Actualizado: 13/12/2019 11:14
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Internet, Tecnología, Represión

Reprimir cuando el futuro ya es presente

No hay una nueva “batalla ideológica” en Cuba, sino una lucha contra la tecnología

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El gobierno de La Habana continúa utilizando la represión como otro medio para distraer la atención de los graves problemas económicos que afectan el país.

El instrumento utilizado para poner un límite a las actividades de opositores, activistas, blogueros y periodistas independientes es conocido y antiguo: la intimidación, ya sea mediante advertencias, arrestos preventivos o encausamientos, y el empleo de turbas para llevar a cabo los tristemente célebres actos de repudios. La calle es la línea que define el paso que el Gobierno de los hermanos Castro no permite dar a la oposición. La eficacia de sus métodos se fundamenta en la supervivencia en el poder de quienes los ordenan.

Lo que una vez más quiere el Gobierno cubano es delimitar el conflicto en los marcos de una confrontación tradicional. Este afán de control le resulta tan necesario como siempre, y en especial en un momento en que las actividades de un grupo de blogueros, relativamente jóvenes en su mayoría —algunos con el apoyo explícito de Estados Unidos y otros no— están desarrollando formas alternativas de manifestar inquietudes, como el descontento generalizado con la situación del país y el intercambio de información con el exterior, que en muchas ocasiones no transitan el camino de la confrontación directa sino la crítica puntual o el objetivo de poder expresarse con independencia de las posiciones oficiales, con independencia de sus criterios no expresen un rechazo vertical al sistema imperante.

El rechazo gubernamental a este grupo reducido, pero que representa un sector de la población mucho más amplio, se ha mantenido constante, con momentos de mayor intensidad represiva como han sido estas últimas semanas.

Resulta claro que, para el régimen castrista, no hay distinciones ni matices a la hora de atacar a la oposición pacífica o incluso a la existencia de criterios independientes. Es más, se siente más cómodo cuando tiene que lidiar con una oposición que podría considerarse más tradicional.

Una de las características de este grupo de blogueros y activistas es su demostración de una independencia no solo de las opiniones y actitudes de buena parte del exilio cubano, especialmente la comunidad residente en Miami, sino también de una disidencia que podemos llamar tradicional, histórica o vertical.

Es en este sentido que el Gobierno cubano se sirve de la represión no solo para encerrar, aunque sea temporalmente, a quienes denuncian injusticias y tratan de hacer valer sus criterios independientes, sino también para tratar de evitar que blogueros, periodistas y activistas independientes dediquen más tiempo a la actividad de información.

La información de los graves problemas como la falta de liquidez y la incapacidad de avance en la producción agrícola, que experimenta la nación; los problemas que enfrenta la población, las necesidades que llevan décadas sin poder satisfacerse por parte del ciudadano de a pie o incluso lo ocurrido tras el paso del huracán Matthew por el oriente de la Isla, se ven obstaculizados o censurados no solo por la represión informativa en general, sino por una jerarquización noticiosa, que prescinde del análisis frente a la denuncia, necesaria pero nunca suficiente a la hora de explicar el panorama cubano.

Sin intentar establecer diferenciaciones absolutas, lo que está intentando el Gobierno es convertir una crisis económica, con fundamentos políticos, en una lucha ideológica. Si bien puede imponer sus criterios, desde el punto de vista de representación de la noticia en los medios oficiales, las posibilidades abiertas tras la ampliación creciente de los servicios de Internet, teléfonos móviles o celulares y todas las formas de difusión de información que ya no son ajenas a Cuba, hacen que esta batalla “ideológica” resulte imposible de limitar simplemente con el poder de la censura. No es una nueva “batalla de ideas”, es una lucha contra la tecnología. Y limitar el avance tecnológico es imposible en un país que depende cada vez más del extranjero, no solo en cuanto a inversiones que muchas veces no se concretan, sino en una apertura económica al mundo imposible de detener para su supervivencia.


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