Actualizado: 03/08/2020 12:54
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El reto de la normalización

EEUU y Cuba anuncian restablecimiento de relaciones diplomáticas después de 54 años, pero mucho queda aún pendiente

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Cuba y Estados Unidos acordaron formalmente el miércoles el restablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales, tras dos años de negociaciones entre los ex rivales de la Guerra Fría cuyos vínculos estaban rotos desde 1961, informa la agencia Reuters.

Los presidentes Raúl Castro y Barack Obama confirmaron el histórico pacto que permitirá la reapertura de embajadas en las capitales de los dos países durante el verano.

“Hace un año pudo parecer imposible que Estados Unidos volviera a izar su bandera, de barras y estrellas, en una embajada en La Habana”, dijo Obama, quien habló en los jardines de la Casa Blanca.

El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, viajará a La Habana a finales de este mes a una ceremonia de izamiento de bandera para reabrir la embajada estadounidense en la capital cubana.

En tanto, Castro sostuvo “que la parte cubana asume esta decisión, animada por la intención recíproca de desarrollar relaciones respetuosas y de cooperación”, según una carta dirigida a Obama y que fue leída por la televisión estatal.

El anuncio formal de ambos mandatarios cumple con el compromiso realizado hace seis meses y medio cuando dijeron que trabajarían por relanzar los nexos diplomáticos.

La actual Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, fundada en 1977 durante el Gobierno del demócrata Jimmy Carter, se convertirá en embajada, lo mismo que sucederá con la misión diplomática de Cuba en Washington.

El mandatario cubano, que reemplazó en 2008 a su hermano Fidel por razones de salud en la presidencia del país, dijo en una declaración que con el relanzamiento de los vínculos diplomáticos concluye la primera etapa de lo que “será un largo y complejo proceso hacia la normalización”.

“No podrá haber relaciones normales entre Cuba y Estados Unidos mientras se mantenga el bloqueo (embargo) económico, comercial y financiero que se aplica con todo rigor, provoca daños y carencias al pueblo cubano (y) es el principal obstáculo al desarrollo de nuestro país”, agregó.

El acuerdo con Cuba es un gran logro diplomático para Obama, quien ha sido criticado por sus tropiezos en política exterior, especialmente en Oriente Medio.

El 3 de enero de 1961, el presidente en ese entonces, Dwight Eisenhower, cerró la embajada de Estados Unidos en La Habana, casi tres semanas antes de la fecha en que el mandatario electo John F. Kennedy tenía previsto tomar posesión del cargo.

Con las relaciones diplomáticas restauradas, Washington y la Habana se enfrentarían luego el reto más difícil: la normalización de los nexos en general.

Los principales obstáculos incluyen el embargo económico a la isla caribeña y la devolución de la base naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo, en el extremo oriental de la Isla, que Washington mantiene en su poder desde 1903.

Obama, un demócrata, ha instado al Congreso de Estados Unidos, controlado por los republicanos, a terminar con los 53 años del embargo económico y comercial contra Cuba, pero el liderazgo conservador ha rechazado sus intentos.

Un “paso histórico”. Así denominó Obama el restablecimiento de la embajada de EEUU en La Habana y de la de Cuba en Washington el próximo 20 de julio.

Histórico, pero no definitivo.

Porque el anuncio del miércoles sobre la reapertura de las embajadas es solo un paso más en el largo y difícil camino para normalizar relaciones diplomáticas luego de más de medio siglo sin ellas.

“Es un paso positivo, pero de ninguna manera el final en el proceso de normalización”, le dice a BBC Mundo Eduardo Gómez, profesor de Desarrollo Internacional y Economías Emergentes de King´s College London (KCL), experto en Cuba.

Prácticamente al mismo tiempo del discurso de Obama, el gobierno de Raúl Castro publicaba en Granma, el periódico oficial, la declaración donde confirmaba el proceso y expresaba concretamente los temas pendientes.

“Para alcanzar la normalización será indispensable también que se devuelva el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval en Guantánamo, cesen las transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba (...), se eliminen los programas dirigidos a promover la subversión y la desestabilización internas, y se compense al pueblo cubano por los daños humanos y económicos provocados por las políticas de los Estados Unidos”.

Del otro lado, Obama, mencionó al anunciar la reapertura de la sede diplomática en La Habana una serie de diferencias fundamentales que todavía están pendientes: derechos humanos, libertad de expresión y de reunión.

En los últimos meses se han hecho avances significativos en el acercamiento entre ambos países. En mayo pasado, EEUU sacó a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, donde se encontraba desde 1982. Y también levantó varias restricciones a los viajes a la Isla, el comercio y las finanzas.

Pero uno de los temas más complejos y largos de resolver es el levantamiento completo del embargo. Este sólo puede ser retirado en el Congreso de EEUU y no por las medidas ejecutivas del presidente.

“El embargo no se va a levantar en los próximos tres años”, le comenta a BBC Mundo Diego Moya-Ocampos, analista de Cuba para IHS Country Risk.

Según Moya-Ocampos, la aprobación del levantamiento del embargo está condicionada a dos cosas: a que Raúl Castro deje el poder y a que Cuba comience un proceso de democratización.

El gobierno cubano asegura que el embargo le ha costado a su economía $117.000 millones.

Desde el punto de vista cubano, es EEUU el que debe reconocer su forma de “democracia popular y participativa”, como llaman al sistema de gobierno. Y no ellos los que deben cambiarla.

“Es una combinación ideológica histórica. No van a considerar ningún tipo de reforma democrática, denominada como tal”, asegura Gómez.

Moya-Ocampos está de acuerdo. “No creo que vaya a dejar de ser el único país con modelo de partido único en la región, pero está debatiéndose que el modelo sea un poco más plural”, asegura.

El principal problema, coinciden los expertos, es que EEUU quiere imponer sus “valores democráticos” y Cuba quiere que se le reconozca su sistema político de “democracia participativa” con partido único.

Esto es reiterado en la declaración oficial del gobierno de Cuba hecha pública el martes.

“Estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma”, asegura el texto del gobierno cubano.

EEUU, por su parte, no tiene problemas en comerciar con otros países políticamente no democráticos, o de partido único, como China.

Según el investigador de KCL, esta parte del problema probablemente se resolverá con una declaración de intenciones por parte de Cuba, donde se adhiera a los “valores” democráticos sin realizar una reforma estructural de su sistema político.

“Hay un montón de países en el mundo que se dicen democráticos, pero en la práctica no son democracias”, comenta Gómez.

Más allá de las declaraciones de intención, es poco probable que el Congreso de EEUU apruebe levantar el embargo mientras Castro no salga del poder, lo que ocurrirá en 2018.

Y precisamente en el Capitolio, Obama cuenta con dos grandes piedras de tope: Robert Menéndez, senador demócrata de Nueva Jersey, y Marco Rubio, senador republicano de Florida.

Ambos senadores, descendientes de cubanos, han sido miembros activos del Comité de Relaciones Exteriores de esa cámara, que juega un rol fundamental a la hora de tomar decisiones de política internacional.

Pero hay importantes voces en EEUU que han salido a condenar el embargo y pedir su levantamiento. Entre ellas la actual candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton.

La exsecretaria de Estado, exsenadora y exprimera dama ha dicho en varias ocasiones que las restricciones no responden a los intereses estadounidenses actuales ni a promover el cambio en la isla caribeña.

“[para levantar el embargo] que Hillary Clinton sea la próxima presidenta sería muy positivo. Con un republicano el proceso será mucho más lento y con más trabas”, dice Gómez.

Clinton, en todo caso, no es la única que ha apoyado públicamente el fin del embargo.

Cuarenta y cuatro exaltos funcionarios del gobierno, empresarios e intelectuales enviaron el año pasado una carta abierta a Obama pidiéndole que suavizara su política hacia Cuba y a ellos se sumaron posteriormente 78 figuras del mundo político y económico para demostrar su apoyo al nuevo rumbo que han tomado las relaciones con La Habana.

El otro gran tema pendientes es qué pasará con la base naval estadounidense de Guantánamo, ubicada en el sureste de la Isla.

El gobierno de Castro ha señalado explícitamente que quieren el territorio de vuelta como condición sine qua non de la normalización de relaciones con EEUU.

El cierre de la prisión fue una de las promesas electorales de la primera campaña de Obama en 2008 que aún no puede cumplir. Pero nunca se ha hablado de devolver el territorio.

Es poco probable que el embargo se levante antes de que Raúl Castro deje el poder, lo que se prevé pase en 2018.

“No sé si tenga la fuerza para cerrar Guantánamo. Evidentemente estaba en su agenda, oficialmente”, comenta Moya-Ocampos.

“Es una situación muy difícil, porque es parte del área de Defensa y Seguridad de EEUU y los republicanos no van a transar en seguir manteniendo e incrementando su presencia y seguridad. Va a ser un tremendo desafío, pero su restitución a Cuba es un paso necesario para la completa normalización de las relaciones entre ambos países”, asegura Gómez.

Precisamente como afecta directamente los planes de Defensa y Seguridad es que las negociaciones sobre este punto no han sido tan públicas ni mediáticas como las del embargo.

“Es un tema pendiente que se está tratando muy tras bambalinas”, dice Moya-Ocampos.

Por ahora, lo concreto es que el 20 de julio y tras 53 años EEUU y Cuba contarán con un embajador y una delegación diplomática en el otro. Su primer y principal desafío será construir el camino para encontrar la forma de resolver los mencionados temas pendientes.


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