Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Lo que dejó 2007

Victorias pasadas, retos futuros

Pekín 2008: ¿Confirmación de la decadencia del deporte en la Isla o nuevo despegue de sus potencialidades?

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El fogueo y confrontación permanente que permiten las más importantes ligas profesionales viene a ser la causa de que la élite del voleibol femenino, reducida durantes años a tres o cuatro equipos de vanguardia, se vea animada por varias potencias emergentes que enriquecen y complejizan el panorama competitivo internacional e incluso continental, donde son varios los equipos que hacen resistencia a los elencos establecidos.

Los comentaristas de la televisión de la Isla insisten en que el equipo tiene potencial para imponerse. Pero ese reconocido talento que tantos lauros y admiración conquistó durante años, sólo puede concretarse en nuevas victorias si el voleibol femenino logra ponerse a la altura de las exigencias actuales de un deporte en pleno desarrollo. Los que juegan tienen toda la capacidad y el deseo, los que mandan tienen la pelota en su terreno.

Jugaron mejor que nosotros

El equipo norteamericano que enfrentó a la selección nacional en la final de la Copa Mundial de Béisbol, en Taiwán, lució muy superior. Cuba, que era la favorita precompetencia, no pudo repetir la victoria alcanzada en estos certámenes desde que en la década del cincuenta del siglo pasado se estableció como líder indiscutible del béisbol amateur a nivel mundial.

Esta nueva derrota se suma a las sufridas el año pasado en certámenes de primer nivel y parece demostrar que la hegemonía beisbolera ya no está segura.

Cualquiera puede decir que un solo país no puede acaparar todos los lauros en un deporte, pero en la Isla la pelota es un sentimiento y una razón política. El gobierno ha azuzado durante años una especie de chovinismo beisbolero que impide a autoridades y aficionados reconocer que no sólo los contrarios han crecido en maestría, sino que es evidente la merma en la calidad de los jugadores élites del patio en comparación con años atrás.

Ello se refleja en los resultados ante los adversarios mejor preparados, y también en la ostensible disminución del potencial ofensivo del equipo, otrora temido por su incontenible fuerza al bate o su incapacidad de arrollar a los contrarios de menor calidad, en este caso Alemania y Tailandia.

El asunto se complica para las aspiraciones de los isleños, no sólo porque son los únicos que no participan del fogueo y el desarrollo que proporcionan las mejores ligas profesionales del mundo, o porque muchas de las estrellas han escapado para demostrar su talento en esos escenarios que los regentes del deporte insisten en desconocer; se complica porque las autoridades deportivas y políticas, que son las mismas, se muestran incapaces de admitir la situación y los peligros futuros que enfrenta el deporte y la pretendida hegemonía universal.

La explicación oficial por esta derrota fue que los contrarios "jugaron mejor". Falta el análisis profundo y consecuente de las deficiencias y carencias que amenazan con convertir la hegemonía beisbolera cubana en cosa del pasado.

Gracias al fogueo profesional, incluso los países de menor tradición pueden presentar equipos e individualidades de creciente calidad —en el certamen recién concluido, Italia venció a Estados Unidos y Holanda a Cuba—, y los sustitutos de las grandes estrellas que animaron el béisbol nacional en las décadas del setenta, ochenta y noventa del siglo pasado no han aparecido todavía.

No se puede dar la espalda a la realidad y a la vez pretender mantener una hegemonía que nada tiene que ver con los tiempos que corren. En Cuba, ese deporte no tiene opción: o cambia para abrirse a los nuevos retos y horizontes o las victorias serán sólo un recuerdo grato pero insuficiente de un pasado glorioso pero irrecuperable.

El próximo año, al cumplirse el aniversario 30 de las grandes victorias de 1978, el deporte enfrentará su más grande compromiso en los Juegos Olímpicos de Pekín. La capital del gigante asiático puede ser el escenario de la confirmación de esa decadencia lamentable y evitable, o de un nuevo despegue de las potencialidades de los atletas de la Isla, ahora limitadas por el control y la manipulación política.

Los aficionados conservan la esperanza. Está por ver si los que mandan tienen el valor de tomar la decisión correcta.


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