Actualizado: 16/11/2018 9:59
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Panamá, Emprendedores, Comercio

Una nueva vía para los emprendedores cubanos

No estamos ante un cambio fundamental, una medida tendiente a dinamizar la economía y tampoco un fuerte indicador de transformación para la sociedad cubana, pero sí ante un signo interesante que muestra la real situación cubana

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La tarjeta de turismo, para cubanos que viajen a Panamá fundamentalmente con el objetivo de realizar compras, aunque un “experimento” tímido y limitado, no deja de ser interesante dentro del desolado panorama económico de la Isla.

Primero hay que dejar claras las limitaciones: los cubanos que podrán viajar sin mayores dificultades al país centroamericano son aquellos que previamente hayan adquirido un pasaje aéreo ida y vuelta Panamá-Cuba; que posean un carné de trabajador por cuenta propia; que tengan un certificado de creadores (artesanos) o que hayan viajado anteriormente a Panamá o a otro país, de acuerdo con las disposiciones oficiales. Los que cuentan con una visa panameña no necesitarán el carné de compras.

Es decir, no estamos ante un cambio fundamental, una medida tendiente a dinamizar la economía y tampoco un fuerte indicador de transformación para la sociedad cubana.

Dicho esto, queda lo interesante. Con esta iniciativa, el Gobierno panameño ha abierto una vía para ayudar en sus negocios a los emprendedores cubanos. Por supuesto, no es una labor desinteresada ni guiada por un ideal político de contribuir al establecimiento de una sociedad democrática en Cuba. Lo hace para vender más artículos en tiendas panameñas a los cubanos. Pero esto es lo propio del capitalismo.

Panamá, según su propio presidente que acaba de visitar la Isla, apoya el desarrollo de la esfera de producción privada en Cuba, pero acatando las pautas dictadas por el Gobierno de La Habana (esto también lo ha dejado claro el mandatario panameño).

Así que el análisis aquí es económico. La sociedad civil, los derechos humanos y la democracia quedan fuera —aunque, por supuesto, ello nos disguste.

Sin embargo, desde esta esfera puramente mercantil hay detalles a considerar, y que son positivos para quienes viven en Cuba.

El primero es que, por primera vez en décadas, los cubanos entran en un grupo del que por muchos años han sido excluidos: los viajeros con dinero para comprar en el extranjero.

Estos cubanos, además, no son en su mayoría funcionarios, agentes gubernamentales o delegados partidistas. Aunque necesariamente obedecen las reglas políticas establecidas en Cuba, no son directamente “instrumentos” del Gobierno.

Panamá les brinda una forma de poder adquirir lo necesario para sus labores o pequeños negocios, sin tener que depender exclusivamente de las empresas estatales cubanas. Es decir, una vía para, de una forma capitalista, escapar a la ineficiencia de la economía (mal) planificada cubana. Y lo que es también interesante es que el Gobierno de La Habana —a regañadientes o porque no le quedan muchas ocasiones en un sistema agobiado por la falta de recursos y liquidez— se ha mostrado de acuerdo en permitir esta vía.

Por ejemplo, la información sobre este “carné de compras” no ha aparecido en la prensa oficial de la Isla, solo en Cubadebate, que en gran medida es para consumo externo. Así que La Habana accede, pero no celebra o divulga. Solo que este acceder no era concebible apenas una década atrás.

Para un gobierno que en declaraciones y hechos reitera a diario el rechazo al “enriquecimiento” de los miembros de la producción privada, no deja de ser un atisbo de apertura el que ahora viajen al extranjero a comprar productos.

Pero, además, si esta vía de adquirir suministros llega a establecerse y durar —de hecho, existen otras con una función similar, pero más “discreta”, como Miami, Guyana y otras naciones centroamericanas— será otra demostración palpable del error repetido de no abrir un mercado mayorista estatal para la producción privada.

En última instancia, y por supuesto desde el punto de vista estrictamente económico, el Estado cubano pierde dinero, ingresos necesarios, divisas, con el no permitir un mayor desarrollo del sector cubano: la ideología, la política limitando el desarrollo económico.

Digamos entonces que el Gobierno de Díaz-Canel explora tentativamente algunas vías de un semi modelo chino o vietnamita dentro de la pobreza. Y en ese tira y encoge transcurre la supervivencia de los cubanos. Pero una supervivencia cada vez más dependiente del capitalismo. Aunque Raúl Castro aún aparezca de vez en cuando en la primera página de los periódicos, para, por ejemplo, despedir a Nicolás Maduro, y recordarle así a los cubanos de su presencia, de que siempre está ahí.


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