Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Cuba, Elecciones, Raúl

Entrevista a Rafael Hernández

“Con el retiro de Raúl Castro en 2018, se irían los de su generación”

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Rafael Hernández es un reconocido académico cubano, director de la revista Temas, considerado un especialista en cuanto a la política de la isla hacia Estados Unidos.

En esta entrevista, Hernández considera que “la confianza que Cuba le ha dado al Gobierno de EEUU ha sido la mayor concesión en el proceso de deshielo”, en el marco de una relación a la que él califica de “desequilibrada”. Asimismo, sugirió que se consulte a través de las urnas a la población cubana qué piensa sobre el futuro de la Base de Guantánamo. Y aunque no considera inminente la necesidad de realizar una consulta electoral entre los cubanos sobre el futuro su país, aseguró que, tan pronto exista un marco legal definido por la Asamblea Nacional cubana (Parlamento), lo más probable es que Raúl Castro se retire del cargo y con él, toda su generación.

A continuación, el texto de la entrevista.

Se supone que en 2018 Raúl Castro deje la responsabilidad que tiene actualmente, así lo dijo públicamente. ¿Es el único que se va, qué va a pasar con la vieja guardia?

Yo interpreto que así como al cumplir el segundo término de su mandato de cinco años, él [Raúl Castro] dice que se va, que esa vaya a ser la regla adoptada por la Asamblea Nacional en una ley que debe quedar aprobada antes de 2018. Esa ley va a determinar que todos los que hayan estado desempeñando los cargos que tienen ahora, durante un tiempo como ese, también deban salir. Eso incluye no solamente a los máximos dirigentes del Buró Político, del partido, sino los ministros del Consejo de Ministros y los miembros del Consejo de Estado.

Debe haber una renovación que incluya a todos aquellos que llevan un tiempo como ese. No obstante, no todos los miembros del Consejo de Estado llevan 10 años, ni todos los ministros llevan 10 años. Pero en cualquier caso lo que la ley regule todavía está por determinarse, porque la ley no ha sido promulgada, solamente sabemos acerca de la disposición personal de Raúl Castro de no participar en ningún proceso de elecciones, de no estar de acuerdo en ser candidato para un próximo término de 2018 en adelante.

¿Sería una renovación de rostros de casi el 90 %?

Depende del tiempo que lleven en el cargo y de lo que ley establezca. En este momento solamente podemos suponer. Déjame decir algo en relación con la pregunta porque a veces hay una visión un poco soslayada sobre la realidad de la clase política cubana y su edad. El Buró Político tiene un promedio de 60,6 años y como se sabe son 14 miembros. El Consejo de Ministros, sin embargo, tiene un promedio de edad de 58 años. Eso que algunos autores llaman la edad de la generación perdida. Hay un distinguido escritor cubano, mi amigo Leonardo Padura, que llama a su generación, los que tienen ahora 59, 60, les llama la generación oculta, porque esa generación no llegó a tener la posibilidad de estar en el liderazgo porque son muy viejos ahora y antes muy jóvenes. Pero la verdad es que si uno mira la edad promedio del Comité Central del partido actual, y la edad promedio del Consejo de Ministros actual, verá que está compuesto por esa generación que mi amigo Padura llama la generación oculta, que no ha accedido al poder. Depende de la generación de que uno habla. Cuando se habla de nuestra generación se habla de la gente que uno conoce. La edad promedio de los secretarios del partido comunista en las provincias es de 46 años. Es decir ¿dónde están aquellos dirigentes que van a relevar la generación de Raúl Castro en 2018? Basta con mirar a quienes dirigen el partido en las provincias, basta con mirar a los presidentes de las asambleas provinciales del Poder Popular [Asamblea Nacional], que la mitad de los cuadros por cierto son mujeres, de las 15 provincias de Cuba. Entre esas 15 provincias, una tercera parte está dirigida por secretarios del partido que son mujeres y, repito su edad promedio es de 46 años.

Se acaba de cumplir un año del restablecimiento de relaciones con Estados Unidos. ¿Cómo ha sido este año, qué se ha avanzado y qué no, cuál ha sido el impacto en Cuba?

Lo que ocurre entre Cuba y Estados Unidos es, como siempre, la historia del vaso medio vacío y medio lleno, uno puede mirar lo que le falta al vaso. Al vaso le faltan cosas, le falta la eliminación del embargo que sigue siendo un bloque en el centro de las relaciones, que impide que se estrechen relaciones comerciales, financieras, etcétera, con todo lo que eso implica no solo para las empresas sino para las personas, para los cubanos de Cuba y para los cubanos de Estados Unidos, para los actores de la sociedad civil en Cuba y Estados Unidos, todo eso pasa por que se levante, se disminuya, se alivie y tienda a desaparecer el bloqueo económico.

Tenemos la Base Naval de Guantánamo, mientras haya una base naval en contra del deseo de la mayor parte de la gente, y lo más fácil sería hacer en este país un plebiscito para pronunciarse sobre la Base Naval de Guantánamo. Si alguien quiere apostar que más del 90 % de los cubanos va a estar a favor de que quiten la base naval de Guantánamo, yo estoy listo a apostar con ese que piense así, no importa cuales sean sus ideas políticas. Eso está ahí presente. Son las dos grandes diferencias pendientes en esta historia.

Por otro lado no hay que subestimar de cómo el vaso se ha ido llenando. Ha habido una febril cooperación diplomática que involucra a áreas tales como seguridad, inmigración, intercepción de narcotráfico, sobre las cuales ya existía un progreso, ambas partes ya se entendían, pero ahora también hay avances en otras aéreas importantes, como el medio ambiente, protección de las áreas marítimas a partir de la construcción de cartas hidrográficas, así como la contención de derrames de petróleo en la áreas profundas, porque Cuba está explorando en el Golfo de México. Se avanza en áreas que tienen que ver con el medio ambiente, con el imperio de la ley, la aplicación de las leyes de los dos lados. Eso implica cosas tales como acuerdos para evitar el fraude migratorio, la falsificación de pasaportes y documentos, acuerdo para la aplicación de ley relacionada con el tráfico de personas, sobre los cuales se ha cooperado antes pero no existía un acuerdo. Ahora se trabaja en eso y ambas partes encuentran un territorio común para preservar la ley y a mí eso me parece clave. Todo lo que tenga que ver con la ley, con acuerdos formales entre los dos países, crea un marco de estabilidad, que es fundamental para una relación que ha estado antes caracterizada por la desconfianza, celo y hostilidad. Y que ahora, a partir del 17 de diciembre de 2014, tiende a moverse hacia la construcción de un espacio de confianza mutua, gradual, progresivo, sin eso no es posible cooperar. Porque uno no coopera con quien no tiene confianza. De este modo todo lo que se ha avanzado en ese sentido, pasar del diálogo a la negociación, de la negociación a la cooperación y de la cooperación a construir espacios comunes, donde ambas partes puedan tener una alianza para enfrentar problemas comunes.

Esa palabra alianza puede sonar muy rara entre dos países que tienen sistemas políticos diferentes como Estados Unidos y Cuba. Pero si uno mira la manera en como los vietnamitas y los chinos definen su relación con Estados Unidos, verá que en esas relaciones se habla de alianzas para combatir problemas comunes, entre los cuales está el terrorismo, la protección del medio ambiente. Es decir, Cuba engancha perfectamente en esas relaciones constructivas que Estados Unidos tiene con otros países y que no es lo que caracteriza básicamente las relaciones con otros países, incluso en esta región, porque paradójicamente Cuba y Estados Unidos se llevan bien en materia migratoria, con el único problema que es la Ley de Ajuste Cubano que crea un estatus privilegiado para los cubanos, pero no sabemos cuánto va a durar, probablemente no dure mucho porque tiene muchos enemigos de un lado y de otro. Si uno mira cooperación en materia migratoria y de narcotráfico, uno mira que Estados Unidos tiene eso como dos puntos calientes, controversiales, polémicos en sus relaciones con muchos países al sur, empezando por su aliado, México.

Hay mucha gente en EEUU que cree que en estos 18 meses de conversaciones, Estados Unidos le dio mucho a Cuba y Cuba no le dio nada a EEUU.

Si uno ve lo que pasó en la última Cumbre de las Américas en Panamá, verá el respeto con el cual el presidente de Cuba dialogó con el presidente de EEUU, verá que hay una diferencia entre eso y muchos otros países de la región. Es decir, el tono actual de las relaciones es de cooperación y entendimiento, y para eso hace falta que las dos partes participen. Eso no lo hace una sola parte, sino las dos, porque para bailar ese tango hacen falta dos. Para sentarse a conversar sobre temas como derechos humanos, que es un tema sensible como todos los que tocan la sensibilidad de la cuestión de la soberanía cubana, que es un valor central de la política cubana. En torno a los derechos humanos, la colaboración de seguridad, estamos hablando de temas de alta sensibilidad para Cuba.

Lo que Cuba le ha dado a EEUU es la confianza de que esta vez cuando se sientan a hablar de acuerdos sobre seguridad y la aplicación de la ley, Cuba sabe que EEUU va a cumplir. Y esa entrega de confianza tiene un valor altísimo si uno mira lo que ha sido en el pasado la experiencia cubana lidiando con EEUU. Este Gobierno cubano ha confiado en el Gobierno de EEUU para sentarse a conversar. EEUU pidió que en el intercambio de prisioneros tuvieran no solamente a Alan Gross, sino que estuvieran involucradas otras personas sobre las cuales EEUU tenía un interés particular y el Gobierno cubano estuvo dispuesto a hacerlo.

O sea, el Gobierno cubano está actuando con buena voluntad. Esto es una negociación entre un grande y un chiquito, en la que el grande tiene muchas más cosas de su parte que el chiquito, y como se trata de una diferencia de escala, de una diferencia acumulada de acciones de hostilidad, Cuba no tiene nada que darle a EEUU a cambio del bloqueo. Sí tiene posibilidades de decir, y lo ha hecho ya, que estamos dispuestos a conversas sobre compensación de nacionalizaciones. En el contexto de la negociación del levantamiento del bloqueo, Cuba siempre ha estado en la posición de negociar la compensación y reclamaciones de ambas partes de acuerdo con la ley cubana. Cumplir la ley y atenerse a eso. Creo que eso es muy importante.

Ahora, Cuba no puede quitar una base naval que tiene EEUU. La fórmula de ¿qué me vas a dar a cambio de Guantánamo? Es una fórmula espuria del derecho internacional, tan espurio como es el tratado de 1934, en cuyos términos EEUU tendría el derecho de ocupar esa parte del territorio cubano para siempre. Eso es tan absurdo en términos internacionales, como si para las dos partes el tratado no tiene plazo, no tiene fecha de vencimiento. Hay maneras de resolver eso. ¿Qué le dio Panamá a EEUU para negociar el canal? ¿Qué le dio China a Portugal para negociar Macao o qué le dio China a Inglaterra para negociar Hong Kong? ¿Qué intercambio puede haber entre un país que tiene una base militar en otro con relación al interés de ese país? Si le preguntáramos a través de un plebiscito a la población cubana, seguramente votará a favor de que se termine ese tratado. Se puede acabar con eso transitoriamente, durante 20 años Cuba y EEUU van a administrar ese territorio dedicándolo a una plataforma de exportaciones, de free trade, que no es un invento comunista, dedicarlo a una estación de protección del medio ambiente. Dedicarlo a un lugar donde puedan existir escuelas de medicina, de formación de maestros que sirven a los intereses de los países de la Cuenca del Caribe, incluyendo EEUU. Usar la base como una prisión o centro de detención de indocumentados es una violación de la letra, no solo del espíritu, del tratado de 1934. Se trataría de acordar un nuevo documento que permita que a lo largo de los próximos 20 años EEUU y Cuba vuelvan a cooperar donde ha habido una base naval.

¿Pero no sería más importante un plebiscito sobre el futuro de Cuba?

El futuro de Cuba es algo menos concreto que una base militar dentro del perímetro de un territorio. En este momento hay un proceso de cambios. Ese proceso de cambios, sus leyes, sus planes económicos, las nuevas regulaciones de ese proceso de cambios son discutidos por la mayoría de la población. Ese proceso se está llevando a cabo de una manera mucho más participativa de lo que propone o promulga una ley en EEUU. Es la población que participa directamente. La declaración de los lineamientos económicos fue discutida por más de 3 millones de personas. Una parte sustancial fue modificada durante todo ese proceso.


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