Actualizado: 16/09/2019 12:05
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La vida siempre te da una revancha

Veinte años después del oscuro proceso contra los peloteros Rey Vicente Anglada y Eduardo Herrera.

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Centrada en dos deportistas, en el destino que acariciaron y amaron, la que sigue es una historia paradojal —con costados sombríos y otros dignos de admiración—, generada por una enorme injusticia. Estos hombres, que ponemos aquí en lugar de otros igualmente inocentes en el mismo caso, no reaccionaron contra la arbitrariedad de la forma en que lo haría después, por ejemplo, Orlando Hernández. Sin duda sintieron un profundo desprecio contra el régimen que empujó sus vidas hacia el vacío y la desesperanza. Tan rápido como pudo, El Duque actuó: ellos esperaron.

(Al igual que al torpedero Germán Mesa, Orlando Hernández fue separado del béisbol "indefinidamente". A poco más de un año de aplicada la sanción, viajó por mar —clandestinamente— rumbo a Estados Unidos, junto con Alberto Hernández, otro jugador sancionado, sin lazos familiares con El Duque. Luego de dos años, a Germán se le permitió volver a jugar, y se ganó, de nuevo, la franela del equipo Cuba. A los tres se les acusó de entrar en negociaciones con el buscador de talentos Juan Ignacio Hernández Nodal, quien enfrentó una dilatada condena).

Luego de muchos años, los mismos que se equivocaron, los verdugos, los que segaron por la raíz sus fantasías, les concedieron la oportunidad de volver a soñar, aunque entrando por la puerta trasera de aquellos sueños. Lo raro aquí reside en que no fueron las víctimas las que perdonaron, luego de recibir público desagravio.

El régimen no abrió la boca, no se disculpó por su error y no lo hará nunca. Al faltar el mea culpa, se crea la imagen de que es el sistema el que compadece, el que se apiada y absuelve de pecado, como Dios omnipotente.

Nuestros personajes son dos deportistas a quienes la política ha interesado poco. Son de los que no indican al sistema, sino a ciertas individualidades o grupos, a determinados mecanismos. Al contrario de muchos en la Isla, la opción de estos dos hombres no fue irse, convertirse en cimarrones, fugarse de un país donde su vida había perdido el timón y el ala. Ambos se quedaron, a pesar de los pesares. Yo, por ejemplo, jamás hubiera actuado como ellos.

Quien permanece en Cuba y no le atrae la política, con el tiempo aprenderá lo estratégico que resulta callar en el momento preciso, coincidir, aplaudir, bajar la cabeza. Nuestros protagonistas no se permitieron imprudencias más allá de la lógica defensa personal. Pasado lo peor, ahora de ningún modo se las permiten.

En malos pasos

1982 es un año decisivo en la biografía de Rey Vicente Anglada y Eduardo Herrera, mejor conocido por Eddy. Ambos juegan béisbol para los equipos de la capital. El primero ha regado su fama por la Isla desde los 19 años. Para la fecha, cuenta diez en la pelota más importante de Cuba.

Al segundo lo conocí personalmente, hablábamos con libertad, éramos dos entre un grupo de amigos de barrios colindantes, aficionados y jugadores. Coincidimos frecuentemente en el Círculo Social Armando Mestre, antiguo club de los ferreteros.

En los placeres, en los días de la secundaria, cuando Eddy bateaba "por el suelo" resultaba prácticamente una sorpresa sacarlo out. Siempre fue demasiado rápido. Recuerdo que a la gente que él apreciaba no le llamaba hermano, sino hermanón. Nuestra relación con este implicado en el caso que abordaremos ayudará quizá a comprender aquellos eventos.

Los agentes de la Seguridad del régimen, sin embargo, sospechan de Anglada desde antes de 1982. Lo han visto en malos pasos. Resulta que Bárbaro Garbey, pelotero también estrella y su amigo de años, decide aprovechar la estampida en la que, en 1980, más de 25.000 cubanos abandonarían el país por el puerto de Mariel.

Miembro de una estirpe de deportistas, Garbey enfrenta el riesgo y se presenta a la autoridad con el propósito de marcharse a Estados Unidos. Se imaginaba jugando en Grandes Ligas, midiéndose con lo más granado del béisbol universal y deseaba, obviamente, garantizar materialmente su futuro y el de su familia.


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Rey Vicente Anglada, actual manager de IndustrialesFoto

Rey Vicente Anglada, actual manager de Industriales.

 

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