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Hart, Educación, Cultura

Muere Armando Hart

Quizá en algún momento soñó con la iconoclasia, pero siempre se levantó aterrado

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Armando Hart, una figura histórica de la revolución de Cuba, murió el domingo, informa la Associated Press. Tenía 87 años.

Medios oficiales cubanos indicaron que Hart falleció de insuficiencia respiratoria en La Habana.

Fidel Castro lo puso al frente del Ministerio de Educación poco después del triunfo revolucionario en 1959. Durante esa época se llevó a cabo la llamada “campaña de alfabetización”. Durante años también se desempeñó como ministro de Cultura.

Con su cabello encanecido y su oratoria más bien monótona, dedicó sus últimos años a promover estudios sobre la vida y obra del héroe de la independencia isleña José Martí.

Hart siempre aspiró al mito, que nunca fue capaz de alcanzar. Tras el triunfo de Fidel Castro, se difundió la versión que gracias a su sangre fría el joven revolucionario había logrado escapar a sus captores y evitar el ser juzgado en un tribunal. La realidad era que su padre había comprado el escape.

Durante los primeros años del proceso revolucionario a Hart lo acompañó su juventud. Esta logró opacar en algo su mediocridad absoluta. Pese a desempañar casi siempre cargos vinculados con la educación, la cultura y el legado de José Martí —salvo un paréntesis durante la “Zafra de los Diez Millones”, a cargo de la producción azucarera en la una provincia— nunca fue un hombre culto, ni siquiera alcanzó la capacidad de pensador menor o ensayista frustrado. Su categoría siempre se movió entre el ser y no ser. Nunca logró una definición más allá de la de funcionario mediocre. Su hija, ya fallecida hace tiempo, durante una época intentó reivindicarlo con unas apetencias trotskistas, pero salvo el amor filial nada las justifica. Quizá en algún momento soñó con la iconoclasia, pero siempre se levantó aterrado.


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