Actualizado: 03/07/2020 15:57
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Ofensiva Revolucionaria, Cambios, Economía

Cuba da marcha atrás a la “Ofensiva Revolucionaria”

Retroceso ideológico del castrismo: los establecimientos que prestan servicios gastronómicos, personales y técnicos serán gestionados a través de formas no estatales

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El vicepresidente Marino Murillo Jorge hizo el fin de semana pasado un anuncio largamente esperado en Cuba, pero la discreción con la cual el periódico Granma lo presenta —casi perdido dentro de un largo texto— logró que aún no ha conseguido la difusión que merece.

Lo que se dio a conocer durante una reunión del Consejo de Ministros, para analizar la situación de la economía cubana, fue la marcha atrás a la “Ofensiva Revolucionaria”, promulgada por Fidel Castro hace 46 años.

Murillo es también jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, un cargo que suena a norcoreano, pero que se concreta —nada más y nada menos— en ser el responsable del proceso de paulatinos cambios económicos que el régimen persiste en llamar “actualización del modelo”.

El vicepresidente explicó “la política para implementar formas no estatales de gestión en las actividades de gastronomía, servicios personales y técnicos”.

Según dio a conocer, “las unidades que hasta el momento se han incorporado a las formas no estatales de gestión han obtenido resultados favorables; los trabajadores incrementaron sus ingresos; se han reanimado los locales; se ampliaron los horarios de servicios, al tiempo que se han acrecentado los precios de venta a la población, en correspondencia con el aumento de la calidad y variedad de las ofertas”.

Con este precedente, la política que aprobó el Consejo de Ministros precisa que “los establecimientos que prestan servicios gastronómicos, personales y técnicos, como norma, serán gestionados a través de formas no estatales”.

Se mantendrá la propiedad estatal sobre los principales medios de producción. En tanto, los equipos, medios, útiles y herramientas se arrendarán o venderán, agrega la información de Granma.

Los precios en estos lugares serán establecidos de acuerdo con la oferta y la demanda, a excepción de los que se decidan centralmente, añade.

Eso no es más que el anuncio oficial de la puesta en práctica de un programa para acabar con el desbarajuste creado por Fidel Castro, a partir de la intervención y nacionalización de todo lo que quedaba en pie de gestión privada en la esfera de servicios, desde un carrito dedicado a cocinar “fritas” hasta un puesto de venta de ostiones.

La confiscación masiva de pequeños establecimientos, en el marco de la denominada “Ofensiva Revolucionaria”, fue anunciada por el entonces primer ministro en un discurso pronunciado el 13 de marzo de 1968. Se realizó bajo la consigna de lucha contra el capitalismo y la creación de un “hombre nuevo”. Como resultado inmediato ocurrió un enorme deterioro económico y la disminución extraordinaria en la disponibilidad de alimentos y servicios.

De acuerdo con datos publicados por el periódico Granma, en marzo de aquel año, se confiscaron 55.636 pequeños negocios, muchos operados por una o dos personas. Entre ellos 11.878 comercios de víveres (bodegas), 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, friterías, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 artesanías y 3.345 carpinterías.

“La Ofensiva Revolucionaria de 1968 fue la culminación de un proceso de excesos económicos, irracionalidad y aventurerismo político, empezado mucho antes. Puede afirmarse que en el período 1959-1963 se realizaron las grandes confiscaciones y fueron establecidas las bases de la planificación centralizada al estilo soviético. Pronto surgieron dificultades económicas por la rigidez del sistema, lo que en 1962 llevó a tomar medidas severas como la implantación de un férreo sistema de racionamiento de alimentos y todos los demás productos básicos. Además eso ocasionó que entre 1964-1966 se generaran debates en el seno del Gobierno sobre la necesidad de ajustes en la economía y el grado de decisión que debían tener las empresas, aunque todos los criterios coincidían en preservar el supuesto socialismo, la propiedad estatal sobre los medios de producción y la planificación centralizada”, escribió el economista y periodista independiente, Oscar Espinosa Chepe, ya fallecido, en un artículo publicado en CUBAENCUENTRO.

Hay que aclarar que lo acordado en la reunión ministerial no es un cambio profundo, desde el punto de económico, pero sí constituye un viraje ideológico, que se venía gestando con lentitud extrema desde un tiempo atrás. A partir de ahora y cada vez más, cuando los cubanos se corten el pelo, tomen un batido o manden a reparar un electrodoméstico, lo harán en un establecimiento que en gran parte se rige por las leyes del mercado. Algo de ello ya existía, pero ahora no solo se ha ampliado sino hay una declaración gubernamental que señala el cambio. Se trata solo de un primer paso y el Estado no acaba de soltar por completo el control —más o menos directo o indirecto— sobre los establecimientos de la esfera de servicios, pero se ha abierto una puerta.

Desde hace algún tiempo, incluso intelectuales orgánicos fieles al gobierno cubano han escrito y comentado sobre la necesidad de dar marcha atrás a tan nefasto proceso que fue la “Ofensiva Revolucionaria”. Sin embargo, el hecho de que fuera una medida anunciada y puesta en práctica con énfasis por el propio Fidel Castro ha actuado como un freno. Por supuesto que nunca van a reconocer en forma clara que se equivocaron —”Nosotros nunca pedimos perdón”, le dijo en una ocasión Raúl Castro a alguien que lo conoce muy bien— pero en la práctica es eso.

En realidad, lo que finalmente se están desmoronando son los requisitos de ese concepto guevarista, apoyado por Castro, de considerar al Estado como una gigantesca empresa, controladora en un alto grado de minuciosidad de la gestión económica nacional a todos los niveles y atada a una planificación centralizada que no permitía la menor iniciativa, ni a los individuos ni a las dependencias subalternas.

El reportaje —más bien un informe— publicado en Granma sobre la reunión del sábado 21 de junio de 2014 es en parte hoja de ruta, en parte mapa (incompleto) del panorama económico actual en la Isla, y también ayuda a comprender —y conocer— no solo el rumbo, sino las limitaciones y obstáculos que enfrenta el plan del Gobierno para intentar salir de la crisis que atraviesa el país desde el fin de los subsidios soviéticos, lo que hasta ahora ha resultado imposible incluso con la “generosa ayuda” del gobierno chavista —primero con el propio Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro— que suministra el 65 % del petróleo necesario a precios subsidiados y paga 4.000 millones de euros por alrededor de 40.000 profesionales cubanos que trabajan en Venezuela.

La información aparecida en Granma y reproducida en Cubadebate tiene un inicio engañoso, que una vez más muestra lo difícil —o imposible— de librarse de las ataduras políticas del régimen, y son las palabras del gobernante Raúl Castro, que repite que “no podemos permitir que nos abrumen los problemas, ni amedrentarnos ante ellos” , algo que ha dicho con anterioridad, por lo que en lugar de un llamado al ánimo y la “combatividad” suena más bien a resabio y temor.

Saltando rápido por las palabras del general —apenas un párrafo— comienzan los detalles que evidencian, de forma clara, la existencia de dos modelos económicos en el país —aunque esto aún no se reconozca abiertamente como tal— completamente opuestos, pero a los que en última instancia el Gobierno quiere controlar con fines de supervivencia: uno fundamentado en la propiedad privada y otro tradicional, que tiene su base en los medios de producción estatales.

El primero todavía desempeña un papel relativamente menor en el monto económico nacional, pero se ha vuelto imprescindible; el segundo es enorme en dimensión, pero no en alcance, porque está empantanado desde hace décadas. Uno funciona (el privado) y el otro no (el estatal), y eso es lo que quedó claro en la reunión, así como esa avanzada del futuro que Granma señala al final, casi con la esperanza de que nadie llegue a ese punto en el largo texto, pero que resulta de una importancia extraordinaria: todo aquel engendro económico que encontró en Ernesto “Che” Guevara su formulación más vistosa y torpe —y en Fidel Castro el verdugo demente y empecinado— nunca funcionó, y si por años se mantuvo sin cambios fue por los subsidios soviéticos. Desaparecidos estos, la armazón se vino al suelo, aunque el régimen ha sobrevivido entre las ruinas.

Rosario de incumplimientos

El largo texto no es más que una recopilación de intervenciones de ministros, en que uno tras otro señalan incumplimientos e ineficiencias, pequeñas mejoras y pronósticos reservados que no son optimistas, pero tampoco se atreven a decir la verdad: los fracasos volverán a repetirse.

Quien primero menciona incumplimientos es Adel Yzquierdo Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, quien presentó el informe del comportamiento de la economía en el primer semestre de 2014, así como los estimados para el cierre del año.

El ministro explicó que “la economía cubana crece con relación a 2013 aunque no se alcanzan los niveles previstos en el Plan, lo cual induce una desaceleración superior a la esperada”.

Además del consabido echarle la culpa al clima, el embargo y la situación internacional, las causas principales son que “no se logran los ingresos externos planificados… y a las insuficiencias internas que continúa enfrentando nuestra economía”. Esto quiere decir simplemente que no se produce lo suficiente.

Apuntó que en el primer semestre del presente año se prevé un crecimiento de 0,6 % del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, para finales de año pronostica un incremento del PIB de alrededor del 1,4 %. ¿Cómo se logrará más que duplicar el ritmo? Pues no se sabe. El ministro cautelosamente apuntó que para ello se requiere “un mayor dinamismo de la economía en el segundo semestre”, lo cual no es más que un anuncio anticipado de otro fracaso.

Respecto a las inversiones, “se supo que se cumplen al cierre del primer semestre, aunque está previsto concluir el año con un 95 % del plan”. Esto quiere decir, de nuevo, que no se cumplirá lo planificado.

Sobre la circulación mercantil, el ministro “precisó que aun cuando de forma general se cumple en valores lo previsto en el Plan, ha existido déficit en determinados productos demandados por la población debido a atrasos en las importaciones, tanto de productos terminados como de materias primas para la producción nacional”. Otro sí, pero no.

Por su parte, Lina Pedraza Rodríguez, ministra de Finanzas y Precios, informó que “el estimado de ejecución del Presupuesto del Estado para el primer semestre del año presenta un sobrecumplimiento de los ingresos de un 1,3 %, lo cual está determinado por el comportamiento de los impuestos sobre utilidades e ingresos personales, la contribución a la Seguridad Social y el rendimiento de la inversión estatal”.

Sin embargo, agregó que se prevén inejecuciones de gastos del 97,8 %, motivadas fundamentalmente por los incumplimientos en la esfera productiva. Estas inejecuciones —evaluó— no resultan favorables para la economía y se expresan en déficit temporales de productos, con la necesidad de mayores niveles de importación. En otras palabras, la producción estatal continúa plagada de ineficiencias.

Luego le tocó el turno a la ministra de Finanzas y Precios, que presentó el informe de liquidación del Presupuesto del Estado correspondiente al año 2013.

De manera general, dijo que los ingresos al presupuesto se cumplen al 97 %. En el caso particular de los tributarios, destacó que representan el 37 % del PIB y se derivan de la aplicación de impuestos, tasas y contribuciones.

Este dato es sumamente interesante, porque muestra que, en el área fiscal, la economía cubana ha iniciado un camino similar a las economías occidentales, donde el Estado obtiene sus ingresos —más adecuado sería decir la mayor parte de sus ingresos— mediante la tributación de sus ciudadanos.

Lo singular es que se supone que una economía socialista —al estilo de la creada durante la época soviética— no funciona así.

Precisamente el marxismo-leninismo clásico soviético planteaba que en un Estado socialista la famosa “plusvalía” dejaba de convertirse en una forma de enriquecimiento para los capitalistas y pasaba a ser un bien común para toda la población.

Sin embargo, si el Estado no produce, produce mal o poco, o se roban buena parte de esta producción, no hay “plusvalía”.

Pero lo más importante aquí es que el Estado cubano ha comenzado a ser dependiente de sus contribuyentes, en buena medida de quienes realizan sus aportaciones fiscales bajo las normas que rigen para los trabajadores por cuenta propia.

El sistema tributario cubano, que ha ganado eficiencia después de la reforma de 2012, ahora depende más de la tasa sobre los ingresos personales, que en Cuba tiene un carácter progresivo —al igual que ocurre en Estados Unidos y Europa—, lo que teóricamente hace que, en la medida que el ciudadano gane más (o se enriquezca), el Estado se beneficiará más. Y aquí sí nos apartamos por completo del socialismo soviético y entramos en el capitalismo estadounidense o europeo. A eso avanza Cuba, solo que en su versión más cruda: capitalismo del siglo XIX en vez de socialismo del siglo XXI.

Por otra parte, de nuevo aparece la falta de eficiencia de la empresa estatal. Aunque el déficit fiscal se mantiene dentro del límite máximo aprobado por la Ley de Presupuesto del Estado, no se considera una ejecución favorable, ya que además de quienes han dejado de pagar impuestos o pagan menos de lo requerido, hay otras causas, como las que se derivan “de no alcanzar el superávit esperado en operaciones corrientes; del no financiamiento de todas las producciones previstas como exportaciones o sustitución de importaciones; y de la inejecución de los niveles de inversiones”. La ministra agregó que no todas las provincias alcanzaron los resultados presupuestarios calculados y que 124 empresas que habían planificado obtener utilidades terminaron con pérdidas”.

Acotó Pedraza Rodríguez que “la inejecución del déficit no es resultado de un sobrecumplimiento de los ingresos, sino que es provocado por la no ejecución del total de los gastos, lo cual se vincula con la falta de eficiencia”.

En otra parte de su intervención, el vicepresidente Murillo señaló que no había que hacerse demasiadas ilusiones si se alcanzaba el objetivo de una sola moneda.

“La unificación monetaria por sí misma no resolverá todos los problemas de la economía, sino que forma parte indispensable de un proceso que incluye la implantación del resto de las políticas dirigidas al incremento de la eficiencia y el nivel de productividad del trabajo, además del perfeccionamiento de los diferentes mecanismos distributivos de la riqueza creada”, dijo Murillo.

En cuanto a la política crediticia del país, destacó que siguen incrementándose los niveles de créditos otorgados, aunque no se logra una utilización efectiva de las nuevas posibilidades de garantías.

“Hasta el pasado mes de abril se habían concedido 272.332 créditos por un monto de 2.480 millones de pesos”, señaló. Puede parecer una cifra impresionante, pero llevada a euros es algo más de 68.850 euros. Cualquier cubano exiliado “pobre” es muy posible que tenga mucho más entre su cuenta en el banco, su salario, ahorros y/o pensión, y el valor de su vivienda

Son préstamos de miseria.

Aumento del sector productivo privado

El vicepresidente también señaló que de las 498 cooperativas autorizadas desde abril de 2013 hasta mayo se habían constituido 249.

Respecto al trabajo por cuenta propia, hasta mayo de este año había más de 467.000 cuentapropistas registrados, cifra que continuará incrementándose en el transcurso del año.

Murillo mencionó también el inicio de un proceso gradual de ampliación de la autonomía y facultades en la empresa estatal socialista.

La disminución del centralismo económico —la otra cara del centralismo político y unipersonal de Fidel Castro— resulta una medida adecuada, pero no la solución del problema. El control centralizado —sea en una empresa socialista o en un conglomerado capitalista— crea no solo monstruos de la razón, o de la sinrazón como en el caso de Guevara y Castro, sino dinosaurios: seres gigantescos y amenazadores, pero vulnerables.

La torpeza en su versión productiva —la falta de eficiencia— aparece una y otra vez en los informes ministeriales, leídos ante un general en medio de una reunión ministerial, perdido en su laberinto y escuchando en todo momento justificaciones y datos que cuentan una verdad a media. Porque la esencia del problema sigue siendo la misma: un fritero es más eficiente que un burócrata. Eso que Guevara y Castro despreciaron con arrogancia ha vuelto hoy a Cuba con fuerza: el carro de frita les ganó la batalla que perdió la CIA.


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