Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Literatura, Filosofía

El cinismo como virtud

Entrevista a Elvia Rosa Castro, autora de Aterrizaje. Después de la crítica de la razón cínica, un libro que se acerca al arte desde la filosofía o a la filosofía desde el arte

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Se cuenta que cuando Diógenes llegó a Atenas y quiso ser discípulo de Antístenes, fundador de la escuela cínica, este le rechazó firmemente. Fue tal la insistencia de Diógenes, que, fastidiado, Antístenes incluso le amenazó con su cayado; “no hay un bastón lo bastante duro para que me aparte de ti, mientras piense que tengas algo que decir”, respondía el apaleado —y sin dudas histriónico— Diógenes.

Esta anécdota emergió del pasado al terminar de leer Aterrizaje. Después de la crítica de la razón cínica, de Elvia Rosa Castro. Porque, como lector, cuesta apartarse fácilmente de este libro, escrito desde Cuba, cargado de profundas y a veces dolorosas meditaciones, que se acerca al arte desde la filosofía (o a la filosofía desde el arte) para descubrirnos al cinismo como virtud casi obligada, como triquiñuela, escapatoria, simulacro. Páginas que se leen con placer, llenas de descubrimientos y de confirmaciones.

Cualquiera podría situar a Diógenes en la molicie de un banco habanero, a las once de la mañana, durante la clásica anécdota que se nos recuerda al inicio de este libro, la de su encuentro con el poderoso conquistador macedonio. “Soy Alejandro, pídeme lo que quieras”. “Que te apartes y me dejes tomar el sol”, respondió el filósofo como si tal cosa.

Este encuentro es el marco que recoge todos los estímulos de esta escritura y todas las implicaciones de su desarrollo. Este descaro (más o menos suicida según las épocas o circunstancias) con que el pensamiento se permite desnudarse ante el poder; más una actuación que una actitud, casi un acto, un artificio al que la autora llama por su nombre llano: cinismo.

Hablemos con Elvia de su libro.

Elvia, desde Europa se nos hace algo difícil estar al día de las producciones artísticas e intelectuales creadas en Cuba, y un ensayo que tiene tanto de filosófico nos parece casi una rara avis. ¿Qué te inspiró Aterrizaje. Después de la crítica de la razón cínica?

Elvia Rosa Castro (ERC): En Cuba, allá en la década de los noventa, muchos críticos de arte apelaban al término “cinismo” para referirse al estado de las artes plásticas en ese período. Hubo quien lo hizo desde el punto de vista gnoseológico pero hubo quien lo hizo para criticar, desde un punto de vista riguroso, la postura de la mayoría de los creadores visibles en aquel momento. A mí en lo personal me molestaba mucho esta segunda tendencia y comienzo a pensar el fenómeno en esos términos; es decir, hasta qué punto era legítimo hablar de cinismo o no, y mi conclusión fue que en Cuba existía un cinismo social que venía desde nuestra condición de colonia. Ese texto, publicado bajo el título de El precio de las vacantes, generó una muy interesante polémica intelectual en 1998 que incluyó al editor de El caimán barbudo, a Emilio Ichikawa y a Víctor Fowler (estos dos últimos a mi favor).

Esa polémica tuvo una resonancia poco común, la verdad. Todos en la Isla hablaban de ella y escribían cartas a mi casa. No obstante, sentí que ese ensayo no era suficiente y comencé a investigar y a cambiar mi punto de mira. Me concentré en la filosofía y en la historia, dejando para un tercer capítulo a las artes plásticas. Y cuando me di cuenta que con los dos primeros capítulos funcionaban bien, tras varios años de estudio, decidí cerrar el libro y echarlo al ruedo.

En tu libro utilizas un lenguaje muy propio, a veces con términos que descolocan al lector. ¿Es algo personal o también se refleja en la intelectualidad cubana el deseo de innovar en el lenguaje?

ERC: Creo que es algo personal. Por suerte me es imposible ser “objetiva” en sentido estricto. Entonces, mi manera de escribir es una mezcla de rizomas biográficos, mariposeo y densidad conceptual, “razón sensible”. Cuando apareció mi libro El observatorio de Línea. Repasos al arte cubano, Emilio Ichikawa escribió esto en su blog: “Su escritura es ágil y ocasionalmente familiar. Con giros situados a veces a nivel de ‘tuteo epistémico’”. Y Dean Luis Reyes, que escribió el prólogo dice esto que en mi opinión es brillante y agudo:

“Los textos de Elvia siempre han tenido para mí el misterio de lo curvo, de lo que tuerce el recorrido recto, de lo que elude la objetividad y abriga el secreto. (…) Mas, el centro de mi interés en la manera de analizar los objetos de su indagatoria era, en el caso de Elvia, cuestión del Eros. Leerla provocaba un regocijo de los sentidos, una agitación glandular y la consiguiente secreción de fermentos químicos que dejan la sensación de haber sido sometido a una masturbación de las neuronas. Luego, en Elvia la forma es el contenido. Y un libro es una pieza demasiado casta para sus propósitos”.

Siempre digo que el acto de escribir debe ser un acto de diversión. Y la diversión no es lineal ni acartonada. El mejor elogio que he recibido de ese libro que te mencioné es que todos dicen haberse divertido mucho leyéndolo. Y eso para mí es suficiente. Es mi otra manera de “historiar lo que nos historiza”.

Hay una frase de Calle 13 que me encanta: “a las mentalidades prehistóricas primero las capturo con grosería y luego las mato con retórica”. Bueno, no soy grosera pero el sentido de lo no ortodoxo o desalmidonado está ahí.

No, no creo que haya una tendencia de intervenir el lenguaje al uso en la teoría dentro de la intelectualidad cubana. Hay quienes sí lo han hecho, Rufo Caballero y Dean Luis Reyes, desde la crítica cinematográfica y de artes plásticas; Norge Espinosa, en la crítica teatral; y Ricardo Quiza, en la historia. Deben quedarse algunos por supuesto, pero son contados con los dedos de la mano.

No es algo que encuentres como constante y mucho menos en la ensayística.

Existe una tesis en tu libro sobre el apoliticismo como parte del cinismo. Considerando el medio donde ejerces tu labor parece una crítica bastante valiente a un fenómeno existente, ¿o es el reconocimiento de una postura personal que no es ajena al resto de los intelectuales que conoces en tu medio? ¿Cómo se lleva ser filósofo en la Isla?

ERC: Mira, si algo puede haber de ganancia en el libro es que diagnostica un fenómeno, pero no lo juzga. Donde más enfática soy, hablando de juicio, es en el segundo capítulo cuando escribo sobre Espejo de paciencia. Tengo un pequeño ensayo titulado De la megalomanía ética a la bobería al nullpunkt donde describo lo que sucede en las artes plásticas bajo el prisma de lo apolítico y lo impolítico. Ni ahí ni en Aterrizaje…, digo que sean buenas o malas posturas, que sean reprochables o no. Solo digo que existen y procuro explicar por qué.

No, no creo que sea algo autobiográfico. De hecho, tengo cierta fama de “conflictiva”. Te cuento una anécdota: yo era miembro de la dirección nacional de la Asociación Hermanos Saíz y en Juventud Rebelde salió la foto de cada uno de nosotros con un rótulo que decía “Ellos nos dirigen”, mirando el periódico alguien dijo, a Elvia debían ponerle debajo “departamento de contracorriente”.

También está el hecho de que la mayoría de las curaduría que he realizado llevan el sino de mi vocación crítica. No, definitivamente el apoliticismo es algo ajeno a mí.

Respecto al segundo punto de la pregunta suelo decir que los espacios existen para ser usados siempre que pienses en micro espacios, nunca en términos tremendistas ni modernos. Siempre habrá un ágora: ya sean las aulas y los alumnos, ya las tertulias públicas y privadas, publicaciones, etc., etc… Claro, soy consciente de la poca reverberación social de esto y de que corremos el riesgo de que estemos encerrados en “un barrio de putas, donde todo es permitido”, pero la verdad es que ser filósofo se hace difícil en cualquier sitio.

¿Y cómo entiende la libertad una filósofa nacida y formada en la Cuba surgida luego de 1959?

ERC: Lo único que puedo decirte es que soy más libre en la calle que en mi casa.

¿Crees que existe un pensamiento cubano, entendido como un movimiento científico e intelectual propio, definido y diferenciado? ¿Qué te parece destacable de ese pensamiento, ya sea de tu campo filosófico o de otras disciplinas de los últimos cincuenta años?

ERC: Alexis Jardines escribió un libro titulado Filosofía in nuce…, publicado precisamente en España. Ahí traza una cartografía de la filosofía en Cuba para demostrar que no ha habido pensamiento filosófico cubano aunque abre un paréntesis en la generación del 40. El hecho de que yo transite de la filosofía al arte y viceversa es algo natural y orgánico aunque las personas no acaben de entender la promiscuidad de los saberes. Por ejemplo, este libro no aplica para doctorado ni en Historia del Arte ni en Filosofía. Es triste pero a la postre me alegro porque no quieras ver el prejuicio que tenía respecto a los doctores en la Cuba de los 80 aunque sé que me pagan más por serlo en universidades extranjeras.

A pesar de coincidir con Alexis pienso que lo que debe cambiar es la noción de la Filosofía. En ese libro que te mencioné, él llega hasta mí si mal no recuerdo. Pero me da la impresión de que me reprocha el haberme separado de la filosofía entendida en sentido estricto. Hay cierto fundamentalismo teórico ahí que tal vez sea válido pero, que no comparto. Yo, por ejemplo, cada vez que escribo un libro de artes plásticas, detrás viene el ensayo filosófico que se mata. Te digo más, mis textos de artes visuales a la postre son ensayos de filosofía.

¡Ahh! Volví a la pregunta y veo que es más amplia: no, no creo que exista pensamiento cubano homogéneo pero hay jóvenes que la están poniendo buena en el campo de la investigación histórica, algunos nucleados en un grupo llamado Observatorio Crítico. Son serios, responsables y brillantes además de desacralizadores pero desgraciadamente casi nadie los conoce.

¿Algo en lo que estés trabajando y se pueda contar?

ERC: Sigo con la promoción de la expo Ya sé leer. Imagen y texto en el arte latinoamericano. Gasté mucha energía en ella así que ese vigor debe regresar a mí con plusvalía incluida.

El libro de Elvia Rosa Castro se puede adquirir en varios formatos electrónicos para eBook, Ipad, Kindle y otros Tablets y Smartphones (y próximamente en papel) en Editorial El Barco Ebrio.


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