Actualizado: 21/08/2019 5:32
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Literatura

La Patria Albina

Entrevista al escritor Lorenzo García Vega: «Hace tantos años que soy un apátrida, que no sé dónde me ubicaría dentro de la literatura cubana».

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Escritor no-escritor, notario que escribe, escritor autista…, las definiciones sobre Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, 1926) se suman con los años. No sólo porque su obra, quizá la más interesante que se haya intentado sotto vocce después de Lezama, ha venido a confundirlo todo aún más; sino, porque su intenso cuestionamiento de sí mismo, que es por supuesto también un cuestionamiento al grupo Orígenes (al que perteneció de facto) o a los diferentes devaneos de la vida política y literaria cubana, dentro y fuera, lo han hecho quedar en una posición incómoda.

Una posición de guerra contra el nacionalismo y toda la clasificatoria comercial que suelen hacer las editoriales antes de publicar un libro. Una posición "albina", para decirlo con sus propias palabras… La presente entrevista, realizada por correo electrónico a García Vega, intenta abundar en esta "guerra" y en los diferentes contextos donde esta ocurre; de lo que sin dudas El oficio de perder, su reciente autobiografía publicada en México, vendría a resultar un verdadero ejemplo.

El oficio de perder, más que un libro de memorias o testimonios, parece una suerte de monólogo perverso sobre su infancia, Orígenes, Cuba (a la que usted en el libro llama repetidas veces "la Atlántida") o la revolución. Si tuviera que clasificar estas memorias, ¿cómo lo haría? ¿Pudiera pensarse que El oficio… es una mezcla o un juego con diferentes géneros?

No, no. Insisto en que yo he escrito una autobiografía, y sólo una autobiografía. Siempre se toma un modelo (para seguirlo, o para tomarlo en cuenta, o para superarlo, o para rechazarlo) cuando uno se propone escribir un libro sobre uno mismo. O, al menos, es lo que yo siempre he hecho (recuerdo, por ejemplo, que al escribir Las espirales del cuje estuve leyendo y releyendo el Absalón de Faulkner, aunque esta lectura no aparece en mi relato: fue una influencia indirecta, muy indirecta).

Y así, entonces, al proponerme con El oficio de perder escribir mi autobiografía, tomé como modelo, o como contraste, o como lo que fuera, esa otra autobiografía: El espejo que vuelve, de Alain Robbe-Grillet. Recuerdo, todos los meses yo le iba leyendo mi manuscrito de El oficio de perder al novelista amigo, Carlos Victoria. Entonces él me hizo saber que existía la autobiografía de Robbe-Grillet, y me lo hizo saber por lo atípica que es esa autobiografía, y por lo cercano que siempre me ha sido el hombre del "Nouveau Roman". ¿Entiendes, ahora, cómo yo soy el autor de una autobiografía albina? Una autobiografía albina, es una autobiografía albina, y no puede ser de otra manera.

Entre Los años de Orígenes y El Oficio… existe una obvia diferencia, a pesar de que ambos son una reflexión "privada" sobre contexto, literatura y política en la Isla. ¿Considera usted que uno es la continuación del otro? ¿O piensa más bien que no, son dos libros que no deben mezclarse, unirse, con propuestas y lógicas diferentes?

Por supuesto, me he pasado la vida inventándome la vida a través de lo que he escrito, pero entre un libro y otro está el salto de los años con el peso que van dejando en mí, y con la manera que en que va cambiando mi mirada con el tiempo. En mis veinte años escribí mis recuerdos de niño de Jagüey Grande en Espirales del cuje, pero es difícil, y laberíntica, la continuidad que puedo encontrar dentro de mí con ese libro.

Claro que hay un hilo, pero el hilo se me pierde. Los años de Orígenes responde a un momento en que todavía me invento, como un apasionado, un trozo de un pasado al que creía haber pertenecido. Ahora, cada vez más me siento alejado de todo aquello con teleología insular y otros rebumbios, que ahora sí sé nada tenían que ver conmigo. Pero El oficio de perder, mi autobiografía, ya es otra cosa: aquí trato de buscar, o de inventarme, o de lo que sea, las piezas de mi vida, y esto, como continuamente digo, para tratar de hacerme un laberinto.


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