Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Reportaje

'¿Qué crisis internacional? En Cuba tenemos 50 años de estar en crisis'

Los ciudadanos se quejan de las últimas 'restricciones', que incluyen menos comida, más esperas de la guagua y apagones.

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AFP/ La Habana. Menos frijoles y sal en la bodega, más esperas de la guagua y calores sofocantes en los centros laborales: la crisis económica golpea a los ciudadanos en la ya de por sí difícil vida cotidiana.

Frente al mostrador, con su canasta de palma aún vacía, Luisa Suárez, de 67 años, se resigna a la nueva disposición del Ministerio de Comercio Interior, que redujo a partir de este mes la cuota mensual de algunos productos comprados con la libreta de abastecimiento.

"Claro que afecta, pero ya estamos acostumbrados a vivir en estas agonías. Al final los frijoles que nos daban sólo me daban para un potaje", dijo la mujer en una bodega de la Habana Vieja.

Estampada en letras negras en la pared, un anuncio —entregado a todas las bodegas—explica que la cuota de frijoles y chícharos se reduce de 30 a 20 onzas y la de sal prácticamente a la mitad.

"Nos dijeron que esto se debe a la difícil situación económica, pero no sabemos si se extenderá a otros productos", dijo, bajo anonimato, el administrador del almacén.

Los ciudadanos, cuyo salario promedio mensual es de 400 pesos (17 dólares), compran con "la libreta" una canasta básica (arroz, azúcar, aceite, huevos y otros). Lo demás se resuelve en el mercado negro o en las tiendas de altos precios en divisa internacional.

"¿Qué crisis internacional? En Cuba tenemos 50 años de estar en crisis. Estoy cansada de oír justificaciones a los problemas de siempre", dijo una odontóloga de 28 años.

El gobierno de Raúl Castro ejecuta un programa de austeridad y ahorro. Como parte de los ajustes, dispuso descentralizar el comercio agropecuario a partir del 1 de agosto para garantizar mayor acceso de la población a la comida, en un país que importa el 80% de la que consume y gastó 2.500 millones de dólares en 2008 en compra de alimentos.

Ana Orosco, una artesana que vende muñecas de trapo en el céntrico bulevar de Obispo y puede ganar hasta 30 dólares por jornada, dijo: "La crisis está tocando nuestras puertas".

"Aquí el que tiene un negocio saca dinero, pero el que vive de un salario (estatal) la tiene muy difícil", comentó Orosco, costurera de 60 años que comenzó a hacer sus muñecas forzada por la crisis de los años noventa.

En lo inmediato, el transporte volvió a "ponerse malo", pues se frenó un lento pero millonario proceso de recuperación iniciado en 2004.

"Mejoró muchísimo en un tiempo, pero ahora las guaguas están malas otra vez", dijo una joven que estudia en una escuela de deportes de Cojímar, sin dar identidad.

"Padrino, quítame la sal de encima. Confiemos en que no vendrán los viejos tiempos difíciles", dice tarareando un reguetón de moda.

Sudorosa detrás de la vidriera de un comercio de La Habana, Yakelín Rodríguez, de 44 años, se queja del plan de ahorro energético que también entró en vigor este mes.

En su trabajo, como en muchos otros, sólo se puede encender el aire acondicionado cuatro horas en las tardes. "No soy hipertensa, pero estoy al morirme con este calor", manifestó.

Bajo el lema "ahorro o muerte", el gobierno lanzó una campaña contra el "derroche y la improductividad", según dijo.


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