Actualizado: 25/10/2021 18:08
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Crónica

Permisividad con el público gay en algunos centros nocturnos

Si el gobierno no censura lo que está sucediendo en sus locales y admite que surjan otros, las fiestas clandestinas desaparecerán, dijo un cliente habitual de estos circuitos

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En una ciudad sin bares, discotecas ni circuito para los homosexuales, la comunidad gay de La Habana empieza a encontrar su espacio en algunos centros nocturnos estatales que están desbancando a las fiestas clandestinas.

Aunque son pocos, esos locales han acaparado la atención del público homosexual, cuya mejor opción para reunirse antes era acudir a las fiestas y espectáculos de transformismo ilegales, pasando el aviso de boca en boca.

Muy cerca de la Plaza de la Revolución, el Café Cantante Mi Habana es considerado la meca de la movida gay los fines de semana, con un espectáculo variado.

En la noche de un lunes de marzo, el suelo del conocido Piano Bar Habaneciendo, ubicado en el centro de la ciudad, tiembla con unos 200 clientes, la mayoría gays, que saltan y bailan al ritmo de Shakira y su éxito Loca, mientras afuera aún hay cola para entrar.

Por su parte, en el antiguo cabaret Las Vegas, parejas y amigos del mismo sexo se reúnen los jueves a medianoche para presenciar una función conducida por Imperio y Margot, dos de los transformistas más famosos del país.

Las Vegas funciona como el primer —y hasta ahora único— centro nocturno estatal que presenta regularmente shows de transformismo en La Habana, con el auspicio del Ministerio de Cultura.

Según indicó la especialista del oficialista Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), Ada Alfonso, en la Isla “no hay lugares gays, pero las personas se han ido apoderando de espacios que ya existían ante la necesidad de compartir desde otro sitio”.

En su opinión, lo que ha ocurrido en los últimos meses es que algunos locales estatales se han hecho “amigables” para la comunidad gay y no se han “espantado” ante la presencia de parejas del mismo sexo.

Alfonso resaltó que, históricamente, las plazas nocturnas que han funcionado para los gays son lugares que operan de modo ilegal, incrementando “la vulnerabilidad social” de los homosexuales.

Su percepción es que el fenómeno actual está muy relacionado con la “sensibilidad particular” de las administraciones de esos sitios estatales, y también con el trabajo de educación sexual que se ha realizado en el país.

El director del Café cantante Mi Habana, Luis García, admitió que, efectivamente, la popularidad que ha alcanzado ese local entre el público gay obligó a “un cambio de mentalidad de todo el personal”.

Hace seis meses el Cenesex, institución oficial dirigida por Mariela Castro, hija del presidente Raúl Castro, y el Ministerio de Cultura firmaron un convenio cultural que abrió el escenario de Las Vegas a los artistas del transformismo, en un proyecto orientado a todos los públicos y con propaganda de prevención sanitaria dentro del show.

Miembros de la comunidad LGTB de la Isla consideran que esos centros nocturnos “han roto barreras” y aseguran que hay “normas” implícitas para preservarlos.

Malú Cano, una activista de los grupos Trans, dijo que como norma “el que forme problemas no vuelve a entrar” a esos sitios, porque la comunidad no está dispuesta a perder el terreno ganado.

Juan Manuel, de 44 años y quien dice haber conocido todo el circuito ilegal de La Habana en busca de diversión, cree que no hay que pasarse de “optimistas”, pero admite que hay cambios tangibles.

Según dijo, el “reinado” de las fiestas clandestinas perdió mucho terreno y si el gobierno no censura lo que está sucediendo en sus locales y admite que surjan otros, simplemente desaparecerán.

“Ahora en estos lugares nuevos no te tienes que esconder ni estar con el susto de que llegue la policía”, explicó.

Además, añade, “los custodios y los gastronómicos se portan muy bien a pesar de que a su alrededor está sucediendo algo nada común en Cuba: hay hombres bailando con hombres”.


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