Actualizado: 23/11/2017 16:24
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Díaz-Canel, Represión, Oposición

Díaz-Canel el «duro»

Represión y farsa: el vicepresidente primero adopta el lenguaje de Ramiro Valdés y aparece en un video atacando al “centrismo” y abogando por la censura

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Díaz-Canel muestra que también él es un “duro”. El vicepresidente primero de Cuba, y mencionado como posible sucesor de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, arremete en un video contra opositores, medios independientes, proyectos para apoyar al sector privado, la llamada “oposición leal” y emprendedores. Lo significativo no son tanto las palabras del funcionario —no cabe esperar declaraciones de otro tipo en alguien colocado en tal esfera de poder en Cuba— sino su divulgación ahora.

La reunión del video al parecer ocurrió en febrero pasado y se realizó con dirigentes del Partido Comunista de Cuba. El lunes la grabación fue colocada en el canal de YouTube del grupo opositor Estado de Sats.

De acuerdo a una información publicada en El Nuevo Herald, Díaz-Canel alertó a los presentes de la existencia de un “diseño norteamericano” que busca la “reconquista política y económica” de Cuba. Asimismo, observó que el proceso de normalización de relaciones iniciado por el entonces presidente Barack Obama era una “manera distinta” de intentar “la destrucción de la revolución”. Además, el vicepresidente acusó a las embajadas de Estados Unidos, Noruega, España, Alemania y el Reino Unido de participar en actividades de “subversión”, que incluyen el apoyo a una oposición que considera tradicional o de confrontación abierta con el sistema.

Nada de lo expresado se aparta un milímetro de declaraciones anteriores de quienes ejercen el control político, social y económico en Cuba.

Díaz-Canel detalla brevemente lo que considera dos clases diferentes de “oposición” al régimen. Esa que llama “tradicional”, y dentro de la cual considera medios de divulgación surgidos durante el primer mandato del presidente estadounidense Barack Obama —para establecer una referencia en fecha— y otra más reciente, desarrollada durante el segundo período de Obama, y que se vincula a proyectos como el centro de análisis Cuba Posible, el programa Cuba Emprende y la publicación OnCuba.

La distinción entre ambos tipos, para Díaz-Canel, vendría dada por el lenguaje y los contenidos, pero en los dos casos la posición del Gobierno cubano es considerarlos como enemigos financiados desde el exterior.

En lo que respecta a la llamada “oposición leal” la llamada de alerta a los comunistas, por parte de Díaz-Canel, se formula como una clara advertencia, al señalar que sus miembros emplean un “lenguaje bien estructurado, [que] no confronta directamente a la revolución, usan un discurso socialdemócrata y no están identificados como gente contrarrevolucionaria”.

Aquí la divulgación de lo expuesto por el vicepresidente primero no hace más que reafirmar algo conocido —gracias a la repetición por décadas de igual mecanismo—, y es que la publicación de artículos sobre el centrismo no fue el simple planteamiento de uno o varios puntos de vista, sino parte de una campaña destinada a reafirmar la retranca ideológica y el estancamiento político.

Díaz-Canel incluso va un paso más allá en el caso de OnCuba, y plantea que el portal será cerrado, algo que hasta el momento no ha ocurrido.

Pero toda la argumentación —por lo demás bastante constreñida, en parte por la aparente limitada capacidad del expositor— gira alrededor de un acto de reafirmación, que aunque se refiere al presente recuerda mucho al ayer soviético y a la eterna espera cubana, y solo se “justifica” como otro intento de perpetuar el pasado:

  • Mostrar las declaraciones del vicepresidente como una verificación de “lo que ya [se] sabía: es un individuo que no plantea ningún cambio, es un peón más de toda esta transferencia de poder”, según Antonio Rodiles, no es más que agregar otra vuelta a la noria de la falsa dicotomía reformismo-conservadurismo dentro las altas esferas del poder en Cuba. Las especulaciones de “algunos medios de prensa” sobre “el carácter moderado o reformista de Díaz-Canel”, a que hace referencia el artículo de El Nuevo Herald, tienen igual fundamento que la divulgación de este video para mostrarlo como defensor de la censura de los medios: intentar predecir sobre supuestos creados a partir de un ambiente de apariencia y falsificación.
  • Precisamente, esa lógica torcida que rige en Cuba permite considerar al video como un elemento dentro del plan de reafirmación del statu quo que se lleva a cabo en estos momentos en la Isla y contención de la esperanza de un cambio cercano. Casi en “campaña política”, el vicepresidente se nos aparece como una especie de “Ramiro Valdés” —vigilante y censor— y acumula puntos para la sucesión. Es cierto que estos puntos no lo convierten en imprescindible para el proceso, pero tampoco les resta a los mismos que sean necesarios.
  • De la exposición a los hechos y sus consecuencias hay una nueva dinámica en Cuba, donde todo un andamiaje de tira y encoge, aprieta y afloja, hostiga y suelta define una actitud de supervivencia y no permite una política de gobierno de cara al desarrollo del país. Fidel Castro nunca habló de cerrar algo sin que ya se estuviese cerrando en esos momentos o desaparecido. Díaz-Canel amenaza, pero no cierra, por el momento.
  • El que una figura de gobierno de tan elevada responsabilidad —al menos supuesta—, como un vicepresidente primero, tenga que dedicar su tiempo a una o varias publicaciones online (en un país con un extremadamente bajo índice de conexión); un grupo de análisis de reducida dimensión, referencias a medios de prensa o periodistas extranjeros evidencia debilidad del Gobierno, preocupación e incapacidad.
  • Que dicho vicepresidente tenga que involucrarse personalmente en las tácticas para enfrentar una oposición reducida y a los miembros de una sociedad civil casi inexistente pone a las claras, una vez más, el empecinarse en el mecanismo de represión para dilatar la solución de los graves problemas que enfrenta el país, sin el menor interés en buscar otro tipo de arreglo.

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