Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Latinoamérica, Chávez, Martí

Ideas y poder en América Latina

Enrique Krauze conversa para CUBAENCUENTRO sobre su libro más reciente, Redentores

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Doce interlocutores de la historia política y la literatura latinoamericana son los protagonistas de Redentores. Ideas y poder en América Latina (Debate, 2011) que el historiador, editor y ensayista Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) acaba de entregar a los lectores. Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Martí, José Enrique Rodó, José Vasconcelos, José Carlos Mariátegui, Octavio Paz, Evita Perón, Hugo Chávez, Che Guevara, Samuel Ruiz y Subcomandante Marcos: 7 escritores, 3 activistas políticos, un párroco y un guerrillero. Iconografías, perfiles biográficos que se entretejen en un lienzo de perplejidades en el que las ideas habitan y encarnan comarcas espinosas de las letras y la política de Latinoamérica (siglos XIX, XX, y años recientes).

Con una estructura prestada de Vidas paralelas (Plutarco), el autor de Siglo de caudillos (Premio Comillas, 2003) entrega un manojo de afinidades existenciales en costura pujante. Rebose de representaciones cardinales de la historia política y cultural de Latinoamérica. “Redentores es una historia de las ideas políticas en América Latina desde el fin de siglo XIX hasta nuestros días”, apunta el miembro del Colegio Nacional de México y Premio Nacional de Historia (2010).

Exploración de credos con trazas metodológicas singulares: crónica, ensayo y vislumbres biográficos con retumbos del crítico literario norteamericano Edmund Wilson de Hacia laestación de Finlandia. Cruces, ecos y tejido de un lienzo recurrente que suscriben figuras como Martí y Rodo, Vargas Llosa y García Márquez, Evita Perón y Ernesto Guevara, Vasconcelos y Mariátegui…

El director de la influyente revista cultural Letras Libres recibió a CUBAENCUENTRO una mañana de finales de octubre en su oficina de trabajo ubicada en el apacible barrio de Coyoacán de la Ciudad de México, con objeto de conversar sobre su más reciente libro, Redentores. Aquí, la entrevista que amablemente concedió para nuestros lectores.

¿Por qué llamar redentores a Chávez y al Che Guevara. Dos figura que no encajan en la definición del término?

Enrique Krauze (EK): Uso la palabra redentor con cierto sentido irónico. Me refiero a una transferencia del ámbito religioso al ámbito político. Personajes de mi libro que adoptan una doctrina de manera dogmática como si fuera la verdad revelada. Políticos que promueven a su vez el culto a su persona. Hugo Chávez se presenta, o se siente redentor de Venezuela, eso no le cabe dudas a nadie y, lo peor, así lo ven muchos venezolanos. El Che tenía en su mente la idea de la creación de un “hombre nuevo” que casi nos remite a San Pablo: tampoco me caben dudas de sus afanes de redimir no solo a Cuba, sino a la humanidad entera. Yo creo que esa voluntad de redención termina por ser muy dañina para el desarrollo de los pueblos. Desde luego, creo que en el caso de Cuba, la cuestión es paradójica y triste por ese matrimonio de la doctrina redentora con el culto del caudillo que tanto daño ha hecho a varias generaciones de cubanos.

El retrato de José Martí es conmovedor. Un Martí polémico entre dos bandos: el caudillo de la Isla lo cita constantemente y se justifica con él; la derecha de Miami hace lo mismo. ¿Cómo llegó a esa representación tan irrefutable de nuestro apóstol?

EK: Yo descubrí a Martí en los filos de su literatura: quedé conmovido con sus cartas. Martí siempre con Cuba en la memoria. Un hombre con un amor filial ejemplar. Su tragedia de vivir lejos de su hijo. Su desarraigo en Nueva York. Cronista renovador del idioma. Sus hermosos “versos sencillos”. Esos diarios de tanta vitalidad lingüística. Martí consciente de su destino y de su martirio. Su sueño no era redimir, sino dar pie a una constelación de republicas americanas autónomas, independientes y democráticas. Él sabía que Estados Unidos impediría eso: gran profeta. Martí no podía faltar en mi libro, uno de los personajes más entrañables de la historia latinoamericana. En mi semblanza demuestro, con citas extraídas de sus escritos, su ferviente anti totalitarismo. Estoy convencido del anticastrismo martiano, presente en toda su obra. Estoy muy orgulloso de haber incluido a Martí en mi libro.

A estas alturas históricas, El Che solo interesa a los diseñadores de camisetas y, quizás, a unos cuantos trasnochados de izquierda. Evita sigue siendo un personaje de novela, desmedido y exótico. ¿Por qué decidió incluir a esta pareja de argentinos?

EK: Tiene razón y no tiene usted razón. Eso de que el Che solamente interesa a los diseñadores de camiseta es incompleto, también los productores de cine tienen interés en él. El Che es un mito: me interesa desmitificarlo, dilucidar las razones de cómo se convierte en leyenda. Los “indignados” de hoy llevan su figura como bandera en las manifestaciones; el catolicismo premia mucho el martirio: el Che entró a la “cultura cristológica” de manera determinante. No olvidar la famosa fotografía donde aparece como el Cristo de Andrea Mantegna, imagen que le ha dado la vuelta al mundo. Evita está presente en los tonos y énfasis de los jóvenes que celebraron, en la Plaza de Mayo hace unos días, el triunfo de la presidenta Cristina Fernández, viuda de Kirchner. El peronismo sobrevive. Razones y muchas, habían para incluir a la esposa del coronel Juan Domingo Perón en mis redentores.

Acápite dedicado a García Marquez, amigo incondicional de Castro, y a Vargas Llosa, severo crítico del castrismo: dos grandes novelistas opuestos en sus ideologías. ¿Cómo concibió esos retratos?

EK: Reconozco la grandeza de ambos. Los dos pertenecieron a la corriente redentora revolucionaria de los 60. El peruano echó marcha atrás, se autocriticó y se colocó en una posición democrática y liberal. El colombiano nunca se ha arrepentido de su apoyo incondicional a Castro. Trato de explicarlo a través de sus vidas opuestas: Vargas Llosa odia a los tiranos porque padeció uno en su casa, su padre; García Marquez tiene admiración por los tiranos porque tenía un “buen dictador” en su casa, el abuelo. Dos vidas perpendiculares, complementarias, cruzadas: así las presento en mi libro. Pero no quiero reducir estas dos “vidas paralelas” a una interpretación freudiana. Mi análisis no anula la admiración que le tengo a uno y otro.

Parecería que usted está obsesionado con Hugo Chávez. ¿No bastaba con el libro “El poder y el delirio” que usted publicó hace unos años?

EK: Chávez es una caricatura de Fidel Castro. El caudillo venezolano tiene petrodólares que le dan un inmenso poder de maniobra en Latinoamérica. Sus petrodólares podían comprar a Cuba y a buena parte de Latinoamérica, sus intenciones eran claras: erigirse líder de eso que él llama “socialismo del siglo XXI”. Siento aversión por un político de su calaña, pero eso no limita que siga siendo objeto de mi interés porque su dogmatismo ideológico y el delirante culto a su personalidad encarnan el perfil del redentorismo que tanto daño ha hecho a los pueblos de América Latina. Chávez intenta que la historia de todo un país se subordine a su biografía. La semblanza de Chávez es la más polémica, la más actual, la más política, por eso cierra el libro. Es bueno que los lectores latinoamericanos conozcan la verdad de personaje tan deplorable, lleno de gestos carnavalescos.

Es usted un crítico duro del régimen de los hermanos Castro. Los lectores de CUBAENCUENTRO, cubanos en su mayoría, valorarían mucho sus opiniones con respeto a la situación actual en la Isla.

EK: No sabe usted cuánto me emociona su pregunta. Cuba ha sido modelo de una gran tragedia histórica en estos últimos 50 años. Esa revolución que dio inicio como una promesa liberadora, martiana, convertida en una bochornosa dictadura estalinista. Qué lástima que eso haya sucedido. Varias generaciones sacrificadas en el altar del culto a la personalidad y el dogmatismo ideológico de un caudillo con aires redentoristas. Siempre que aparece un líder carismático y el pueblo se entrega a él, los resultados han sido catastróficos. Es doloroso el drama de la familia cubana. Pero, mire, los historiadores tenemos la manía de las profecías, aquí le va una: es tan extraordinaria la creatividad artística y cultural de los cubanos, su alegría vital, que yo creo que esa energía va a ser más grande que todos los lastres, huellas y tensiones provocados en estos 52 años. Cuba va a volver a ser un país democrático, va a crecer rápido con un desarrollo social grande, y entrará a la comunidad de países libres del mundo. Eso lo veremos pronto usted, los lectores de CUBAENCUENTRO y yo.

La entrevista termina y le pido al historiador que me firme el ejemplar que traigo de Redentores: Para Carlos Olivares Baró, cubano, cómplice de muchas profecías buenas para su Isla amada. Su amigo, Enrique Krauze, México, octubre, 2011.


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