Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Publican un libro sobre el movimiento cubano de periodismo independiente

El autor, Julio San Francisco, narra pormenores de este movimiento en cuyos orígenes participaron Rafael Solano y Raúl Rivero

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El periodista cubano Julio San Francisco cree que el desafío de sus colegas disidentes, de los que viven en la Isla y de los expatriados, consiste en seguir luchando por la libertad de prensa “hasta que llegue la transición a la democracia”.

San Francisco es el autor de Apuntes para el estudio del Movimiento Cubano de Periodismo Independiente, su octavo libro, que acaba de poner a la venta en Internet y en el que narra pormenores de este movimiento en cuyos orígenes participaron Rafael Solano, Raúl Rivero y él mismo.

“Quería contar la historia del movimiento antes de que se perdiese”, dijo este martes el periodista, al recordar el nacimiento de Habana Press, la primera agencia cubana independiente de noticias “privada y libre”.

San Francisco explica que ese proyecto sólo duró un año, al cabo del cual, después de presiones contantes por parte de las autoridades cubanas, sus integrantes afrontaron penas de treinta años de cárcel.

El autor recuerda cómo las políticas aperturistas de la perestroika y la glasnost generaron una serie de cambios en las publicaciones periódicas procedentes de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Las revistas “parecían otras”, dice San Francisco, y añade que a través de esas publicaciones que llegaban a la Isla empezaron él y sus colegas a tener “noticias de los crímenes del comunismo”.

A partir de ahí, los periodistas oficiales cubanos empezaron “a disentir” y decidieron hacerle frente al régimen informando de lo que sucedía en Cuba desde sus propios puntos de vista.

“Nos arrestaron varias veces; a Rafael Solano lo tuvieron detenido en ocho ocasiones a lo largo de un año”, dice San Francisco.

Este periodista recuerda que la primera noticia que transmitió desde la agencia fue la muerte de su madre, fallecida en La Habana ante la falta de una medicina que necesitaba para controlar su tensión arterial.

Esa información era subversiva, dice, porque denunciaba cómo “en la potencia médica cubana una persona moría por la falta de unas tabletas para la tensión alta”.

Entre otros motivos, la agencia también fue precursora, afirma el periodista, porque envió a las emisoras de Miami las noticias que el Gobierno de Cuba ocultaba; informaciones que eran escuchadas de forma clandestina en la Isla, “sobretodo por las noches”.

Además de las noticias destinadas a las emisoras de la Florida, Habana Press producía noticias destinadas a las radios locales Mambí y Martí.

El autor recuerda también la presión policial a que fue sometida la agencia, con grupos de la policía política “vestidos de verde olivo, portando armas largas y pasando el día dando vueltas cerca de la sede de la agencia, haciendo chillar las ruedas de sus patrullas”.

Otra medida contra los periodistas afectó la casa de San Francisco, que durante 43 días tuvo el teléfono pinchado día y noche: “Trece timbrazos cada veintiún minutos las veinticuatro horas del día. No se podía saber cuál era la llamada de un amigo que nos llamaba desde el exterior, y teníamos que cogerlo”.

Todos estos y otros recuerdos consignados en Apuntes para el estudio del Movimiento Cubano de Periodismo Independiente conforman una parte de la historia de Cuba que San Francisco no quiere que se pierda.

Julio San Francisco cree que “la lucha” de los periodistas cubanos disidentes, enfrentados todos “a un Estado todopoderoso y perfectamente totalitario”, es la misma para los están dentro o los muchos que viven “desterrados” en muchos lugares del mundo.

Y destaca cómo, “cuando acabaron” con Habana Press, en octubre de 1997, ya existían otras siete u ocho agencias en la Isla, y hoy su número ha crecido hasta unas cincuenta en las catorce provincias de Cuba.


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