Actualizado: 31/10/2020 1:43
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Disidencia

«La oposición debe cambiar de estrategia»

Entrevista a Néstor Rodríguez Lobaina, líder del Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia y del proyecto Universitarios sin Fronteras.

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Con diez años de prisión intermitente entre pena y pena, más de 120 arrestos y detenciones arbitrarias, golpizas, torturas, actos de repudio, registros domiciliarios y deportaciones forzosas hacia su Baracoa natal, Néstor Rodríguez Robaina debía partir hacia el exilio, pero las autoridades le han comunicado que no puede abandonar el territorio nacional. Le han negado la "carta blanca" (permiso de salida).

Si al final lo autorizan, Rodríguez Robaina partirá "no sin sentir dolor, pero con la convicción de que ha agotado parte de su juventud en encaminar la lucha pacífica contra el régimen comunista".

La tarde en que en la Villa Primada apuramos un café serrano, intentó resumir casi veinte años de trabajo.

Al líder del Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia (MCJD) y emprendedor tenaz del proyecto Universitarios sin Fronteras, las ideas le brotan sin odio ni rencor. Por eso, más que una entrevista fue una acogedora conversación, bañada con la brisa del mar Caribe, allí donde está casi el hocico del caimán.

¿Cuánto ha sido hasta hoy?

Es difícil. Para mí ha sido una escuela-manigua-cívica por la libertad, como yo la llamo, tanto en la calle como en las cárceles de la dictadura. Esos han sido los frentes de lucha. Tuve la experiencia de luchar contra la persecución militar en la prisión. Agrega a eso la experiencia riquísima de conocer a Jorge Luis García Pérez (Antúnez) en la prisión Combinado de Guantánamo, a Francisco Herodes Díaz Echemendía, que son presos que me aportaron, por verlos en su lucha. Los tengo ahí porque son, como lo es Antúnez, un símbolo, un hombre que tuvo que desarrollar toda su lucha dentro de la cárcel. Nosotros en la calle y él allá dentro.

Ahí vi nacer el Presidio Político Pedro Luis Boitel, y algo muy importante: lograr movilizar a la opinión pública internacional en torno a las cárceles, en la confrontación presidio vs. régimen. Eso hizo que el mundo mirara para el interior de las cáceles. Fíjate que en 1998, cuando la visita del papa Juan Pablo II, cerca de cuarenta presos políticos hicimos movilizar a más de seiscientos presos comunes para una huelga de hambre. Las fuerzas represivas del régimen se vieron obligadas a mover Tropas Especiales, y a recabar la ayuda de las fuerzas que tienen en la zona que colinda con la Base Naval de Guantánamo.

Todo esto, con la lucha que emprendió el MCJD y el proyecto Universitarios sin Fronteras, fue algo definitivamente fructífero.

Si te dejan salir, integrarás esa comunidad política que es el exilio. Será, por supuesto, una nueva etapa. ¿Qué opinión tienes?

Hay un exilio político histórico, con una tradición patriótica, que se estableció a partir de que se instalara el régimen totalitario en Cuba. Para mí es una pena no haber conocido a Mario Chanes de Armas, Eusebio Peñalver y otros. Ahí están Ernesto Díaz Rodríguez, Ángel de Fana y muchos más. Y hay otro exilio después de la caída del Muro de Berlín, que tiene otra perspectiva: son los balseros y cubanos refugiados políticos. Es una cuestión de cambio generacional. Es una masa diversa de cubanos.

No sé qué me depara en el futuro inmediato, pero estoy seguro de que mi convicción de luchador pacífico no me abandonará. Tengo que esperar a que sucedan los acontecimientos, porque yo no tengo una beca en la universidad, ni me espera una carrera política. Lo que sí sé es que he agotado todas mis fuerzas y estrategias. Dediqué mi juventud a esta lucha, a la que ahora mismo no le veo fin. Fueron diez años de cárcel que me impuso la dictadura. Ahora intentaré una nueva manera de emprender la lucha. Desde la adolescencia estoy enfrentando la persecución policíaca, y esa experiencia la pondré al servicio de mi país.

¿Cuál es tu perspectiva de la lucha pacífica?

Hay una palabra, que es valga la redundancia, una "mala palabra": cambio. En América Latina y otros lugares se ha convertido en una palabra de orden, que ha sido aceptada tanto por la cúpula gobernante cubana (como eslogan) como por la izquierda pujante, dígase Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Cuba necesita un cambio, pero el exilio y la estrategia de lucha pacífica interna también lo requieren ya. Un aire nuevo, teniendo en cuenta que se han agotado más de treinta años desde que se iniciara, con el pionero Comité Cubano Pro Derechos Humanos. Se necesita un cambio desde el interior. Se ha caído en esquemas.

Un ejemplo fue Concilio Cubano, en los noventa, que lo penetraron y se fue abajo. También está el Proyecto Varela, con todo el respeto que merece el hermano (Oswaldo) Payá. Están otros intentos de unidad nacional, como la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, y recientemente la Agenda para la Transición. Estos intentos no fueron del todo exitosos.

El éxito no está en reunirse, sino en logar una masa compacta, como sucedió en Polonia, con una oposición única, compacta, visible, que logró sentar a la mesa de diálogo al régimen comunista polaco. Estos líderes, con una vieja experiencia, deben reciclarse. Si no cambian, irán de fracaso en fracaso.

Actualmente, las opiniones están divididas dentro de Cuba. Me refiero al hecho de recibir directamente ayuda monetaria del exterior. ¿Qué opinión tienes?

Se han hecho planteamientos muy superficiales, por parte de voces alternativas dentro de Cuba. Pienso que ha sido precoz, inmadura e irresponsable la declaración de ciertas voces, que desde dentro han querido atacar al exilio. No es el momento para declaraciones así. El aparato al que nos enfrentamos es muy sofisticado, y nos lleva mucha ventaja, como para darnos el lujo de estos esquemas. Así, a quien único se favorece es a nuestro perseguidor, a nuestro verdugo. Es un error político, por la poca información e inmadurez con que han afrontado el tema.

¿Qué piensas del aumento de la represión en el Oriente del país?

No se puede ver como contraataque a la actividad opositora, así simplemente. Es una política de Estado. El gobierno sabe que estas dos figuras (Fidel y Raúl) son ya historia, están en sus finales. Fidel sólo escribe, irreflexiona muchas veces, como hemos podido ver. Raúl es un hombre de mano dura, y estamos en un momento sin regreso.

Por la actual situación internacional y la marcha imparable de los tiempos, Raúl ha lanzado un vistazo a la juventud; no sólo ya a la juventud opositora, sino a toda la juventud. Ha visto otra vez el peligro. Entonces, es política de Estado, de Raúl Castro, reprimir a la juventud cubana.

Lo que hace el régimen en Guantánamo y Baracoa, que ha dado un giro de 180 grados, respecto a meses anteriores, donde había un posición más respetuosa respecto a los "hermanos Lobaina", como nos llaman a nosotros aquí.

Somos un "caso" para los servicios represivos del MININT. Hace un tiempo se veía una política de contención más prudente. Ahora, hasta golpizas hay. Están golpeando de forma inmisericorde, les fabrican causas, los levan a la cárcel por nada; sacan certificados médicos y no significa nada.

La Fiscalía se hace cómplice de delitos que constituyen una violación bien clara de los derechos humanos. Cometen delitos los fiscales y les dan toda la impunidad a los militares. Esa no es política local, ni siquiera regional, es una política de Estado. El Furry (Abelardo Colomé Ibarra), ministro del Interior, es el artífice de esto que está sucediendo.

¿Cuba está en una encrucijada, o simplemente el gobierno va siguiendo un guión preconcebido?

(Risas) No, no, los Castro saben que de ello dependen muchas cosas, están en una encrucijada. Porque ellos dos son el problema de Cuba. Con esto se ha demostrado el continuismo, el nepotismo, porque talento hay. Aquí hay talento, hay hombres y mujeres capaces de trazar un plan de reivindicación económica para la Isla. Son más capaces que Raúl, que es un militar de carrera, pero con una cultura militar, asmática. No creo que "la mano para salar la economía y el país" sea de la misma camarilla de siempre.

¿Existe otro Néstor, distinto a aquel que entró por primera vez a prisión? ¿Cuánto has cambiado?

Néstor sigue siendo el mismo y otro. Tanto en el alma como en el espíritu. El mismo que comenzó muy rebelde, pero ahora con algo más de experiencia. Tengo el mismo arrojo y coraje de la década del noventa, cuando comencé la lucha. Pero hay algo de lo que no hemos hablado, y tiene que ver con mis aspiraciones y mis mayores esperanzas. Se trata de Universitarios sin Fronteras. Tuve la suerte de no tener una raya que cruzar. El mismo gobierno me hizo opositor, poco a poco, y no de golpe.

Universitarios… es uno de los propósitos que más preocupó a la cúpula gobernante y a sus cuerpos represores, teniendo en cuenta el capital humano del mismo: el sector estudiantil universitario. El proyecto pretende rescatar la independencia de, por lo menos, las tres más importantes casas de altos estudios del país y el rescate de la vida espiritual de la nación, en el ejemplo palpable de la Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva.

Sería muy saludable una nueva universidad católica en el contexto de la universidad actual. En el pasado fue objeto de duras críticas, por excluir de su seno a los que no pertenecían a las clases alta y media de la sociedad. En ese proyecto recuperador fue que las autoridades vieron el peligro. Buscamos una nueva universidad para desbaratar el discurso de un proyecto idealista y farsante.

Esa es mi lucha, una punta de lanza directa al corazón de la tiranía.


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