Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Artes Plásticas

«La libertad absoluta para crear»

F. Gelabert detalla para CUBAENCUENTRO.com sus impresiones de la muestra que inaugura este sábado en el Frost Art Museum de la FIU.

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El Frost Art Museum de la Universidad Internacional de la Florida inaugura su sede este sábado 29 de noviembre, en los predios del campus principal de esta institución universitaria, ubicada en el suroeste de Miami. Una de las muestras con que el nuevo pabellón museal acogerá al público exhibe un pequeño conjunto de piezas del cubano Florencio Gelabert (1961), uno de los más importantes escultores de su generación.

El que un artista exiliado haya sido seleccionado para estrenar las salas del museo de uno de los centros académicos de mayor alcance regional en el sur de Estados Unidos, en verdad hay que interpretarlo como un gesto inusualmente cálido hacia los talentos que se han distanciado del oficialismo cultural cubano. Pero en tanto se discierne si este será un signo de cambio de actitud hacia el arte outside Cuba en los circuitos académicos norteamericanos, se hace imprescindible documentar, entre preguntas y respuestas, algunas impresiones del protagonista detonante de esas posibles reflexiones.

El deterioro de la naturaleza se ha ido convirtiendo en un tema persistente de su discurso. ¿Se considera un artista proecología o un ecologista proarte?

Me considero, más bien, un artista con motivaciones por los fenómenos naturales, la ecología y la destrucción del medioambiente, sea por la mano del hombre o a causa de desastres naturales. Me preocupa un huracán, el incendio de un bosque, la destrucción de la capa de ozono… Enciendo la computadora y me encuentro con las noticias catastróficas en internet, lo veo constantemente en la televisión y eso me preocupa. O sea, no vivo en una cápsula, pero eso no quiere decir que sea un activista del partido verde o pertenezca a movimiento ecologista alguno. Soy simplemente un artista que tiene una conciencia sobre la depauperación ecológica.

Hay algo de exteriorizar cierto paisaje interior en lo que crea. ¿Esa naturaleza reinventada fluye más intelectualizada que emocional?

Más que un paisaje, diría que es el universo interior que todo artista quiere reflejar. Antes de las motivaciones ecológicas me había enfocado en las ruinas arquitectónicas, no precisando aspecto ni corriente específica alguna de la arquitectura, sino enfatizando en la erosión y caducidad de sus estructuras, de la misma manera en que ahora me ocupa el desastre como fenómeno dentro de la naturaleza, pero sin intelectualizar porque no me interesa la mezcla de arte y retórica. Prefiero dejarme guiar por la intuición y por la energía estética de lo que quiero hacer, más que por racionalizar el tema de creación.

El escultor Roberto Pohlhammer ha afirmado que la materialidad en la escultura es parte de la expresividad de la pieza, de ahí la necesidad de respetar la estructura de la materia. ¿Comparte ese criterio o le da otro giro?

La materialidad en la escultura ha sido superada hace ya más de 40 años, con toda la trayectoria del land art, el arte povera y la antiforma. Se suma a eso todos los ensayos acerca del tema desarrollados por Rosalynd Krauss, quien le abrió un nuevo horizonte a la escultura del siglo XX, mostrando un camino más allá de la materia y la forma. De aquí parten mis fuentes de influencia desde el comienzo de mi carrera hace más de 20 años.

En sus trabajos se advierte una factura de personalidad consistente. ¿Cómo juega con el repertorio de materiales y cómo establece la conveniencia de los mismos? Pienso concretamente en Birth, una de las piezas con la que inaugura el Frost Museum.

En gran medida Birth refleja todas esas influencias de las que antes te hablé. No persigo la forma en sí, sino que creo situaciones en las que me gusta involucrar al espectador y ofrecerle algo que primeramente provoque un fuerte impacto visual sin narrarle una situación concreta, dejando margen a la imaginación. Los materiales los escojo en función de representar la idea concebida originalmente, o sea, que forman parte de la post-producción y no en sí de la construcción de la obra. Fui formado por una escuela muy académica en los años setenta en Cuba, donde había todo un respeto por la materia —y hablamos desde los ébanos preciosos, pasando por los mármoles y terminando con el bronce— a lo cual no me opongo, pero no lo considero mi camino.

¿Qué autores o influencias se asoman a su obra?

Autores te podría nombrar desde Rodin y Brancusi, hasta llegar a Cai Guo Qiang y Kiefer, e influencias, todas las que le abrieron un caudal de posibilidades a la escultura, sacándola de lo que ortodoxamente era ella. Pero, eso sí, trabajo sin arquetipos.

¿Por qué el título Intersecciones de su muestra en el Frost?

Intersecciones es un proyecto donde establezco paralelos entre obras que realicé en Cuba en los ochenta y las más recientes realizadas en Nueva York, donde hay elementos que se contraponen, antagonizan y al final se complementan, como son la arquitectura, la geometría y la naturaleza. Desde mis comienzos, hay características que he mantenido en mi obra, como son la fragmentación, los derramamientos acuosos y el uso indistinto de la columna como referencia a la modernidad; así como el acto de destrucción en muchas y diversas formas en los diferentes períodos de mi trabajo. O sea, que en una obra se ve la mano del hombre y lo que él ha creado, y en la otra vemos la naturaleza en sí misma, como plantas, flores, piedras.

Su lenguaje ha ido derivando hacia el minimalismo. ¿Se sintió amenazado por los rebuscamientos y buscó protegerse en el radicalismo sintético de las formas?

Pues mira que no. Creo que mi lenguaje oscila entre la economía de recursos formales y la tendencia al barroquismo. Una razón más para titular "intersecciones" a la muestra, pues ambos recursos se contradicen y al mismo tiempo se complementan. Es algo que he pretendido mezclar como expresión.

¿Cómo medita el fenómeno de la percepción en el espectador en piezas como Column Tree?

No hay una preconcepción precisa en ese sentido. Te reitero que todo es muy intuitivo. En Column Tree mi intención es crear una escultura que en parte tiene reminiscencias de mis columnas del pasado y, a la misma vez, establecer una relación activa con el espectador a través de sus espejos. El resultado se conectará con la experiencia individual de cada cual.

¿Se identifica con Eva Lootz cuando la artista asocia el teatro con la escultura?

Conozco la obra y los conceptos de Eva Lootz, pero realmente no pienso en términos dramáticos cuando me enfrento a la escultura.

Con Cycle irrumpe en el vídeo como medio experimental. ¿De qué trata el material y qué pretende con el mismo?

Cycle se inserta en los campos en expansión de la acción escultórica, la cual ha ido trascendiendo los convencionalismos de forma y objeto. En la exhibición Works in Captivity, de 2002, mostré trabajos realizados con pétalos y hojas, que hacían referencia a instrumentos de labranza, pero cuya construcción tenía una vida muy breve debido a la fragilidad de los materiales. La exhibición consistía, por tanto, en fotografías de esas esculturas. Desde esa experiencia comencé a experimentar con la imagen hasta llegar al vídeo, donde puedo poner en movimiento estas obras de carácter efímero y mostrar su metamorfosis como parte de la obra.

Su trabajo ha ido apareciendo en espacios públicos…

Siempre me han interesado mucho los proyectos en exteriores como una manera directa de interactuar con el espectador. He realizado varios proyectos públicos recientemente en el sur de la Florida y en Nueva York, como son Forest Door, comisionada por el Kendall Campus del Miami Dade College; Column Tree I, comisionada por el West Harlem Art Fund de NYC, ambas en 2006. En mayo de este año instalé la escultura Column Tree II en el Biscayne Campus Sculpture Garden de FIU, en North Miami Beach.

Pregunta de rigor e indispensable: ¿qué representa para usted inaugurar una institución como el Frost Art Museum?

Para todo artista es una gran oportunidad inaugurar un museo y lo considero un honor. Pero no creas, también fue un gran reto, porque una cosa piensa el artista y otra la institución, y uno tiene que asumir esas tensiones y resolverlas sin sacrificar lo que para mí es un principio del cual no se puede claudicar: la libertad absoluta para crear.


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Florencio Gelabert. (JANIS LEWIN)Foto

Florencio Gelabert. (JANIS LEWIN)

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