Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Literatura, Literatura cubana, Poesía

Entrevista con el poeta cubano Raúl Ortega Alfonso

“Hoy nos acosa este virus que tiene signos violentos; ojalá y esa amenaza que padecemos actualmente fuera a punta de palabras”

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La edición ampliada de la antología poética A punta de palabras (EforyAtocha, 2019), del poeta, cronista y narrador cubano Raúl Ortega Alfonso (La Habana, 1960) es un libro que edita y revisa el impreso en 2015. Compendio conformado por textos de seis cuadernos (Las Mujeres fabrican a los locos, Acta común de nacimiento, Con mi voz de mujer, La memoria de queso, Sin grasa y con arena, El caballo no tiene zapatos), que fueron publicados en Cuba, México y Estados Unidos entre 1992 y 2014.

Miscelánea sustentada en una obsesión al galope: si en sus versos iniciales, el desenfado protagonizaba una trama transgresora en líneas de irónicas enunciaciones; aquí, se advierte “el chorro de ácido que corroe la realidad”: manifestación de una rúbrica en que las miserias y la decadencia definen “esa cosa a la que llaman hombre”.

Con motivo de la aparición de este volumen —muestrario del quehacer de la poesía cubana contemporánea—, el cual será presentado en Madrid en agosto próximo, si las circunstancias lo permiten, y gracias a las ventajas del WhatsApp, CUBAENCUENTRO conversó con el también Premio Ediciones B/Playboy de Novela Latinoamericana 2013 (La vida es dementira), quien actualmente vive con su esposa, la poeta mexicana J. Amada Hernández, y su hija Izumi, en un pequeño pero luminoso apartamento de la Riviera Maya en el Caribe mexicano.

“Hoy nos acosa este virus que tiene signos violentos: ojalá y esa amenaza que padecemos actualmente fuera a punta de palabras. El ego es tan dañino como el cáncer: le hace creer al hombre que lo merece todo. En medio de una crisis que se extiende con la esperanza dudosa de tener un final sosegado, me aparezco yo con estos versos, me siento fuera de lugar. Sólo quiero que lleguen a la gente, que se cuelen unos minutos en estos instantes de espera”, recalcó, desde su casa en Playa del Carmen, Raúl Ortega Alfonso.

¿Estragos de la covid-19 por allá por Cancún?

Vivo a unas cuadras del mar, desde temprano en la mañana hasta la noche todo estaba inundado de turistas nacionales y extranjeros: la desolación conforma hoy el paisaje. Los vendedores de artesanías se han quedado sin sustento. Músicos y artistas callejeros no saben qué hacer, amén de negocios de comida, tiendas de ropas y bares cerrados. Es muy triste todo esto. Un paraíso yermo con el sol de testigo.

¿Criterio para seleccionar los poemas que integran A punta de palabras?

Edición que sigue los pasos de la publicada en 2015. Ahora revisé y quité algunos de esos poemas malos de juventud. Esta impresión es una antología de la antología de 2015. Sin querer afirmar que soy un buen poeta: hace mucho tiempo que no escribo poemas malos. La vejez no me lo permite. Cuando siento que va saliendo algo que no me gusta, me detengo y no sigo: remedio santo contra la mala poesía. Sería maravilloso que uno pudiera ser un “viejo poeta” cuando escribe los primeros libros. Por suerte, en la historia de la poesía, sólo hay un Rimbaud.

¿La mujer, médula de sus poemas?

Decía la ensayista Elena Tamargo que mi poesía ha visto “el cuerpo femenino como un templo y no como performance”: observación que me halaga. He insistido en eso desde mi primer poemario, donde afirmo que las mujeres fabrican a los locos; o en otro donde me descubro desde mi voz de mujer. Sí, lo femenino es atributo, destino y consumación del universo masculino.

¿Has regresado a Cuba en estos 30 años?

Fui cuando murió mi madre en 2002, para ir a despedirla, no sólo tuve que arrodillarme sino también ‘pagar’ el permiso que me permitía entrar al país en donde alguna vez nací. Me dicen que la situación está muy difícil. Ahora con el coronavirus se resiente la carencia de productos de higiene y de alimentos.

¿Volverías a publicar sus libros en Cuba?

Definitivamente, no. Yo no salí de la Isla por hambre, sino porque no tenía libertad. Pero en Cuba nada ha cambiado y las editoriales siguen en manos del poder.

¿Nuevos proyectos literarios?

Acabo de terminar un poemario que se llama La novia de Andy Murray; y una novela titulada Servidor público: así nombran en México a las putas y a los políticos. Playa del Carmen me da cierta quietud para escribir. Ahuyento la incertidumbre de estos días mirando el mar desde la ventana y tratando de responderle a mi hija las razones por las cuales no podemos ir a la playa.


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