Actualizado: 15/12/2017 17:30
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Aumentan los vuelos a Cuba desde Miami

Pese a las nuevas normas dictadas por el Gobierno de Trump, 80.691 viajeros más que el año anterior salieron hacia Cuba desde el Aeropuerto Internacional de Miami

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Un análisis de vuelos a Cuba, realizado por el Nuevo Herald, muestra que las medidas puestas en vigor por la administración de Donald Trump han hecho poco para disminuir la salida de aviones hacia la Isla desde Miami, al tiempo que también evidencia lo que podría considerarse un ajuste de mercados, donde están presente cancelaciones de rutas y salida de aerolíneas. Si bien puede considerarse que el cambio de Gobierno estadounidense, y de política hacia el Gobierno cubano del nuevo inquilino de la Casa Blanca, hasta cierto punto ha frenado la avalancha de viajes, no por ello ha afectado en lo más mínimo una realidad existente desde hace años: Miami es la capital del exilio, pero también desde donde parten más cubanos, cubanoamericanos y estadounidenses, hijos o nietos de cubanos o no, hacia la Isla.

La cantidad de vuelos desde el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA) se mantiene por encima del año pasado. Entre el 1ro. de enero y el 31 de octubre de este año, un total de 5.021 vuelos con destino a Cuba, con 547.188 pasajeros, salieron del MIA, en comparación con 4.864 vuelos y 466.497 pasajeros durante los primeros 10 meses de 2016. La cantidad de pasajeros en vuelos entre los dos países hasta octubre alcanzó 1,13 millones escribe la periodista Mimi Whitefield en el Nuevo Herald.

Pese a estos datos, a nivel nacional la demanda ha resultado más débil de lo que se pensaba, en especial a los mercados provinciales.

Hasta septiembre, cuando el huracán Irma pasó por Cuba y obligó al cierre de aeropuertos, el tráfico había aumentado 20 %. En octubre hubo una baja después que el Departamento de Estado emitió el 29 de septiembre una advertencia de viajes a Cuba, a raíz de los misteriosos incidentes acústicos que han afectado la salud de 24 diplomáticos estadounidenses en La Habana, agrega la información del diario de Miami.

No todas las aerolíneas están sacando provecho a sus vuelos a Cuba. Alaska Airlines es la aerolínea más reciente que interrumpe el servicio a la Isla. Su último vuelo entre Los Angeles y La Habana será el 22 de enero, poco más de un año después de inaugurar la ruta.

Alaska fue la primera aerolínea en ajustar sus vuelos después que las nuevas reglas del Gobierno de Trump sobre los viajes a la Isla entraron en vigor el 9 de noviembre. Entre ellas: la eliminación de los viajes pueblo a pueblo. Alaska dijo que aproximadamente 80 % de sus viajeros a Cuba estaban en esa categoría, que se creó para promover intercambios sustanciales entre estadounidenses y cubanos.

Los estadounidenses todavía pueden hacer visitas en la categoría pueblo a pueblo, pero deben viajar con un representante del grupo que organiza el viaje. Hay 12 categorías autorizadas de viajes, como familiares y por motivos humanitarios, bajo las cuales los estadounidenses todavía pueden viajar legalmente a la Isla.

Sun Country Airlines, que recibió autorización para volar de Minneapolis/St. Paul a Varadero y a Santa Clara en el 2016, anunció recientemente que no planea usar esas rutas. La aerolínea nunca inauguró su servicio a la Isla.

American Airlines también ha decidido eliminar su vuelo diario de Miami a Cienfuegos el 8 de enero. Cienfuegos, en la costa sur de la Isla, fue la primera ciudad cubana a la que American voló cuando inauguró su servicio comercial regular a la isla el 7 de septiembre de 2016.

Sin embargo, la aerolínea mantendrá 63 vuelos semanales a otras cinco ciudades cubanas: Holguín, Camagüey, Santa Clara, Varadero y La Habana.

Spirit Airlines, aerolínea de muy bajo costo, eliminó sus vuelos a La Habana desde el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood en junio, alegando que los costos de volar a La Habana eran mayores que la demanda.

Por su parte, Southwest Airlines dejó de volar a Varadero y Santa Clara desde Fort Lauderdale-Hollywood en septiembre, pero ha continuado sus dos vuelos diarios de ese aeropuerto a La Habana y su ruta Tampa-La Habana.

Silver Airways, que tenía autorización para volar a nueve destinos en Cuba con aviones pequeños, abandonó el mercado en abril, y Frontier Airlines eliminó su ruta Miami-La Habana el 4 de junio.

Pero otras aerolíneas siguen viendo oportunidades en Cuba y han solicitado al Departamento de Transporte de Estados Unidos los cuatro vuelos Miami-La Habana que ahora quedan disponibles. Algunas aerolíneas también han solicitado permiso para volar desde otros aeropuertos estadounidenses o aumentar la frecuencia de sus vuelos.

JetBlue, por ejemplo, quiere seis vuelos semanales adicionales de Fort Lauderdale a La Habana y también quiere ofrecer servicio sin escalas entre Boston y La Habana los sábados. JetBlue ya tiene un servicio diario sin escalas entre Nueva York y La Habana, entre Orlando y La Habana y opera 13 vuelos diarios de Fort Lauderdale a La Habana.

Southwest también ha solicitado un tercer vuelo diario directo entre Fort Lauderdale y La Habana.

Al solicitar frecuencias adicionales, American dice que su servicio Miami-La Habana “crea el mayor beneficio público de todos los servicios entre Miami y la capital cubana”. La demanda está “en el Condado Miami-Dade y específicamente en el servicio de American desde el Aeropuerto Internacional de Miami”, expresó la aerolínea en su solicitud al Departamento de Transporte.

American alega que competidores como JetBlue y Southwest, que han solicitado vuelos adicionales desde Fort Lauderdale, “no pueden escapar a la realidad de que la comunidad cubanoamericana de Miami-Dade favorece el servicio Miami-La Habana de American” y que esa ruta ha “probado tener mucho más éxito”. La aerolínea dice que entre diciembre de 2016 y julio de 2017, el 36 % de todos pasajeros que volaron de Estados Unidos a La Habana viajaron desde Miami, en comparación con 27 % desde Fort Lauderdale.

American ha solicitado 10 vuelos semanales adicionales de Miami a La Habana.

Delta también ha pedido volar con frecuencia diaria de Miami a La Habana, y United y Mesa Airlines proponen seis vuelos semanales de Houston a La Habana, con aviones de cualquiera de las dos aerolíneas.

Como la cuarta ruta entre Miami y La Habana quedó abierta recientemente cuando Alaska Air eliminó sus vuelos, el Departamento de Transporte ha permitido a las aerolíneas presentar nuevas solicitudes. La fecha tope de las solicitudes es el 28 de noviembre.

Lo ocurrido este año refuerza la condición de Miami como el sitio de mayor vínculo entre Estados Unidos y Cuba. Repetirlo puede parecer una verdad de Perogrullo, pero no deja de tener consecuencias no solo en el sur de Florida sino también en Washington y La Habana.

Durante la etapa final de la administración de Barack Obama, el Gobierno de Raúl Castro alentó el desarrollo de un turismo estadounidense más amplio, no vinculado a las relaciones familiares entre cubanos de aquí y allá y fundamentado en el objetivo primordial de conocer el país, donde la curiosidad, los intereses más diversos y el simple placer turístico adquirieron preponderancia. Los resultados de este fenómeno temporal fueron diversos: desde un aumento de precios de habitaciones y comidas —en algunos casos desorbitantes— hasta un menosprecio por el turismo local o nacional.

La vuelta a los viajes a Cuba centrados en Miami —lugar que por otra parte nunca perdió su hegemonía pero que parecía destinado a, con el tiempo, compartir y competir con otras ciudades— podría llevar a un reavivamiento de intenciones políticas de establecer límites a dicho aumento. Por experiencias anteriores, de producirse esos intentos es posible que de nuevo estén condenados al fracaso.

De Miami salen a diario miles de dólares para Cuba. Durante años —décadas más bien— se establecieron restricciones al envío de remesas a la Isla, que sistemáticamente eran violadas. Durante ese tiempo también se embarcaron ciudadanos naturalizados estadounidenses que viajaron a su país de origen con una frecuencia mayor que la permitida en las regulaciones vigentes entonces.

Cuando se limitaron los vuelos, se recurrió a terceros países. Cuando se recortaron los envíos de dinero por canales legales, se recurrió al mercado negro. La vez en que se interrumpieron las líneas telefónicas directas, casi todo el mundo apeló al servicio por satélite que brindaban otras naciones.

Es muy difícil que la administración Trump, con un interés primordial en el mundo empresarial, establezca regulaciones que afecten a las empresas estadounidenses, con el potencial de impugnaciones en las cortes y demandas legales, pero cabe preguntarse si por cuánto tiempo se mantendrá la aparente “pasividad” de legisladores cubanoamericanos y si van a conformarse con las medidas hasta cierto punto cosméticas que han resultado en la práctica de las palabras de Trump en el teatro Artime de Miami, más pompa y circunstancia que resultados reales.

Un próximo paso en este sentido sería un intento de volver a incluir a Cuba en la lista de naciones patrocinadoras del terrorismo, pero más allá de recurrir al incidente aún dudoso de los llamados “ataques sónicos” y el volver a recurrir al expediente de los prófugos de la justicia de EEUU aún residentes en Cuba, poco hay que alegar para obtener dicho objetivo. Con casi un año transcurrido del Gobierno de Trump, el Departamento de Estado ha demostrado su capacidad de funcionar sin responder a objetivos político estrechos.

Mientras nada de esto ocurra, y se vuelva a la época del Gobierno de George W Bush —alguien quien por otra parte no tiene afinidad alguna con Trump—, los cubanos y estadounidenses de cualquier origen seguirán viajando, al parecer en números crecientes, aunque no espectaculares, desde Miami.


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