Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Union City, Exiliados, Miami

Muerte de Castro no genera en Union City igual emoción que en las calles de Miami

Aunque los cubanos de Union City sienten paz con el deceso del exmandatario, coinciden en que es solo un hecho simbólico, porque falta mucho para que Cuba sea libre

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El viernes pasado muchos cubanos de Miami no pararon de celebrar como una fiesta nacional la noticia de la muerte de Fidel Castro, y aunque en el área triestatal los inmigrantes del país caribeño coinciden en que el deceso del dictador tiene un sentido simbólico, son muy pocos los que se alegran de su muerte y muchos los que creen que esto no tendrá un impacto real en la vida política y social de Cuba, informa El Diario NY.

Lucy Portela, dueña de la farmacia cubana Sugar Mans de Union City, Nueva Jersey, quien llegó desde la provincia Ciego de Ávila cuando tenía 7 años, confesó que la noticia de la muerte de Castro le cayó bien, pero agregó que es muy ingenuo pensar que con eso su isla caminará hacia la democracia.

“La muerte de Fidel no me alegra porque es un ser humano, pero representa la esperanza de que muera una ideología y una tiranía en honor a los que ya no están”, dijo la negociante de 53 años. “Pero hay que entender que Fidel ya no era nada hace mucho, y aunque tengo la ilusión de poder ver un día a mi Cuba libre, creo que todavía eso no va a ser posible”.

La cubana, quien desde el día de la muerte de Castro puso en la vitrina de su negocio un letrero que dice “Fidel, llegó tu hora”, comentó entre lágrimas que le duele ver que sus padres no pudieron vivir este momento, que describe como el principio de un largo camino.

“Mi papá murió y mi mamá tiene Alzheimer, entonces no entiende lo que pasa, pero ya les dije a mis sobrinos que el día que Cuba sea realmente libre, me los llevo a todos de vacaciones, aunque creo que falta mucho para eso”, comentó, mientras enseñaba una descolorida bandera de su país que tiene hace 40 años.

Asimismo, el cubano Josimar Medina, de 28 años y natural de Pinar del Río, quien vive en Nueva York, dijo que a diferencia de sus paisanos de Miami que creen que la muerte de Castro a los 90 años marca el fin de una era, él piensa que ese deceso solo es simbólico.

“Fidel dejó de tener poder en la Isla hace como 10 años y ya no tenía ningún valor más de allá de su imagen histórica. Así que si Cuba cambia, no será por su muerte sino porque de una u otra manera el país está avanzando a la libertad con Raúl, pero a pasos muy lentos”, dijo.

Y mientras se tomaba un café en el restaurant El Artesano, de Bergenline Avenue, el hondureño Felipe Flórez, quien se describe como un hombre con corazón cubano porque tiene muchos amigos de la Isla, aseguró que alegrarse de la muerte de Castro sería infame.

“Yo digo como dice el presidente Obama: ‘que la historia juzgue su legado’”, dijo. “Me parece mal lo que hace gente como el bocón ese que va a ser el próximo presidente que se refiere a Castro como criminal. Ni siquiera ha llegado a la Casa Blanca y ya se está metiendo con un muerto”.

Bastante ofuscada por quienes definen a Fidel como un dictador, la cubana Graciela “a secas”, defendió la labor del expresidente y elogió que jamás se rindió ante “el imperio”.

“Fidel sufrió mucho y en gran parte Cuba no pudo prosperar por culpa de este país. Ojalá que Dios lo tenga en su Gloria, porque él sí sabe que Fidel luchó por un ideal, pero el mundo lo atacó y los propios cubanos hipócritas”.

Por su parte Roberto Gordillo, hijo de cubanos y nacido en Nueva Jersey, se mostró escéptico de un eventual cambio en la Cuba de sus padres.

“Creo que nada va cambiar, nada. Hay un sentimiento de paz porque se murió un tirano que causó mucho sufrimiento y dolor, pero él solo fue el virus; la enfermedad sigue”, comentó.

Y sobre la razón por la que, en Nueva Jersey, donde vive una amplia comunidad cubana de antaño, no se celebró la muerte de Castro con tanta euforia y felicidad como se vivió en Miami, donde la gente se tomó las calles, Mario Castro tiene su propia opinión.

“La diferencia es que muchos de los que viven aquí ya están muy viejos y enfermos como para salir a gritar y no somos tantos como en Miami, pero creo que en el fondo del alma nos sentimos contentos porque pudimos ver ese día anhelado, vivos y no con la tierra encima”, recalcó el cubano de 70 años, quien llegó a Estados Unidos en el éxodo masivo llamado “Mariel” de 1980, donde arribaron unos 125 mil cubanos.

Al poco tiempo de haber derrocado la dictadura que primaba en Cuba, Fidel Castro muy pronto comenzó a ser visto en el mundo como un dictador comunista que se enfrentó a Estados Unidos sin importar las consecuencias.

Pero a pesar de ello, y pese a las diferencias que mantuvo con el Gobierno estadounidense, Castro visitó varias veces Nueva York, generando odios y amores entre simpatizantes y detractores.

En abril de 1959 el fallecido expresidente cubano visitó la Gran Manzana en medio de vítores de muchos simpatizantes que lo veían como el liberador de la dictadura de Fulgencio Batista. En esa ocasión se alojó en el hotel Statler Hilton sin ningún contratiempo.

Pero poco después, en 1960, el cubano regresó tras haber iniciado una guerra verbal contra Estados Unidos y varias compañías, y allí la visión sobre él empezó a cambiar y fue recibido en medio de protestas. Inicialmente se hospedó en el hotel Shelburne, pero el gerente lo corrió, viéndose obligado a moverse al Hotel Theresa, en Harlem, donde fue tratado muy bien y donde salía al balcón a ondear la bandera de Cuba. En esa visita se reunió con líderes como Malcolm X y el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser.

Cuando quiso regresar a Cuba, el gobierno de EEUU le había confiscado su avión por varias deudas y el Gobierno soviético le prestó una aeronave para volver.

En octubre de 1979 regresó a la Gran Manzana en medio de una misión política ante la ONU y allí en su discurso se refirió a EEUU como “el país imperialista”.

En 1995, tanto el aquel entonces presidente de EEUU, Bill Clinton, como el alcalde de Nueva York, Rudolph Guilliani, se negaron a reunirse con Castro y tampoco lo invitaron a los eventos con líderes mundiales, al considerarlo persona no grata. A pesar de ello ofreció un discurso en la iglesia baptista Abyssinian ante más de 1.500 personas que lo vitoreaban.

En 2000, Castro tuvo su última visita a Nueva York, y esta vez Clinton cambió un poco su postura. Habló con él y hasta le dio la mano. Pero Guilliani arremetió aún más y lo llamó asesino.

En esa visita el expresidente cubano ofreció un discurso en la iglesia Riverside Church ante 3.000 personas, donde dijo “en Harlem tengo a mis mejores amigos”.


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