Actualizado: 18/01/2022 16:22
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Oscar Peña, perdones presidenciales

Pedido de Perdones al presidente George W. Bush (texto íntegro)

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Reciba, Presidente, de un refugiado cubano activista de derechos civiles los más sinceros saludos.

Recuerdo siempre con admiración y respeto el discurso suyo en su primera toma de posesión, cuando planteó que iba a ejecutar en su mandato una política de más atención a los problemas internos del país que a los externos que provocan otras naciones y comunicó de sus planes de retirar tropas norteamericanas que estaban en diferentes puntos del mundo.

Fue por ello que sufrí doblemente los salvajes actos de terrorismo del 9-11 contra este gran país, porque también se rompieron sus planes y aspiraciones forzándolo a enfrentar el criminal terrorismo internacional. Y para agravar más su presidencia, también ha coincidido con uno de esos naturales ciclos de bajas de la economía.

Sus intenciones eran buenas, pero surgieron los graves imprevistos de la vida. Roguemos a la historia tenga en cuenta sus circunstancias.

Es un placer acometer este atrevimiento de dirigirme a usted, Presidente, y como estoy obligado por respeto a su tiempo, debo explicarle la causa de estas líneas: presentarle un Pedido de Perdones a la hora de entregar la Casa Blanca. Mi suplica no se trata de una solicitud personal, ni de un familiar mío, o de campaña política, es sobre algo de más edificación social.

Soy de la opinión que una resolución final de perdón suya a cubanos condenados por terrorismo —del régimen de Fidel Castro y de su oposición— fijaría ante el mundo, pero sobre todo, ante mí confundida Cuba, la generosidad de su país sin dejar de estar nunca contra esos crímenes.

Usted lo ha expresado con precisión: "nadie puede justificar los actos terroristas de ninguna ideología o persona". Su país, Presidente, tiene una moral muy alta, no persiste en los errores, si ayer apoyo a violentos contrarios al régimen castrista, hace mucho tiempo ha rectificado y ya no lo hacen. Ustedes se han ganado el respeto del mundo.

Nuestros graves errores políticos como pueblo cubano son todavía una permanente enfermedad sin superar. Ha existido silencio dentro de toda Cuba y en el exilio de hechos criminales y de terrorismo.

Dentro de Cuba, los militares, dirigentes, diputados y el pueblo han callado los horrorosos crímenes y abusos del régimen de Fidel Castro. Ha faltado el valor en Cuba para pararse y expresar que se está en contra de crímenes como las condenas de adversarios más largas que las de Nelson Mándela, del derribo de avionetas civiles, del hundimiento de barcos llenos de niños y mujeres, del fusilamiento de militares que cumplían órdenes, o de jóvenes por sólo intentar irse del país, por llevar cubanos obligados a morir a guerras ajenas, de aplastar la iniciativa mercantil del pueblo metiendo presos a campesinos y artesanos, de usar métodos mafiosos para obligar a sus opositores cívicos abandonar el país, de ejercitar abusivamente por casi medio siglo el poder absoluto.

También el Miami cubano ha cometido la grave falta de callar ante los crímenes y las acciones terroristas de esta parte. Los exiliados tampoco han sabido estar a la altura de las circunstancias y tomar distancia del crimen y el terrorismo de algunos de los de ellos.

Hasta hoy nos ha faltado —dentro y fuera del país— cultura política, modernidad, vergüenza, dignidad y valor para condenar los actos terroristas de las dos partes.

Por todo lo anterior, Sr. Presidente, le ruego me permita transformarme hoy ante usted en un abogado de los cubanos presos en Estados Unidos, correctamente sancionados por terroristas.

Aunque es imposible justificar todo el daño que han hecho esos cubanos encarcelados en los Estados Unidos —opositores al régimen de Castro o partidarios de él— sí le puedo asegurar que los más avanzados de edad son víctimas de su tiempo histórico, de esa mala formación política recibida en la convulsa historia nacional de Cuba antes de 1959, donde todo se resolvía por la violencia, y los más jóvenes, que representan al régimen de la Habana, son también víctimas y resultado de la barbarie estalinista cubana después de 1959, de esa ideología despiadada que creó en sus partidarios sentimientos animales.

Ambos bandos fueron terroristas pensando que actuaban en defensa de ideales. Esto no justifica ni con mucho sus deplorables acciones, pero al menos nos ayuda a entenderlos.

El dilema de la violencia es uno de los graves problemas de nuestro país, es una debilidad cívica en nuestra anatomía, y es un desafió y un reto a superar que tienen por delante las últimas generaciones y las futuras de acabar de enterrar el hacha de la guerra y el terrorismo de todas las partes. Los cubanos tenemos que alcanzar ser una sociedad como la de los Estados Unidos y otras naciones civilizadas que sepa convivir con el arcoiris político, el consenso, balance, las ideas y razones. Un país donde se quiera vivir y no abandonar. Estamos esperanzados en ello.

Por favor. ¡Escúcheme, Presidente George Bush! Le propongo su más pedagógica lección de bondad y comprensión hacia el pueblo cubano: perdone nuestros brutales métodos de violencia y terrorismo en su país. Trace usted una raya, critique duramente las salvajes acciones de cubanos de ambos bandos encauzados y presos acertadamente por muchos años en los Estados Unidos, y bajo el compromiso de ellos y la vigilancia del pueblo cubano de ambas orillas, logremos que esas acciones terroristas no se repitan nunca más ni aquí, ni en Cuba.

Le pido, Presidente George Bush, su perdón presidencial para los cubanos Eduardo Arocena, Luis Posada Carriles, Santiago Álvarez, Osvaldo Mitad y los cinco presos del régimen de Cuba.

Técnicamente quizás ninguno merezca la libertad por los horrorosos crímenes que cometieron, pero una crítica pública a sus acciones y un perdón suyo —después de cumplir muchos años— sería un gesto noble y de enseñanza de su país hacia el nuestro sobre lo que no se debe hacer, también su acción puede ser la pagina final de un largo y feo capítulo de violencia y terrorismo de la historia cubana.

Lic. Oscar Peña

Activista Cubano de Derechos Humanos


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