Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Literatura, Literatura cubana, Cuba

Entrevista con el periodista y escritor cubano Rubén Cortés

“Mi Cuba ya no existe, es el perfume de un jarrón vacío”

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La colección “Ensayo personal” de la editorial mexicana independiente Cal y arena se enriquece con la publicación de Un bolero para Arnaldo. Memoria personal de Cuba (2015), del periodista Rubén Cortés (Pinar del Río, Cuba, 1964). Cronología en la que, a partir de la reconstrucción de episodios familiares, se perfila la redención de una Cuba perdida y, asimismo, añorada. La memoria protagoniza el itinerario de más de medio siglo de historia de la Isla desde la mirada y los sigilos del padre del narrador. El lector se sumerge en los acordes de un bolero marcado por procesiones jubilosas y trazos columpiados en las esquinas de la nostalgia.

Crónica familiar, y también un ajuste de cuentas con un pasado que todavía retumba en los ademanes de la presencia. Besar a un cadáver en la frente para aprender a ser un hombre de familia. La madre canta un lamento jibaro con sus hijos en un coro de amores enredados con el aroma de las naranjas. Exploración sobre los orígenes de la Isla y reflexión sobre su destino. Aquí́, ser hombre es ser amigo: ciertos códigos de cubanía son develados desde certera ronda no exenta de poesía. El autor de las apasionantes crónicas recopiladas en ¡Cuba, Cuba! entrega ahora una canzonetta de pulso obstinado, suscrito en lenitiva y ardorosa proporción. Este libro es un informe de llovizna y clamores donde la “atmosfera espesa, húmeda y eterna del Caribe” se cuela por las grietas de la tristeza. Destierro de ida y vuelta, desde la dolorosa decisión de no regresar.

CUBAENCUENTRO charló con quien ha sido corresponsal de guerra, profesor universitario, editorialista y, actualmente, director general de La Razón de México. Rubén Cortés en los amarraderos de la devoción por su país natal, en un retrato en que sobresale la práctica rigurosa del oficio periodístico en una trayectoria de más de 25 años. (“Rubén Cortés es mi concepción personal de lo que debe ser un periodista: audaz, osado, arriesgado, pero también muy trabajador y vertiginoso...Incesante en los detalles, exquisito en la escritura, pertenece a la estirpe de grandes cronistas...”: Pedro Juan Gutiérrez.).

¿Por qué esta Memoria personal de Cuba tomando como centro a su padre?

Con la muerte de mi padre se cerró un ciclo en mi vida en la que me sentí un hijo abandonado, por padres arrancados por la muerte. Con la muerte de mi madre me sentí solo; con la de mi padre, abandonado. Con el fallecimiento de los padres se corta definitivamente el cordón umbilical con ellos. ¿Por qué siendo yo un adulto sigo tan apegado a mis progenitores? Porque fui el único varón de la familia, junto con tres hermanas hembras. Durante mi infancia y hasta principios de los años 70, el hijo macho era el favorito: herencia del machismo español y africano de nuestros ancestros. Los niños estábamos todo el tiempo junto a los padres, no existían secretos, todo se hablaba en la mesa, en la cama, en el baño, a diferencia de hoy en que los adultos guardan su vida personal de los hijos. Mi formación se coció en aquella intimidad física de padres e hijos. La primera vez que mi hermana Koky comió helado nos trajo en un cucurucho de papel y se le derritió, pero nos trajo al menos la untura pegada al papel. No concebíamos gozar algo sin compartirlo con la familia. Por eso escribí este informe familiar sobre una época que ya se fue en Cuba.

El lector tiene en sus manos una crónica/ensayo trazada con la ceniza del pasado, pero sostenida en circunstancia del presente. ¿Una Cuba edificada desde un diálogo íntimo en que la evocación y la experiencia familiar juegan un papel determinante?

Es la historia de una familia de provincia que se forma en el inicio de la Gran Utopía de 1959, que se edifica según los códigos morales de la época anterior y los conserva, en medio de una nación que se descompone a medida que el régimen arrebata a los padres la educación de los hijos. Dos padres casi analfabetos logran mantener a sus cuatro hijos ajenos al “progreso moral”, consistente en perder la virginidad antes de casarse, tener relaciones sexuales interraciales, olvidar el respeto a los padres para tenérselo al sistema. Esos padres lo consiguen incluso cuando los hijos les son arrancados finalmente por esa máquina de moler gente que es el comunismo. Pero lo habían hecho tan bien que sus descendientes pasan por el comunismo, pero éste no pasa por ellos. La experiencia familiar aquí es determinante porque vence a una ingeniería de Estado enfilada a destruir la familia como núcleo de la sociedad.

El texto inicia con una mosca que acompaña al padre del narrador dentro del ataúd. ¿Recurso para trasponer al lector a los gestos singulares del padre?

No es un recurso literario. La mosca estaba dentro del ataúd y representa la decadencia de un sistema opresivo. Las moscas perciben los olores desde lejos y cuando llegan es porque hay algo irremediablemente podrido. La mosca es el símbolo de un mundo que agoniza.

En la presentación de su libro de crónicas ¡Cuba, Cuba! (2009), el novelista Eliseo Alberto le exigió públicamente que usted debía abordar la ficción. Advierto en este bolero ciertas tonalidades que hacen guiño a la novela. ¿Podemos considerarlo como un amago a los territorios de la fabulación?

Un escritor de ficción es como un corredor de fondo, se da tiempos, de formato y físicos. Mi estilo es ajeno a los circunloquios: escribo oraciones cortas, sencillas y afirmativas, con párrafos breves. Eso obliga a pulir cada palabra y a usar una en el espacio donde otros meten diez. Soy un corredor de cien metros planos, digamos. Nunca he pensado en escribir ficción. Lo que acerca mi estilo a la fabulación, es mi pasión por las cosas inadvertidas que constituyen las emociones. La mosca del arranque de Un bolero para Arnaldo, que podría tener un vuelo más largo y se podría convertir en ficción, pero nunca la saco de la realidad del ataúd. Me fascina plasmar los momentos literarios de la vida real, que envuelve, arropa y crea climas sin imaginarlos. Es como fondear el bote sobre un cardumen y tirar y sacar, tirar y sacar... Mi estilo nace de la mirada.

Presentación de la amistad como algo sagrado, en el apartado “Hacerle una mierda a un tipo”. Un padre con una ética muy particular. ¿Cuba se define en el entramado de esos códigos machistas?

Sí, particularmente en la época en la que mi padre se formó como hombre. Tenía 20 años al triunfo del sistema que cambió los códigos morales sobre los que se había formado la cubanía desde la Colonia, para formar en su lugar un “hombre nuevo”. El comunismo sacó a la mujer de casa, la incluyó en la construcción de la nueva sociedad, hasta crear la mujer que Pablo Milanés prefiere “compartida antes que vaciar su vida”, y Silvio Rodríguez como “ella prefiere parir y después escoger donde ir”, hasta acabar en el fenómeno del jineterismo y que el gobierno justifica como prostitutas con carnet de salud y lectoras de García Márquez. Una pulverización de los códigos morales de la época anterior que componen hoy un cuadro de deterioro de la estructura familiar, por la separación de los hijos de los padres y el fomento oficial de la doble moral. Los códigos en los que se formó el viejo se regían por una ética rupestre, pero sincera. La gente de su tiempo tenía un precepto: “primero muerto que desprestigiao”.

Uno de los momentos más emocionantes está plasmado en “El último adiós”. Una madre que el narrador recuerda con jubilosa tristeza. ¿Cómo logró conformar ese espacio de evocación conmovedora?

El sistema derogó el permiso de salida el 14 de enero de 2013, antes era casi imposible salir de cuba. Incluso, ahora lo es porque Cuba te deja salir, pero ningún país te deja entrar. México, por ejemplo, pone a los cubanos exigencias ciclópeas para darles visa, como una cuenta bancaria de tres mil dólares, cuando en Cuba el salario más alto es de 18 dólares al mes. En Cuba, para que algo sea bueno, tiene que ser “de afuera”. Tener coche, ir a un concierto, viajar de vacaciones, comer bien, pasear en lancha, tener en refrigerador un bote de helado… son quimeras. En casa decíamos: “Ay Dios mío, si yo puedo un día, voy a ir afuera y hacer esto y lo otro”. El sueño eran cosas que una persona con empleo puede hacer en cualquier lugar menos en Cuba. Siempre le prometía a mi madre que un día yo viajaría y la llevaría conmigo, que le compraría un perfume. De adulto pude recorrer países y lugares, pero ella había muerto. No pude cumplir mis promesas porque murió con 59 años. Con esa tristeza surge esta evocación. Pues no podía ser de otra manera cuando uno escribe sobre su madre muerta en la flor de la vida, cuando ella te falta en el momento en que tú puedes darle un poco más.

El relator de esta memoria está en la disyuntiva de un itinerario de ida y vuelta. Radicado en México siente una constante nostalgia por su terruño natal: Pinar del Río. ¿En los folios de este libro se muestra una Cuba restituida o una Cuba invocada?

Es una Cuba restituida porque la devuelve a un lugar inaccesible para los demás: la almohada de cada noche. No es una Cuba invocada porque no puedo llamar algo que ya no existe. Mi Cuba ya no existe. Por eso siento nostalgia: sólo sientes nostalgia por algo que no existe. Si algo existe y puedes tenerlo cuando lo necesitas, no es nostalgia, eso es “extrañar”. Extrañar significa que se pueden volver a poner las cosas en el estado original. Eso es imposible con mi Cuba, por eso en este informe la restituyo, en el estado que antes tenía, donde sólo es posible hacerlo: en un libro.

Historia de Cuba cifrada en datos antropológicos de curiosos contrastes. ¿Ha sido concluyente en la conformación de la cubanía el mestizaje de la Isla por el cruzamiento de españoles blancos, negros desarraigados del África, chino, árabe y judío?

Inexorablemente, Cuba es Cuba por ese mestizaje. Lo que sucede ahora con Cuba es que ya nadie se instala a vivir en Cuba. Nadie se aplatana. Al contrario, de Cuba se van a instalar a otras tierras. Ya no van españoles blancos, negros desarraigados del África, yucateco, chino, árabe y judío a procrear con los cubanos dentro de la isla. La mezcla ahora es entre cubanos nada más. Son pocos los ejemplos de europeos que se casan con cubanos y deciden radicarse en la Isla. Se está gestando otro tipo de cubanos definitivamente, en el aspecto racial. El libro explica cómo empezó esto: en 1971, la Gran Utopía dio el tiro de gracia a los preceptos morales de las generaciones que procrearon básicamente entre ellas en los primeros 70 años del siglo XX. Institucionalizó las Escuela en el Campo para los adolescentes de 12 a 18 años de edad, en plena explosión hormonal (sus maestros no eran mucho mayores que ellos) y ejemplares de todas las clasificaciones raciales populares aceptadas en la Isla desde 1502: blanco, negro-azul, rubio, negro teléfono, trigueño, blanconazo, coco timba, cabeza de puntilla, albino, moro, indio, mulato, mulato color cartucho, jabao,colorao. En aquellos campos se despojaron de los códigos morales que para las relaciones sexuales habían adoptado sus padres antes de la Gran Utopía. En 1998, el periódico oficialista Juventud Rebelde denunció la “fornicación excesiva” a la que se entregaban los estudiantes en aquellas plantaciones y lamentó la existencia de “emulaciones sexuales nocturnas entre ambos sexos”. Se desató un libertinaje erótico entre alumnos-alumnos, profesores-alumnos y profesores-profesores que engendró —vía embarazos indeseados, madres adolescentes, uniones libres, matrimonios forzados, divorcios al vapor…― aquella generación sin parecido físico con sus progenitores, aunque tuvieran algunos de sus rasgos. Ya no eran su “retrato vivo”. Tenían fisonomía de blancos con nariz de negro-azul; cabello de blanconazo con orejas de coco timba; manos de moro con culo de mulato; negro-azul con nariz de blanco, cabello de blanconazo con labios de moro... Ellos son ahora los nuevos “cubanos”: una cepa producida por el fin de la “aparente” discriminación racial y el remate de las normas morales de la época anterior. Hoy es difícil, como sucedía veinte años atrás, observar a un niño y acertar a cuál familia pertenecía. Ya quedó en desuso la antigua frase de “Oye, muchacho, a ti no te parió tu madre: ¡Te cagó!”

¿Este bolero entra en la tendencia actual de una literatura de autoficción, que en México ha cobrado fuerza con textos como Adiós a los padres, de, Héctor Aguilar Camín, o El cerebro de mi hermano, de Rafael Pérez Gay?

Las etiquetas son útiles en la mercadotecnia. La Fania Records llamó “salsa” a la música cubana que interpretaban Rubén Blades y Willie Colón y la industria editorial llamó “literatura de no ficción” a los reportajes de Truman Capote. Casi todo Capote sería hoy autoficción, desde Plegariasatendidas hasta Retratos. También Hemingway en Islas en el golfo; Malaparte en Kaputt y La piel; Carver en Catedral; Cabrera Infante en La Habana para un infante difunto...Pero no deja de ser un intento por mantener linajes literarios, se escucha: “Fulano no es escritor exactamente: hace autoficción”, “Ciclano, periodismo literario”, “Esperancejo, nuevo periodismo”... Mientras otros “hacen literatura: narración, poesía…”. Quien escribe es escritor. Como en la pelota, todos son peloteros: sólo que unos juegan la segunda y otros el center field. Hay novelistas que son croqueta para perros y escritores autorreferenciales excelentes. Por ejemplo, quien mejor está escribiendo hoy en México es Rafael Pérez Gay, un escritor autorreferencial: publica libros a buen ritmo y de calidad, columnas políticas diarias, guiones televisivos; da a conocer ensayos casi cada semana. Si esto fuera futbol, Rafa jugaría futbol total.

¿Es cierto que Cuba es el único lugar del mundo donde los zunzunes hacen el nido en los patios de las casas?

El zunzún es el ave más pequeña del mundo y la especie más pequeña que todavía sólo vuela en Cuba. En el libro, representa las originalidades de Cuba como país con una historia siempre fuera de proporción con su tamaño geográfico. Cuando Tomás Moro escribió Utopía, describía a Cuba como mundo nuevo. De Cuba zarpó Cortés hacia México. En Cuba se construyeron la primera catedral y la primera universidad. En el siglo XX apareció el movimiento obrero más avanzado del subcontinente: primero en conquistar la jornada de ocho horas; primero donde votó la mujer. Cuba protagonizó en apenas 150 años cuatro revoluciones ―1868, 1895, 1930 y 1959―, cuando otros países no hicieron siquiera una. En Cuba ocurren situaciones cotidianas, ya insólitas: pañales de tela que las mamás deben lavar cinco veces al día, periódicos como papel de baño, chícharo molido en lugar de café, funcionan coches que en otros lugares están en museos…

¿Qué es Cuba para usted?

El perfume que queda en un jarrón vacío.


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