Golpéame en la boca!». Entonces el dormitorio completo empezó a aplaudirle su discurso. Yo no lo hice, así que él optó por salir”. Jesse también cuenta que dentro de la brigada organizaron una presentación sobre el movimiento gay en Estados Unidos. Antes de que se hiciese, los participantes fueron informados que los cubanos no iban a asistir, y que además les prohibieron acercarse a ellos para hablarles sobre ese tema. Asimismo agrega que no le dieron ninguna explicación sobre las razones.

Pero quienes realmente pudieron conocer la política que se aplicaba en Cuba con los homosexuales, fueron los brigadistas que trabajaron allá en 1971. Su estancia coincidió con la celebración en La Habana del Congreso Nacional de Educación y Cultura. En aquel evento se aprobaron, entre otros acuerdos, las medidas a aplicar respecto a “las desviaciones homosexuales”. De acuerdo a la Declaración aprobada, “quedó claro el principio militante de rechazar y no admitir en forma alguna estas manifestaciones ni su propagación”. Asimismo la comisión que analizó el tema “llegó a la conclusión de que no es permisible que por medio de la «calidad artística» reconocidos homosexuales ganen influencia que incidan en la formación de nuestra juventud”.

Como consecuencia de lo anterior, “se sugirió el estudio para la aplicación de medidas que permitan la ubicación en otros organismos de aquellos que siendo homosexuales no deben tener relación directa en la formación de nuestra juventud desde una actividad artística y cultural”. Y también se aprobó que “se debe evitar que ostenten una representación artística de nuestro país en el extranjero personas cuya moral no responda al prestigio de nuestra Revolución”.

Probablemente, los integrantes de la Brigada Venceremos deben haber leído las resoluciones del Congreso en la versión en inglés del Granma Internacional. En todo caso y sea cual sea la fuente a través de la cual las conocieron, es obvio que las leyeron los integrantes del Gay Revolution Party y el Gay Committee of Returned Brigadistas. Lo digo porque ambas organizaciones respondieron por escrito a la política homofóbica que el gobierno cubano puso en práctica. Los textos se pueden leer en la antología de Jay y Young, así como en otra compilada por Mark Blasius y Shane Phelan: We are Everywhere. A Historical Sourcebook of Gay and Lesbian Politics (Routledge, New York-London, 1997).

En su texto, el Gay Revolutionary Party califica el documento aprobado por el Congreso de “absolutamente reaccionario”. Es, señalan, una amenaza para la vida y la libertad de los gays cubanos por los severos castigos que allí se demandan, y también porque estimula la violencia física personal contra los homosexuales. Expresan que constituye además una amenaza para los homosexuales de todo el mundo, debido a la reputación de Cuba como nación revolucionaria.

En el documente se dice: “La lucha de los cubanos y de otros pueblos del Tercer Mundo contra el imperialismo de Estados Unidos y sus lacayos no se podrá ganar manteniendo las actitudes de sistemas culturales, sexuales y económicos que se sustentan y están nutridos por el sexismo, el individualismo masculino, el capitalismo y el imperialismo. Es necesario que se produzca una revolución tanto en lo cultural como en lo político y lo económico, y que esa revolución destruya las raíces sexistas de la explotación.

“Mientras las actitudes homofóbicas existan, no solo sufrirán los homosexuales, sino que la explotación de las mujeres por los hombres será normal, la competencia entre los hombres será la regla, y el verdadero comunismo será imposible. Nosotros somos socialistas. Hemos comprendido que la destrucción de los patrones sexuales machistas y la creación de la condición gay son inherentes al desarrollo de una verdadera sociedad socialista”. Y al final del documento, se expresa: “La política reaccionaria de Cuba no podrá derrotarnos. Solo fortalecerá nuestra resolución de luchar colectivamente hasta la liberación de todos los homosexuales”.

Por su parte, el Gay Committee of Returned Brigadistas dio a conocer un texto en el cual señala: “Nosotros, como gays de Estados Unidos que nos identificamos y apoyamos la revolución cubana y a nuestros hermanos y hermanas de Cuba, a través de nuestra participación en la Brigada Venceremos, denunciamos la política anti homosexual formulada por el reciente Congreso Nacional de Educación y Cultura y respaldada por el gobierno cubano”.

Agentes de la jerarquía sexista

Esa política, sostienen, “no solamente falla en la inclusión de los homosexuales en el proceso revolucionario, sino que específicamente los excluye de participar en ese proceso y del derecho a la autodeterminación. Nos han dicho que es reaccionario que critiquemos y condenemos a nuestros opresores cuando ellos se llaman a sí mismos «revolucionarios» o «socialistas». Una política de cruel e incesante persecución a los homosexuales contradice las necesidades de todo el pueblo, y es reaccionaria y fascista. Todas las políticas y prácticas sexistas evidencian los esfuerzos de una clase dominante por aplastar la revolución cultural del pueblo, cuando esta revolución amenaza la posición de privilegio de esa clase dominante (o casta).

“Denunciamos además al comité nacional de la Brigada Venceremos, como agentes de una jerarquía sexista. En su pretendido liberalismo, no se comprometen con una relación crítica, ni con el pueblo cubano, ni con los revolucionarios. Llamamos a todas las personas progresistas a unirse a nuestra protesta contra esta política reaccionaria y a expresar sus sentimientos por escrito al Primer Ministro y Primer Secretario del Partido Comunista en La Habana”. (En su ingenuidad, olvidaban que fue esa misma persona quien estuvo presente en todas las discusiones del Congreso y además lo clausuró con un discurso incendiario.)

En enero de 1972, el comité nacional de la Brigada Venceremos dio a conocer un documento acerca de la política de reclutamiento de homosexuales, que a partir de entonces se aplicaría. En el texto se aclara que con ello “no se pretende analizar el potencial o la validez del movimiento de liberación de los homosexuales en Estados Unidos”. Esa nueva política, se expresa, está basada en la consideración práctica de varios aspectos: “la posición de Cuba respecto a la homosexualidad, los Objetivos Políticos de la Brigada, y, por tanto, nuestra posición respecto a las políticas de Cuba y a las prácticas anteriores de los gays norteamericanos en la Brigada”.

De acuerdo al documento, “el pueblo cubano, en conjunto, no acepta la homosexualidad. No hay base material para hablar de la opresión de los gays en Cuba. Estos no son reprimidos en campos de trabajo ni nada parecido. Pero debe quedar claro que Cuba no estimula la homosexualidad”. En cuanto al tan cuestionado Congreso, se dice que fue el resultado de tres años de trabajo y del aporte de cientos de miles de participantes. Y se le califica como un hecho “de mayor importancia en la creación de una cultura cubana, que en el pasado había sido robada, negada e infiltrada por la dominación imperialista de Estados Unidos”.

Respecto al tema de la homosexualidad, el texto anota que la posición adoptada en el Congreso “fue formulada por el pueblo cubano y para el pueblo cubano. No fue formulada para Estados Unidos u otro país. Cuba es para los cubanos, y aunque todas las personas progresistas y revolucionarias son bienvenidas en Cuba, la cultura cubana no fue creada para ellas en particular”. Se pasa luego a responder directamente a los brigadistas que redactaron el texto de condena de la política homofóbica del gobierno cubano. Se dice que las actividades realizadas por los brigadistas gays en las visitas anteriores fueron “por lo general destructivas”. La lista de esas actividades incluye “reeducar a los cubanos (asumiendo que la situación en Cuba debe ser la misma que en Estados Unidos), ataques y denuncias de la revolución cubana, imponer la cultura gay norteamericana a los cubanos (por ejemplo, desfiles de drag en un pueblo, actuar de manera abiertamente homosexual en fiestas).

“Asimismo muchos gays norteamericanos mostraron mayor interés en averiguar acerca de la homosexualidad en Cuba que en conocer la cultura cubana. Y han demostrado una falta de comprensión respecto a la postura de los brigadistas en Cuba como invitados de la revolución (…) Aunque esto no significa que neguemos la importancia del diálogo, no vamos a Cuba a llevar a cabo confrontaciones sobre nuestros desacuerdos (…) Como invitados de la revolución, debemos darnos cuenta de que las cuestiones internas concernientes al desarrollo de Cuba solo pueden ser resueltas por el pueblo cubano; es algo que no puede imponerse desde fuera”.

Para el comité nacional de la Brigada, actividades y actitudes como las mencionadas son particularmente peligrosas en ese momento, pues se suman a la ofensiva cultural contra la revolución cubana que lleva a cabo el imperialismo norteamericano, en su intento por desacreditarla. Finalmente, se concluye que esa política de la Brigada no va a llevar a excluir a los homosexuales. Pero dada la posición de Cuba respecto al tema, exigen a quienes quieran ser brigadistas una clara comprensión de las prioridades revolucionarias y una total identificación con los objetivos de la Brigada. “Se debe comprender, finaliza el documento, que ir a Cuba significa respetar la cultura cubana”.

Ese pretendido respeto a la cultura cubana enmascaraba, en realidad, un sometimiento tácito del comité nacional de la Brigada a las imposiciones homofóbicas de las autoridades de la Isla. A partir de entonces, los homosexuales norteamericanos interesados en viajar como integrantes de la Brigada estaban obligados a seguir el ejemplo de los tres monos sabios: no ver, no escucha, no hablar. Se les permitía estar, a condición de no ser. En otras palabras, la convicción de que Venceremos no implicaba que fuera con el aporte de todos.