Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Disidencia, Represión

“Cuba necesita respirar aires de libertad”

Entrevista a Sayli Navarro, hija del ex preso político Félix Navarro, del Grupo de los 75 y uno de los condenados a 25 años de prisión en 2003

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Sayli Navarro tiene ahora 25 años, y tenía solo 18 cuando su padre fue condenado, en un juicio sumario, a 25 años de cárcel tras la Primavera Negra, la oleada represiva desatada por el Gobierno cubano en marzo de 2003.

En momentos en que la oposición cubana está siendo reprimida ferozmente en toda la Isla, la hija del ex preso político Félix Navarro, del Grupo de los 75, rememora aún con mucho dolor sus vivencias de entonces. El nombre de Sayli, ahora activista del Movimiento por la Democracia Pedro Luis Boitel, fue conocido en esa época porque, a sus 18 años, se atrevió a escribir una carta a Fidel Castro echándole en cara el horror que vivía su padre y el resto de opositores condenados a larguísimas penas en las prisiones cubanas. Estaban distantes de sus familias y eran sometidos a los castigos y condiciones carcelarias más violentos y denigrantes.

¿Cómo viviste ese tiempo en que tu padre estuvo preso?

Sayli Navarro (SN): Fue una etapa de mucho dolor, sufrimiento, por el hecho de tenerlo en prisión, distante, por todo lo que sucede a diario dentro de las cárceles cubanas, y que en el caso de los prisioneros políticos resulta sumamente complicado. Pero recibimos mucho apoyo, tanto internacional como nacional, de familias, de amistades, de personas que ni siquiera pensábamos que nos apoyarían, porque creíamos que estaban del lado del Gobierno.

Las familias de los prisioneros siempre estuvimos muy fuertes, porque surgieron las Damas de Blanco. Eso nos motivó. Nos dio mucha fuerza también la firmeza de ellos dentro de las prisiones, a pesar de las largas condenas, de estar muy distantes de sus lugares de residencia y de lo esporádico de las visitas familiares, aun más las conyugales. El hecho de ser cristianos también nos trasmitió fortaleza.

¿Cómo te sientes ahora que está con ustedes nuevamente, aunque con la zozobra de que su libertad pende de un hilo?

SN: Realmente, tenerlos a todos acá en casa puede ser momentáneo, porque aún existe en Cuba una férrea dictadura que mantiene inmovilizado todo dentro de la nación. Han sido excarcelados, no liberados. Todavía penden esas condenas sobre ellos.

En el caso de mi papá, ha recibido ya dos citaciones de la Policía, ha tenido entrevistas con la Seguridad del Estado… El acoso ha continuado, ha sido permanente, y no es un caso aislado. Otro ejemplo ha ocurrido en la provincia de Santiago de Cuba, contra José Daniel Ferrer García y su esposa, Belkys Cantillo Ramírez, y contra todos los activistas que se encuentran alrededor de este ex prisionero político de los 75.

Es una gran alegría tener a mi papá en casa, pero no hemos olvidado al otro grupo considerable de prisioneros políticos. Aunque se ha reducido la lista, aún son muchos los que continúan en las prisiones. Tampoco podemos borrar de nuestra mente el hecho de que la madre de Orlando Zapata Tamayo —aunque siente alegría de saber que estos hombres estén en la calle— no puede tener con ella a su hijo. Son cosas que han marcado muchísimo a las familias, y a la oposición.

Pero el propósito de estas personas de estar ligadas a la oposición pacífica dentro de Cuba continúa igual; no ha habido cambios. Ellos tienen mucha más fuerza para seguir luchando por la democratización de la Isla.

¿Qué piensas de las agresiones a las Damas de Blanco y Damas de Apoyo en toda la isla?

SN: El Gobierno está consciente de que su situación en el poder se está tambaleando. El pueblo cubano, en sentido general, ha ido buscando sus espacios. Son muchas las personas que, aunque no se encuentren ligadas a la oposición directamente y sean simples ciudadanos, abiertamente manifiestan toda la inconformidad, las violaciones, los atropellos que a diario suceden con la población. El gobierno siente mucho temor de que cada día la oposición recobre fuerza por el incremento de ciudadanos en sus filas. Y esas agresiones son una prueba.

El Gobierno se ha mantenido por muchos años en el poder a base de mucha sangre, de mucho miedo. Continúan atropellando a las mujeres, a los ciudadanos, a la oposición, para tratar de boicotear a aquellas personas que deciden de una vez y por todas quitarse el miedo, la careta y afiliarse a la oposición. Eso es una muestra más de la cobardía del Gobierno cubano, y un intento de que la oposición no se fortalezca.

Como cristiana, ¿crees que la Iglesia en Cuba debería interceder ante las autoridades para que cesen las agresiones contra estas mujeres y los opositores en general?

SN: Es sabido que esos 52 hermanos de la Causa de los 75 se encontraban en prisión, cuando la Iglesia, en la figura del cardenal Jaime Ortega y Alamino, se sentó con el Gobierno cubano —con Raúl Castro—, y logró su excarcelación y la salida de otro grupo numeroso rumbo a España. Dado estos acontecimientos, es importante que la Iglesia continúe mirando de cerca y exigiendo al Gobierno que cese todo acto de violencia, que se abra a los reclamos. Queremos cambios por la vía pacífica, no queremos derramamiento de sangre. Cuba necesita respirar aires de libertad, de democracia. Deben cesar la injusticia y el atropello que constantemente se cometen contra los ciudadanos.

El arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García Ibáñez —quien también estuvo presente en las conversaciones de mediación de la Iglesia Católica en relación con los presos políticos—, ha condenado los actos violentos contra las Damas de Blanco que han tenido lugar en la ciudad de Santiago.

Es importante que la Iglesia, desde su espacio, exija al Gobierno cubano por esta campaña represiva que viene desplegando contra la oposición, contra el pueblo. En especial, contra mujeres indefensas que simplemente están defendiendo un espacio y pidiendo la liberación de los presos políticos y la libertad del pueblo de Cuba por la vía pacífica.

¿Qué está haciendo en estos momentos como parte de la oposición tu padre, el ex preso político Félix Navarro?

El pasado mes de agosto, aquí en el municipio de Perico, en Matanzas, mi papá pudo hacer una protesta pública en la calle Real de nuestra ciudad, frente al Poder Popular, en un horario donde hay mucha afluencia de personas. Estuvo más de 30 minutos arengando frente a este edificio. No hubo ningún intento de violencia. En ningún momento pudieron movilizar a todo el personal para que pudiera manifestarse la violencia.

Mi padre, después de su excarcelación, está haciendo un fuerte trabajo contra los muchísimos casos de insensibilidad de los funcionarios y dirigentes del Partido Comunista en relación con la higiene de la ciudad. Entregó dos cartas al Poder Popular, y en la última estableció claramente que si en un plazo de 15 días no resolvían esa situación, harían una protesta. Vistió un pulóver blanco donde se podían leer estas consignas:

“Cubanos todos, busquemos cambios en las leyes para que se garanticen las libertades de expresión, de prensa, de asociación, el derecho de todos los cubanos a tener negocios y empresas privadas en Cuba. Únete a nosotros. Queremos cambios. Son 52 años con el país en la ruina porque está en manos de ellos, pero Cuba es de todos sus hijos. Ya lo dijo José Martí y murió por ello”.

Su intención era desplegar esas pancartas en silencio, pero luego comenzó a hablar con las personas que se acercaban a leer tanto lo que tenía escrito en el pulóver como en las pancartas, que decían:

“Ningún hombre manda a otro hombre. En el mundo civilizado en el que queremos vivir, quien manda son las leyes justas, las que se consultan con el pueblo. Lamentablemente, durante años que nos imponen los jefes políticos, no hemos sabido elegir en Perico al jefe de Gobierno que frene el deterioro de nuestro pueblo: se derrumban edificios y construyen un parque, la basura se apila en cualquier esquina”.

Sayli, ¿estás estudiando en estos momentos?

SN: Hace dos años fui expulsada de la universidad. Me encontraba cursando el tercer año de la licenciatura en Derecho, en una de las sedes universitarias que el Ministerio de Educación Superior habilitó en los municipios, cuando fui expulsada por haber pasado un curso de capacitación de periodismo en la Oficina de Intereses de Estados Unidos, auspiciado por la Universidad Internacional de la Florida.

¿Hubieras preferido irte de Cuba con tu familia, y tomar el camino del exilio cuando tu padre fue liberado?

SN: Nuestra decisión es permanecer en Cuba. Continuar acá en el suelo patrio, sin salir de nuestro terruño.

Han pasado ocho años de la Primavera Negra, ¿cómo recuerdas aquel 18 de marzo en tu padre fue detenido?

SN: Rememorar es muy triste, porque hay cosas que no se logran olvidar. Recuerdo que mi papá venía de una reunión en La Habana cuando fue interceptado en la carretera Central, a unos metros de la casa. Luego tuvo lugar el registro, que se extendió hasta altas horas de la noche. Fueron momentos en que nos quedamos “en blanco”. Mi madre y yo sentimos un desamparo grandísimo, pero luego eso se revirtió.

¿Qué sentiste la primera vez que fuiste a verlo a la prisión en Guantánamo?

SN: Fue un viaje difícil, de muchas dificultades, porque lo único que llegaba a la prisión en aquel entonces, en 2003, era el tren. Pasamos muchas vicisitudes en ese primer viaje. Lo difícil no fue el primer encuentro, sino cuando concluyeron las dos horas de visita: dejarlo ahí, en una prisión lejana, con visitas cada tres meses y visitas conyugales cada cinco. Los siete prisioneros del Grupo de los 75 que estaban en Guantánamo fueron llevados a celdas de aislamiento en condiciones terribles. Fue algo muy duro, pero que logramos vencer gracias al apoyo de los amigos y la familia.

¿Qué te hizo escribir y hacer pública la carta a Fidel Castro en septiembre de 2004, donde, a partir del libro La prisión fecunda, comparas las condiciones descritas por el propio Castro en la cárcel de Isla de Pinos y las que sufrían los hombres del Grupo de los 75?

SN: Era un gran anhelo mío conseguir ese libro, donde relataba todas la vivencias, todo lo que tuvieron que sufrir y padecer en aquel entonces los asaltantes al cuartel Moncada. Ese tema de las prisiones es muy sensible para mí, porque cuando yo tenía 6 años mi padre fue llevado a prisión. En 2003, afortunadamente, un gran amigo me lo prestó.

Pude ver materializado ese sueño de enviarle la carta al entonces mandatario de Cuba, el señor Fidel Castro, el hombre que había orquestado la detención, las condenas injustas y ese traslado despiadado a lugares tan distantes de sus provincias. Y hacerle esa comparación a un dictador que era un ideal para muchas personas en el mundo. Pero la respuesta fue el silencio, que a veces trasluce un poco más de atropello.

¿Mantienes esas denuncias y peticiones que hacías a Castro en esa carta?

SN: Esas exigencias continúan en pie, porque las condiciones dentro de las prisiones cubanas son sumamente difíciles para todos, pero especialmente para los que deciden enfrentarse abiertamente al régimen. Aquella gran vida que Fulgencio Batista les puso a los asaltantes del Moncada, ni por un minuto pudieron tenerla los de los 75. El presidio político ahora dentro de Cuba no es comparable con el del año 1959, con la vida que llevaron en aquel entonces los asaltantes del Moncada.


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