Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Enfoque latinoamericano

Desafíos del Caribe: una agenda regional con mecanismos de colaboración

Esta entrevista forma parte de una serie iniciada por Cubaencuentro, en que especialistas responden a preguntas sobre los desafíos de la región

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Nuestro invitado de hoy a Enfoque Latinoamericano es toda una institución en las problemáticas de la región caribeña: Jorge Rodríguez Beruff. Con una sólida formación académica, Jorge es Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de York, Inglaterra (1979) y catedrático del Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico (Recinto de Río Piedras). Además de su más reciente libro (Strategy as Politics, Puerto Rico on the Eve of the Second World War, San Juan: 2007), Beruff ha publicado numerosas investigaciones sobre Puerto Rico y el Caribe. Ha sido profesor invitado en la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad de Rutgers-New Brunswick, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y por FLACSO-República Dominicana. Miembro de la junta de la Asociación de Investigación por la Paz, coordinador de publicaciones del Proyecto Atlantea, presidente del Comité para Conmemorar el Centenario de Juan Bosch y miembro de la Junta de Directores del Ateneo Puertorriqueño. Actualmente es miembro del Comité Editorial de la Revista Mexicana del Caribe, académico de número de la Academia de Ciencias de Puerto Rico y miembro del Grupo de Trabajo sobre el Caribe de la Fundación Friedrich Ebert. Sus proyectos actuales son sendos libros sobre Juan Bosch y la Segunda Guerra Mundial en el Caribe, e investigaciones sobre temas caribeños y educación superior. Jorge ha accedido a compartir con nuestros lectores sus bien fundadas opiniones sobre diferentes temas de la geopolítica y seguridad regionales

A la luz de tu experiencia, ¿cuales consideras los principales desafíos para una hipotética agenda de seguridad y gobernabilidad en la región caribeña? ¿Se puede hablar de problemáticas compartidas por países?

Jorge Rodríguez Beruff (JRB): Hay problemas de seguridad comunes en el Caribe, tanto entre los países de la región como con respecto a países que administran o poseen en esta territorios (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Francia) que permiten pensar en una agenda regional y un mayor grado de colaboración. Esa colaboración ya existe a nivel subregional a través de CARICOM, que desde hace algún tiempo le ha dado importancia a esta temática y tratado de construir instituciones regionales y de los países del Caribe Oriental que se mueven hacia la integración de sus mecanismos de seguridad. También los Estados con intereses en la región han impulsado políticas de colaboración, aunque de forma a veces fragmentada.

A grandes rasgos, los temas principales temas de seguridad comunes para la región son:

  1. La violencia interna, la criminalidad, el tráfico de drogas y la internacionalización del crimen.
  2. La estabilidad interna de los estados caribeños y su viabilidad económica, incluyendo la regulación de los procesos migratorios.
  3. El impacto de los desastres naturales y los causados por el hombre.

Todas estas amenazas podrían ser atendidas con mecanismos más efectivos de concertación y colaboración, pero no hay los instrumentos de alcance regional que lo permitan. La Asociación de Estados del Caribe no ha sido un vehículo adecuado para responder a este tipo de reto regional.

Como una expresión de realismo mágico (aunque no necesariamente maravilloso) se suceden en Haití un brutal terremoto, epidemias, elecciones fraudulentas, los retornos (o tentativas de hacerlo) del último dictador y un ex presidente. ¿Cómo valoras la situación actual del país, sus escenarios inmediatos y qué papel estaría jugando la Misión de las Naciones Unidas para Haití (MINUSTAH) en estos procesos?

JRB: La situación haitiana continúa siendo sumamente preocupante por todos los eventos trágicos y dramáticos que han afectado a esa sociedad. La salida de ese país pasa por el sistema político que tiene que tener la estabilidad y la eficacia necesarias para que las medidas económicas tengan un efecto positivo en el mediano y largo plazo. Los retornos de Duvalier y Aristide plantean serias interrogantes sobre su impacto en la estabilidad política. MINUSTAH, con todos los problemas y limitaciones que pueda tener, ha sido un factor necesario para mantener la estabilidad del país y la seguridad interna, y también expresa el compromiso de la comunidad internacional con Haití. MINUSTAH se ha ido haciendo indispensable ante la incertidumbre de la situación política interna, y es difícil imaginar que la ONU termine su mandato: el problema es cómo se construye un sistema político viable bajo tantas presiones sociales. El caso de Haití expresa una nueva situación regional que no puede ser atendida regionalmente por Estados Unidos, sino por la ONU con el apoyo de actores internacionales claves. También ha viabilizado una importante participación latinoamericana, que es un desarrollo nuevo en el Caribe.

Recientemente tanto el Gobierno cubano como el venezolano han dado muestras de mantener canales de diálogo con el Gobierno de EEUU. Obama ha eliminado prohibiciones respecto a Cuba y ha mostrado interés en superar el impasse del nombramiento del embajador en Caracas. ¿Cómo esperas que evolucionen las relaciones entre estos países en la última etapa de la actual Administración estadounidense?

JRB: Creo que no cambiará mucho la situación actual, que no es de mucha hostilidad ni de acercamiento. La alianza entre Cuba y Venezuela no representa una amenaza real a la seguridad de Estados Unidos, aunque la política de compra de armas de Venezuela y su colaboración con Estados hostiles a ese país como Irán son motivos de preocupación. Tanto Cuba como Venezuela enfrentan serios problemas internos que les impiden seguir consolidando su alianza internacionalmente. Cuba no puede posponer más su reorganización económica, la cual generará nuevos conflictos e inestabilidad. Venezuela, por otro lado, ha visto una erosión política creciente del chavismo, que ya es electoralmente minoritario. Obama enfrenta sus propios problemas domésticos. Así que no creo que ocurrirán grandes cambios o iniciativas sino un muddling through, que a veces es la mejor política.

El crimen organizado (y no solo el visible narcotráfico) ha expandido sus tentáculos en las naciones caribeñas, penetrando instituciones y llevando la violencia armada a niveles inéditos. ¿Cuál crees será el mejor enfoque para confrontar estos desafíos por parte de los Estados y sociedades de la región? ¿Qué responsabilidad corresponde a EEUU —en tanto mercado principal del consumo de estupefacientes y abastecedor de armas— en esta lucha?

JRB: Como señalé, ese es quizás el principal tema de seguridad regional. Creo que CARICOM ha marcado el rumbo. Tiene que darse una mayor coordinación de las instituciones policiales, jurídicas y de inteligencia en la región, a la vez que se colabora con otros países y con instituciones internacionales. Para esto hay muchos obstáculos políticos que surgen de la fragmentación de la región, y faltan los mecanismos institucionales para viabilizar la colaboración; pero cada vez será más necesario crear esos mecanismos y es evidente que ello conviene a todos los actores. A Estados Unidos no le conviene para nada que un Estado cubano debilitado sea incapaz de contener la criminalidad y el tráfico de drogas, ni a Cuba que las medidas de control que Estados Unidos impulsa en México y Centro América provoquen un cambio de las rutas y una presión mayor sobre el país.

Otro asunto de gran urgencia es el problema de la corrupción, que mina las instituciones políticas y las sociedades regionales, asunto que no puede ser combatido de manera aislada. El Caribe no puede esperar a que Estados Unidos resuelva su problema de consumo o su papel en el tráfico de armas para generar respuestas regionales. Aunque está por verse si se pueden construir mecanismos de colaboración verdaderamente regionales y abiertos a la colaboración internacional. Quizás el modelo de la ONU en Haití pueda servir como patrón para una iniciativa regional.


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