Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Chile

Manifestaciones en Chile: entre la defensa de lo público y el surgimiento de una nueva izquierda social

Entrevista a Carlos Duran Migliardi, doctor en ciencia política y directivo de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS) de Chile

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La actualidad noticiosa chilena se encuentra, desde hace semanas, ocupada por el movimiento (estudiantil, magisterial y, cada vez más, ciudadano) de luchas a favor de un sistema de educación pública. Este movimiento se enfrenta al férreo legado de casi cuatro décadas de políticas neoliberales que han estructurado no solo una economía sino una sociedad de mercado, modelo que parece ser desafiado por las actuales protestas y demandas. Para abordar en toda su complejidad este acontecer hemos invitado a Carlos Durán Migliardi, doctor en ciencia política y directivo de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales (ARCIS). Entre sus publicaciones recientes destacan “Observando a los observadores: Los analistas políticos frente al conflicto popular de 2006 en Oaxaca” y “Neopopulismo: la imposibilidad del nombre”, ambas en compilaciones a cargo de FLACSO México. Carlos es un joven académico y ciudadano chileno, identificado con las luchas sociales en el país austral, al que agradecemos la oportunidad de compartir sus opiniones con los lectores de CE.

¿Cómo describirías al modelo imperante en Chile, en lo referido a los alcances de la democratización política, los niveles de desarrollo económico y la cobertura de las políticas sociales? ¿Hasta qué punto ha permeado dicho modelo la psicología y cultura política de la gente?

Carlos Durán Migliardi (CDM): Hasta antes del fenómeno de las movilizaciones estudiantiles, el país se encontraba signado, en su dimensión política, por un proceso de disolución de la matriz política transicional y un consecuente proceso de consolidación de la visión tecnocrática de la política representada en su forma más clara por el Gobierno de Piñera. Esto se había traducido en un progresivo alejamiento de la ciudadanía respecto a la política institucional, no necesariamente por considerarla negativa, sino que más bien por percibirla como poco relevante para la solución de sus problemas, todos ellos abordados desde la concurrencia al mercado.

En este sentido, las políticas sociales, ciertamente existentes, operaron más como un suplemento o correctivo de las fallas del mercado que como un espacio de empoderamiento ciudadano, factor que contribuyó, desde las administraciones concertacionistas, a profundizar una cultura política desafectada, alejada de lo público. En definitiva, una cultura política privatizada.

En el campo de la educación superior, esta ausencia de una política pública efectiva se manifestó en una actitud fuertemente displicente frente al predominio de la lógica económico-mercantil en la regulación del acceso a la educación superior. Así es cómo el amplio acceso a la educación superior alcanzado durante las dos últimas décadas, trajo como efecto el empeoramiento de la calidad educativa, el sobreendeudamiento de los jóvenes y la presencia descarada del lucro como el motivo movilizador de la ampliación de la cobertura.

¿En qué situación se hayan las izquierdas sociales y políticas chilenas (tan estudiadas por su protagonismo en el intento de una vía chilena al socialismo y dentro del ulterior programa concertacionista de transición postdictatorial) de cara al modelo vigente?

CDM: Las izquierdas, a mi juicio, coincidieron en habitar un espacio de radical impotencia. La izquierda concertacionista, o al menos aquella que se relacionó culposamente con el modelo heredado de la dictadura, se contentó con administrar eficientemente el modelo, acoplando algunos ajustes menores que, en lo fundamental, no alteraron las bases de sustentación de la sociedad neoliberal producida por la dictadura pinochetista y sus funcionarios civiles. Bajo la premisa del realismo y el posibilismo, la izquierda concertacionista fue progresivamente abandonando sus convicciones, desafectándose de sus bases de apoyo y convirtiéndose en un actor más de la clase política chilena.

La izquierda extraconcertacionista, por su parte, también se manifestó impotente. Más allá de la impugnación al modelo, no fue capaz de generar estrategias atractivas para la ciudadanía, la que en gran medida fue asumiéndola como una verdadera “pieza de museo”, probablemente atractiva pero absolutamente inútil.

En este contexto, el fenómeno reciente de las movilizaciones estudiantiles, con su desenfado y con su saludable intransigencia en la impugnación al modelo educacional vigente, no hizo sino explicitar la “mala conciencia” de la izquierda concertacionista, y la inefectividad de la izquierda extraconcertacionista.

Sea como sea, lo cierto es que el nuevo escenario, necesariamente, redundará en el surgimiento de una nueva izquierda, coincidentemente con el más que probable reacomodo del campo político nacional, reacomodo que a mi juicio será la principal consecuencia del fenómeno de las movilizaciones estudiantiles.

¿Podrías esbozar una caracterización del movimiento estudiantil y de los factores que provocan su aparición y desarrollo, a partir de aquel emblemático movimiento de estudiantes secundarios conocido como Los Pingüinos?

CDM: Una ilustración a mi juicio muy clara para la caracterización del actual movimiento estudiantil lo constituye su comparación con los movimientos universitarios de la década de los noventa. En esa época, las movilizaciones estudiantiles se centraban en demandas de democratización de las universidades públicas, y de ampliación de las oportunidades a los sectores más postergados de la sociedad, por medio de la propuesta de un “arancel diferenciado”, en donde el pago por educación fuera proporcional al nivel de ingresos de los estudiantes. Por otro lado, importante es destacar que dichas demandas no alcanzaban a generar niveles significativos de articulación con el mundo de la educación superior privada, sector que junto con ser espacio de reproducción de las élites, comenzó a captar al creciente porcentaje de estudiantes provenientes de los grupos de menores ingresos en el país.

El movimiento estudiantil actual, por el contrario, superó claramente la demanda de aumentos en las coberturas de becas y reducciones arancelarias, y se ha concentrado en una objeción del modelo de educación superior en su conjunto, incluyendo la educación pública y privada. De esta forma, la interpelación de los estudiantes es a todo el sistema educacional, interpelación que se sintetiza en la demanda por el fin del lucro y el reconocimiento del carácter de bien público de la educación.

Probablemente, lo que explica este cambio en alguna medida es una cuestión generacional: los jóvenes de hoy ya no operan con la lógica transaccional y posibilista de los noventa, ya asumen a la democracia como un hecho y no como un bien a resguardar, y no temen al levantamiento de demandas que pudieran parecer “imposibles” de satisfacer.

Por otro lado, la experiencia de la “rebelión pingüina”, cuya salida fue la constitución de una mesa de negociación que, en el tiempo, disolvió sus compromisos, otorga a este movimiento un carácter infinitamente más exigente y menos procesable que el de años pasados. La bajada de la movilización solo es a condición de compromisos y cambios efectivos

¿Cómo resumirías los principales objetivos e hitos del movimiento, así como los desafíos que enfrenta en la coyuntura actual?

CDM: El objetivo del movimiento es claro: poner fin al lucro en la educación, lo cual significa generar ajustes mayores al sistema educacional, y garantizar el acceso a la educación superior, entendida ahora como un bien público que debe tender a la gratuidad. En síntesis, una demanda por el reposicionamiento del Estado como un actor central en el sistema educacional.

Este objetivo, difuso en un principio, se fue configurando a la luz de un proceso progresivo de legitimización en la escena pública. Las multitudinarias manifestaciones generadas desde mayo y hasta ahora dan espaldas al movimiento, y lo errático de la acción del Gobierno frente a éste no ha hecho otra cosa que acrecentarlo.

El reto para los estudiantes es mantener su unidad de acción dentro de la gran variedad de liderazgos y posiciones que constituyen el movimiento. Hasta ahora lo han logrado. Veremos si continúan.


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