Actualizado: 06/07/2020 17:11
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Artes Plásticas

«En mi obra están los sueños y pesadillas de estas islas»

Entrevista con Ángel Urrely, premiado en la Bienal de Artes Visuales de Santo Domingo. Vea la galería

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A Ángel Urrely lo conocí pintando, no tengo noticias de haya hecho algo más en su vida. Si lo hizo, fue por pura casualidad o rutina, esas cosas que suceden porque son imposiciones de la existencia.

Si tuviera que iniciar esta entrevista con una ficha de él, sólo sería capaz de decir que es un habanero nacido en 1971. Lo demás lo sé por propia experiencia. Radicado en Santo Domingo (República Dominicana) desde los finales de los años noventa, conocí su serie de bicicletas extrañas y armónicas, concebidas para todas las cosas imposibles y heredadas de pedalear kilómetros por La Habana. Conocí la serie El control de la virilidad, suerte de ingeniería milagrosa, tornillos saliendo y entrando, una obscenidad anunciada de tirabuzones y tuercas, de composiciones mecánicas. Supe de sus zoología aborrecida, lagartos pegados en cristianos calvarios y gallinas sin piel que corren hacia no se sabe dónde. Pájaros de ningún paraíso y un trazado constante de alambres insinuados.

La obra que conocía de Urrely estaba marcada por esa obsesión de lo extraño, esa rareza que se cuestiona, porque no supe a dónde pretendía llevarme. Fue imposible resistirme a su figuración, a las claves indescifrables que planteaba aún sin proponérselo.

Ahora, Urrely, que tiene un entusiasmo infantil y cuando lo encuentras por las calles de Santo Domingo suele darte alegría, ha recibido uno de los premios de la XXIV edición de la Bienal Nacional de Artes Visuales. Un cuadro de gran formato, de técnica mixta sobre tela, titulado Enlatado de aguas territoriales (El Colmado), lo colocó en la vanguardia de la plástica contemporánea en el país.

Este es el resultado de una conversación con Urrely concebida con las hileras de latas al fondo y en el ambiente populoso de un colmado dominicano.

¿Cómo conecta su cuadro con el colmado dominicano, más allá de lo puramente visual?

El colmado es un pequeño lugar donde puedes encontrar de todo, desde comida para bebés hasta tres pasitos, que es el veneno nacional. Hay en la mente del cubano una necesidad compulsiva de cubrir espacios vacíos. Sólo pensé en envases simbólicos cuando me lancé a realizar Enlatados.

Si un colmado dominicano es un sitio pintoresco, una bodega cubana es un cuerpo esquelético. El colmado dominicano es un local "amueblado" sin dejar un hueco libre. Es el referente histórico de una bodega cubana de período especial. El colmado dominicano es un punto donde convergen todas las clases sociales. Para hacer esta obra eliminé las figuras humanas de los bocetos. Pero la gran motivación es el objeto contenedor, los enlatados.

¿Hay una intención retro, o por el contrario, postmoderna?

Uno siempre obra en base a lo que ha aprendido de otros hombres que han transitado por este camino. Mi función como artista es construir con ese material el edificio de mi discurso estético. Mis intenciones son siempre hacerme una pieza que no encuentro en ninguna otra parte. Que exista una nueva obra de arte. Recuerdo que cuando vivía en La Habana leía en los muros de Bellas Artes una frase de Martí, en letras de bronce, que decía: "Se siente una savia nueva correr por las venas cuando se contempla una nueva obra de arte"… "Entre los sueños del hombre hay uno hermoso: suprimir la noche".

Su obra anterior ha mantenido temáticas menos asociadas a la realidad humana. ¿Este cuadro es un vuelco conceptual?

Llegué a este país con una exposición personal cuyo tema eran las bicicletas. Realicé más de cuatrocientos diseños. Cuando vivía en Cuba tenía la idea de solucionar problemas que me tenían loco, como el del transporte. A cada rato tenía que llevar a mi abuela al hospital, sin ella poder caminar. Así que diseñé muchas bicicletas para enfermos, algunas podían transportar hasta tres enfermos a la vez, había otras en que el mismo paciente se autotransportaba. Las otras eran simplemente para ir a donde te llevaran tus huesos.

¿Qué función le atribuye a este cuadro? ¿Es pura contemplación estética?

Una de las funciones es que la obra exista y otra que sea vista por tantas personas. En esta obra están los sueños y las pesadillas de los que habitamos estas islas. Desde los números premiados de la loto en los códigos de barra, los snorkels para sobrevivir o los tiburones devorando el azul del mar. Esto se enmarca dentro del tema de la insularidad y desde mi posición de artista inmigrante en otra isla del Caribe hispano. Algo importante es que la obra contribuya al movimiento de las ideas y esta obra es mi comunión con esta tierra, un homenaje a la República Dominicana.

¿Hay una referencia intencional a la obra de artistas como Andy Warhol?

Mi inspiración está en los altares de la cultura cubana, en la cotidianidad, en los receptáculos mágico-religiosos de la escultura africana. Una de mis motivaciones fue la obra del pintor cubano Luis Martínez Pedro, con su serie Aguas Territoriales, y la obra de Manet Le Bar aux Folies-Bergère.

¿Cómo se inserta el pintor cubano en el entorno plástico dominicano?

Los cubanos, en general, somos vistos aquí como profesionales con una excelente preparación, de ahí que contemos con esa carta de presentación. A nivel de mercado, es difícil para un extranjero ingresar en las colecciones privadas. Aunque desde los noventa hay un círculo de coleccionistas jóvenes bien asesorados, que están comprando arte contemporáneo sin parámetros nacionalistas.

Lo demás depende de otros factores, como son el deseo de mantener la obra a salvo, esperar cinco años para poder participar en la bienal nacional. A todo esto le sumas las relaciones y mucha suerte. En la mayoría de los casos los artistas viven de los encargos y de la enseñanza en colegios y universidades.

¿Cuánto tiene de positivo para esa inserción un premio como el suyo?

El premio es el resultado de más de ocho años haciendo valer mi trabajo en República Dominicana. Lo más positivo que encuentro es la adquisición de la obra Enlatado de Aguas Territoriales (El Colmado) por el Museo de Arte Moderno para integrarlas a su colección.

Hábleme del salón, de la Bienal…

Para mí es una de las pocas maneras que tengo en República Dominicana de lanzar una pieza irreverentemente anticomercial de gran formato.

¿Ve algún atributo especial que haya añadido a la pintura cubana el hecho de no vivir en la Isla?

Las cuestiones de logística, tecnología e información es lo que más me ha ayudado a desarrollar mi trabajo fuera de Cuba. También el hecho de la promoción en la prensa y las revistas especializadas.

¿Qué está haciendo ahora?

Pensando y preparando mi exposición personal en Nueva York, con el apoyo de Marta Florin.

¿Hay una presencia reconocida de la plástica cubana en este país, con los artistas que viven aquí?

Es más fuerte la presencia de los artistas cubanos radicados en Estados Unidos, como Bedia, Gustavo Acosta y Azaceta. Por otro lado, los artistas cubanos terminan naturalizándose y representan al país que los ha acogido, alcanzando algunos muchos éxitos. La mayor parte vive en el país exponiendo, mientras va buscando un mayor mercado para su obra en otras ciudades del mundo, como Miami, Nueva York, San Juan.

Una valoración general de lo que le ha dado este premio, en cuanto a satisfacción personal, nuevos proyectos, reconocimiento

Esto siempre es una motivación para seguir trabajando sobre la ruta que me he trazado. Es otro lazo que me une a República Dominicana y a su gente.


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El pintor Ángel UrrelyFoto

El pintor Ángel Urrely.

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