Actualizado: 26/11/2022 10:59
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Tres para Lezama

A treinta años de la muerte del autor de 'Paradiso', el 9 de agosto de 1966.

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Nada limbal resulta la escritura de Paradiso, sus meditaciones —potenciadas por su catolicismo—, al exaltar la poesía privilegian la intuición, lo sensorial sobre lo racional en una sinestesia donde crean la vivencia oblicua y el súbito, es decir, donde sublima lo que llama imago estelar.

Los más vigorosos lectores de Lezama saben que se trata de un poeta cuyo centro es la imagen, con predominio de las visuales: la "materia artizada". Y que tal vez sugiere las fases de su Curso Délfico —disfruté ese privilegio único— como forma de leerlo, desde los consejos de Editabunda en el capítulo IX de Oppiano Licario.

El protagónico es el Lenguaje —Oppiano Licario: la obra icárica—, dentro de una estructura bastante sencilla y de sus burlas a las verosimilitudes "realistas", a los referentes exógenos. Por ello quizás exija una hermenéutica que vaya de la obertura palatal al horno transmutativo y la galería aporética: las tres fases en espiral del Curso Délfico que empieza con Las mil y una noches para terminar —reempezar— con el Timeo.

Como intento desarrollar en mi tesis de doctorado ( José Lezama Lima: el azar concurrente), y he podido verificar al impartir cursos de maestría y licenciatura sobre su obra, la sensibilización epicureísta es la que permite una recepción transformadora de cada signo —desde la tríada Cemí-Fronesis-Foción hasta los sueños y divertimentos…—, hacia la formación individual de un haz de preferencias que se saben aporías porque suelen oscilar, cambiar de posiciones, engendrar novedosas asociaciones. Hasta que recomienza a girar con inéditas oberturas, transmutaciones, galerías.

Comparto una experiencia. Mis últimas relecturas de la novela siempre empiezan por las páginas que corresponden al Curso Délfico. Los estímulos que me dejan son los que cualifican mis percepciones. Aunque sé que mis recuerdos de adolescencia y juventud junto a Lezama ejercen una inevitable influencia exegética, me parece que en ese contrapunteo mágico —los enigmas del azar— está "la biblioteca como dragón", la aventura que no cesa.

Desde allí interiorizo otra vez su lenguaje inconfundible, inimitable hasta en las parodias que siempre suscita. Porque si algo desea Lezama en su poética manierista —dentro de la constelación barroca— es fundar imágenes posibles. El cristal tiene que ser "fija brisa", "agua dura"; el transcurrir inexorable del tiempo tiene que ser "como de quien oye el tic-tac del tiempo sonando como un puño de azabache"; una ventanilla tiene que ser "poliedro aleteante"…

Escritor, además, inconfundiblemente habanero, cosmopolita y supersincrético —frente a nuestra capital dobla la Corriente del Golfo—, algunas de sus reflexiones parecen escritas para este verano del 2006 en nuestra desgarrada patria: "Todo lo hemos perdido, desconocemos qué es lo esencial cubano y vemos lo pasado como quien posee un diente, no de un monstruo o de un animal acariciado, sino de un fantasma para el que todavía no hemos invencionado la guadaña que le corte las piernas".

La síntesis súbita de su obra —sin dividirla por géneros— también incluye la ironía. Lezama supo extrañarse de casi todo, aunque algunas voces atendibles lo nieguen. Hasta de sí mismo. Mordaz y carnavalesco, se burla siempre de la pedantería: "su víctima es el desenvuelto parroquiano de las librerías, que tiene que soportar aquella inundación de citas, frenesí, profecía, errancia y desfile de una suntuosa colección de taladros y alfileres de tortura".

Tal vez otro buen homenaje a su imago estelar sea siempre leerlo a sabiendas de que nada tiene que ver ni con la pesadez circunspecta ni con la petulancia agarrotada. Su reticencia también fue única, como buen hedonista. ¿Habría que citar la cena de doña Augusta en el capítulo VII de Paradiso? ¿No hay algunas citas de filósofos alemanes que al parecer fueron inventadas? ¿Acaso no centra uno de los sesgos de La expresión americana —las célebres conferencias que dictara en 1957— en nuestra disidente capacidad asimilativa?

Y es que siempre pide que cuando lo leamos recordemos que "Sólo lo difícil es estimulante; sólo la resistencia que nos reta, es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento".


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