Actualizado: 23/07/2019 14:59
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Prensa, Periodismo, Matthew

Un duro oficio

El Gobierno cubano ha transformado el original celo gremial del oficio en censura y represión: a los informadores independientes no solo se les prohíbe, también se les encarcela

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Duro oficio el periodismo. ¿O no? Depende. En México es decididamente una labor peligrosa, así como en muchos países latinoamericanos. En Cuba le ha costado largas condenas a algunos, aunque luego se han beneficiado con una especie de amnistía que no es tal, como durante los diversos procesos de excarcelación de las víctimas de la ola represiva conocida como la “Primavera Negra”.

El problema del periodista en un país totalitario o autoritario es que casi siempre tiene pocas ventajas y grandes limitaciones.

Desde el punto de vista de la práctica y preparación, en una nación democrática no hay graves problemas.

No es un oficio especialmente difícil de desempeñar, que requiere largos años de aprendizaje. Digamos que alguien con conocimientos elementales de gramática y una cultura general de lo que ha ocurrido en el mundo —sabe, por ejemplo, que Colón “descubrió América”— puede convertirse en periodista en menos de seis meses. No necesita más.

Claro que ser un buen periodista o un notable periodista investigativo o un destacado articulista es otra cosa, pero eso pasa en todas las profesiones.

En Cuba la profesión de periodista se quiso preservar siempre con un “carnet” —en Centro y Suramérica también—, y el apego a dicha norma —no libre por otra parte del objetivo de preservar la entrada a la profesión— permitió que algunos buenos periodistas cubanos no fueran, durante una época, periodistas autorizados.

Tal el caso de Guillermo Cabrera Infante.

El exilio de Miami ha reducido la pompa y circunstancia de pertenecer al oficio a un simple banquete anual, al que asisten muchos de los que en esa ciudad no ejercen realmente el oficio, pero nada hay de extraño en ello.

El Gobierno cubano ha transformado ese celo gremial en censura política. Ahora, tras el paso del huracán Matthew por la Isla, no solo ha prohibido sino arrestado a quienes han tratado de brindar información de forma independiente.

Lo primero a señalar es que la cobertura, por parte de la prensa oficialista, ha sido tan deficiente como cabría esperarse: del ditirambo al silencio poco se ha avanzado en este sentido. Y la de los corresponsales extranjeros casi inexistente.

Así que, desde el punto de vista noticioso, es lógico esperar que mucho ha quedado sin cubrir.

Pero para el periódico Granma este intento es simplemente una “provocación”.

Los que de forma independiente buscaron información fueron en realidad una especie de agentes espías: “Realizaron actividades, en las cercanías de la ilegal Base Naval que Estados Unidos mantiene en la provincia de Guantánamo, en contra de la voluntad de su pueblo, y que nada tenía que ver con las zonas más dañadas por el huracán”, considera Granma.

Cabe preguntarse si ese ejercicio recurrente a la torpeza no termina por causar daños celébrales permanentes a quienes lo realizan. Pero afortunadamente no es así. En muchos casos terminan en Miami y con un poco de suerte se reincorporan a labores distintas pero similares.

Mientras en el periódico Granma del jueves se escribía en contra de quienes “actuaron sin autorización previa, como lo exige un momento de contingencia y en el cual el país tomó todas las medidas como corresponde a una situación emergente igual que lo hacen todas las naciones del mundo”, en Cubadebate se enfatizaba que la “autonomía para actuar fue probablemente una condición que permitió la fusión eficaz de la prensa a la estrategia nacional de enfrentamiento al huracán”.

E incluso se iba más lejos en Cubadebate: “La experiencia mediática más reciente confirmó virtudes frente al vendaval y frente al modelo de prensa dominante en Cuba, regido tradicionalmente por un método o estilo de administrar la información, cuya ineficacia y agotamiento argumentó Julio García Luis en el libro Revolución, socialismo, periodismo”.

La contradicción se entiende cuando se sitúa a la prensa oficial cubana en una posición plenamente defensiva. Y ello es un logro no solo de los periodistas no gubernamentales y sitios como 14ymedio y CubaNet, sino de los cambios que determinan el ejercicio de la labor en el mundo de la Internet y los teléfonos móviles o celulares. Y contra los cuales el Gobierno de La Habana carece de argumentos más allá de la burda represión, y se contradice en sus propios medios noticiosos.


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