Actualizado: 10/12/2018 18:40
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Celia Cruz, Cuba, Música

Celia Cruz, Castro y Cabrera Infante

Algunas respuestas de Celia Cruz a su biógrafo Umberto Valverde

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Un grupo de respuestas que la cantante Celia Cruz le dio a su biógrafo, Umberto Valverde, en 1980 aparecieron luego publicadas, en la revista BOCAS en julio de 2013 y ahora las reproduce El tiempo.

Entre ellas, CUBAENCUENTRO ha seleccionado varias, por el interés de los temas tratados para sus lectores.

¿Cómo recibió el triunfo de la Revolución?

Yo estaba presentándome en el cabaret El Afro, en México. Regresé el 28 de enero y encontré que todo era distinto. No sólo empezó a morir el ambiente de farándula de antes, sino que ellos se convirtieron en el control total de los eventos que se realizaban. Mis amigos de la Sonora Matancera y yo entendimos que no teníamos futuro en Cuba.

¿Recuerda su primer encuentro con Fidel Castro?

Un famoso periodista de la revista Bohemia, Quevedo, nos invitó a su casa en los inicios de 1959. Yo estaba al lado del piano, cantando, y de repente sentí que los asistentes se revolotearon por la presencia de una persona. Era Fidel Castro. Quevedo se acercó y me dijo que Fidel me quería conocer porque en la sierra escuchaba “Burundanga”. Con respeto le dije a Quevedo que como cantante mi lugar era cerca del piano y que si quería conocerme que viniera hasta acá. No sé si él lo supo o no, pero nunca vino.

¿Cómo salió “la Sonora” de Cuba?

Me conseguí un contrato de varios meses para La Terraza de México y la Sonora Matancera para el Teatro Lírico. El 15 de junio de 1960 salimos en un avión con la Sonora Matancera. Cuando el vuelo atravesó aguas internacionales, Rogelio nos dijo a todos: “Este viaje no tiene retorno”. Me angustiaba la situación de mi padre, que se encontraba muy mal. También Ollita, mi madre, no tenía aliento para aguantar. No habíamos cumplido un mes en México, cuando murió mi padre, a los 78 años. Intenté regresar, pero se atravesó la invasión a Bahía Cochinos. Ya en ese momento era la novia oficial de Pedro; él me apoyó en todo. Hablé por teléfono con mi mamá, Ollita, quien, muy dolida, me dijo: “Ven porque me voy a morir sin verte”. El 7 de abril de 1962 murió y yo estaba haciendo un show que saqué adelante a pesar de todo. Al otro día me quise regresar a Cuba, pero no me lo permitieron. De verdad, nunca lo perdoné. El 14 de julio de 1962 me casé con Pedro Knight ante un juez. Lo festejamos con Rolando Laserie, su esposa, y Catalino Rolón, nuestros testigos de boda.

¿Se considera la mejor cantante de este siglo?

Nunca he creído que sea la mejor. Pero acepto los elogios, sobre todo porque son expresiones de mucho afecto. Me encantó, por ejemplo, el título de tu libro, Reina rumba. Y esas palabras en el prólogo de nuestro amigo Guillermo Cabrera Infante me producen mucha emoción: “Aquí y antes, en Cuba y en Nueva York, Celia muestra, demuestra que es una de las grandes creadoras del canto y del encanto negro. Ella está a la altura de Bessie Smith y de Billie Holiday, más allá de Sarah Vaughan y de Ella Fitzgerald y de Nina Simone. Celia es la canción: fue son y sonora, antes como ahora es la salsa. Celia es como su voz: generosa pero precisa, nada menos que la música. Esto si no la hace una diosa, la hace al menos una musa. No está nada mal para una negrita que sólo quería ser soprano y cantar en la ópera”. Tú libro sirvió para reencontrarme con Cabrera Infante, una persona muy especial. Además, mi amigo Dizzy Gillespie, cuando vino a Cali y estuvo contigo, me envió un libro en un sobre que decía: “Celia Cruz, Nueva York”. No sé qué pensó, pero el paquete me llegó.

El periodista José Pardo Llada le preguntó una vez en qué gastaba la plata y usted le dijo: “En pelucas, Pardo”. ¿Eso es cierto?

Es cierto. Cuando nos instalamos a vivir en Nueva York me sorprendió que había un procedimiento para las negras, como alaciar el cabello y ponerle pelo artificial. Pero me pasaba horas en una peluquería, a veces llegaba a las siete de la mañana y salía a las cuatro de la tarde. Siempre me gustó brillar en el escenario, el maquillaje, los zapatos, las uñas largas… Por eso mismo no aprendí a tocar piano. Entonces, a finales de los sesenta, cuando las pelucas se pusieron de moda, resolví mis problemas. Con una peluca iba rápidamente a una entrevista y, claro, a mis presentaciones. Después compré muchas en Los Angeles a través de catálogo.

Una faceta en su vida ha sido la de actriz, ¿cómo se sintió en ese terreno?

No voy a decir que soy la mejor ni nada parecido, pero fíjate que cuando grabé la telenovela Valentina alcancé mucho éxito. Se veía hasta en Rusia. Entonces yo le comentaba a Pedro: “Mira, Celia Cruz en ruso”. En cine ha sido muy importante: Mambo Kings tuvo resonancia en el mundo latino y Pérez Family, igual. A mí me gustaron siempre los retos y he tratado de superarme en todo sentido.


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