Actualizado: 26/09/2018 15:51
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Espionaje, CIA, Kennedy

Fidel Castro desplegó operación de inteligencia internacional que burló a la CIA, asegura analista

Brian Latell revela en su libro que, según un doble agente, el ex mandatario cubano sabía que a Kennedy le iban a disparar; pero el analista no encontró evidencias que vincularan a Castro con el asesinato

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En las tres décadas posteriores a la llegada al poder de Fidel Castro, el incipiente servicio de inteligencia cubano desplegó más de 40 agentes encubiertos en una operación mundial de primer nivel en las narices de la CIA, según un nuevo libro de un veterano analista de la agencia, informó Reuters este lunes.

Solo en junio de 1987, cuando un espía cubano desertó a la embajada de Estados Unidos en Viena, sorprendiendo a los servicios de inteligencia estadounidenses, la CIA se dio cuenta hasta qué punto había sido engañada, escribió Brian Latell, un veterano analista retirado y especialista en Cuba.

“Castro fue un jefe de espías supremo, sin competencia”, dijo Latell a la audiencia en una reciente lectura de su libro.

Según el reporte, las revelaciones ayudan a explicar cómo Castro sobrevivió a varios intentos de asesinato bien documentados y cómo la empobrecida Isla soportó los cambios que derrocaron a otros regímenes comunistas a finales del siglo XX.

“En los anales del espionaje moderno, es un logro extraordinario. Es difícil mantener las operaciones de un doble agente, y él los manejó a todos (…) hasta los detalles mínimos”, agregó Latell, autor de Castro’s Secrets, the CIA and Cuba's Intelligence Machine”, publicado por Palgrave Macmillan.

Reuters informa que el autor comenzó a observar a Cuba a mediados de la década de 1960 y ocupó el puesto de Director Nacional de Inteligencia de Estados Unidos para América Latina antes de retirarse de la CIA en 1998.

Los cerca de 50 doble agentes fueron reclutados en Cuba y otras partes del mundo y liderados personalmente por Castro. En general eligió a jóvenes rudos e impresionables, sin educación universitaria.

“Castro quería que no estuvieran contaminados por la vieja Cuba. Quería que fueran maleables y entusiastas”, explicó.

Mientras que Cuba amplificó su éxito con los doble agentes en el pasado, el libro de Latell muestra que la penetración fue mayor de la que se conocía y comprometió las fuentes y los métodos de inteligencia estadounidenses.

La deserción en 1987 de Florentino Aspillaga finalmente alertó a la CIA sobre el alcance de la red de espionaje de Castro. “Estaban en estado de conmoción. Nunca antes nos había pasado nada parecido”, aseguró Latell.

“Hasta ese punto subestimamos terriblemente a los cubanos. Nunca imaginamos que la pequeña Cuba podía desplegar un servicio de inteligencia de primera categoría”, agregó.

Aspillaga es solo uno de la decena de desertores que Latell entrevistó en el libro, basado en miles de páginas de documentos desclasificados de la CIA que el autor revisó en los Archivos Nacionales en Maryland, al igual que entrevistas con varios ex integrantes de la agencia.

En el libro, Latell revela que la inteligencia cubana sabía más de lo que admitió sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, incluyendo información sobre su autor, Lee Harvey Oswald.

Aspillaga le dijo a Latell que Castro sabía que a Kennedy le iban a disparar. La Comisión Warren nunca le atribuyó una razón a Oswald, pero el autor del libro argumenta que estaba fascinado con Castro y que “su motivo fue proteger a Fidel”.

Es conocido que Oswald se reunió con responsables cubanos durante visitas al consulado mexicano en Cuba en el verano de 1963, pero no hay evidencias de que haya trabajado alguna vez directamente para la inteligencia cubana.

Latell dice que aunque agentes cubanos habían seguido el rastro de Oswald, su investigación no encontró evidencia que vincule a Castro con el asesinato.

El líder cubano tenía muchas razones para querer a Kennedy fuera del camino. Un comité del Senado encontró en 1975 que la CIA había usado el asesinato como un instrumento de política exterior y que Fidel Castro era uno de sus principales objetivos.

Fidel Castro, de 85 años, entregó el poder a su hermano tras enfermarse en 2006 y probablemente está “demasiado debilitado” para liderar operaciones de espionaje en el presente, concluyó Latell.


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