Actualizado: 10/12/2018 18:40
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Literatura, Exilio

Manuel Vázquez Portal, Miami

“Fui hijo de una generación hechizada. Creímos. Y de repente, caí en la cuenta de que nos habían amantado con la mentira”

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Manuel Vázquez Portal (Morón, Cuba, 1951) es poeta y periodista, licenciado en Lengua y Literatura Hispanoamericana y Cubana por la Universidad de Santa Clara, Cuba. Fue profesor de enseñanza media, asesor literario del Ministerio de Cultura y periodista en diferentes medios estatales cubanos. Obtuvo varios premios entre los que se destacan los de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC, 1984), La Edad de Oro, 1985 y 1993, del Ministerio de Cultura y el Premio Abril de la editorial del mismo nombre. Publicó en Cuba los libros Del pecho como una gota, A mano abierta, Cantos iniciales, Un día de Pablo yCascabeles. En Estados Unidos dio a conocer su poemario Celda número cero y en Italia Cambio de celda. En Argentina, España e Italia publicó su libro Escrito sin permiso. En Miami ha publicado su poemario Velo de cristal y su novela Un amor en los ochenta. En 1995 ingresó en la agencia de prensa independiente CubaPress y más tarde fundó el Grupo de Trabajo Decoro, el que presidió hasta su encarcelamiento. En abril de 2003, el Tribunal Provincial de Ciudad Habana lo condenó a 18 años de cárcel por ejercer libremente el periodismo y, en junio de 2004 consiguió una “licencia extrapenal” por razones de salud, gracias a una campaña internacional por su liberación emprendida por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ). Mientras estuvo en prisión recibió el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión “Hellman Hammett” que otorga Human Righ Watch. Partió al exilio en el 2005 y actualmente ejerce el periodismo en algunos medios en la ciudad de Miami.

¿Por qué decidió vivir fuera de su país?

Manuel Vázquez Portal (MVP): Yo no lo decidí. Me quedé sin país. Me lo quitaron. O, por lo menos, me quitaron el país que yo soñaba tener. Un día quise describirlo con sus joyas y sus harapos y me lo prohibieron. Lo hice sin permiso y entonces intentaron impedirme la voz. Perdí el sentido de pertenencia y quise reinventar un país donde la voz no fuera una culpa. Vino el castigo. Fui un inexistente. Vagué. Vagué por un delirio que querían imponer como realidad. Vagué por una realidad que se obstinaban en negar. Vagué por el miedo, por la incertidumbre, por la soledad. Vagué por el hambre, por la insalubridad, por el silencio impuesto. Vagué por las fugas de gente amada, por las penurias de gente sin aliento ni esperanzas, por los riesgos de inocentes que debían delinquir a diario para no desvanecerse de pobreza. Vagué por una ensoñación que me llevó a la cárcel. Vagué y vago porque no tengo país. El lugar donde nací es un pasado que se empeña en permanecer y nos convierte en ciudadanos errantes. Y eso soy, quizás somos todos los cubanos, unos caminantes sin serventías propias porque nos robaron todos los senderos.

¿De qué manera salió de Cuba?

MVP: Aterrado. Huyendo. Con todas las veredas clausuradas. Con todos los sueños hechos añicos. Fui hijo de una generación hechizada. Creímos. Y de repente, caí en la cuenta de que nos habían amantado con la mentira. Fue rauda la caída —o la ascensión, no sé. Y fue recio, abrupto el camino hacia el rencuentro conmigo mismo. Preferí el riesgo in sito, pero entonces no sabía que ya no tenía patria. Y como nunca he podido cruzarme de pensamientos ni de brazos frente a lo que no acepto, me opuse. Me opuse, lo proclamé y lo pagué. Caro precio del que nunca me arrepentiré. Fui del risueño, irónico rechazo de salones y tertulias a la frontalidad abierta y sin escudos contra un régimen que me asfixiaba, nos asfixiaba. Me vi cercado y con miedo. Me vi solo, como un monstruo de crímenes cargado. Me vi abrazado en privado y vapuleado en público. Pero no depuse mi ilusión. Sufrí cuando me convirtieron en adjetivos groseros. Pero ya yo sabía quién era y me había calificado a mí mismo, y estaba conforme. Sufrí más cuando unos barrotes se interpusieron al abrazo de mi mujer y mis hijos. Pero sabía que sin esa falta momentánea de abrazos, después no podría volverlos a abrazar con honra. Salí de la celda mínima hacía una cárcel enorme donde todos pugnaban por evadirse. Me fugué también de la penitenciaría mayor. En mi pasaporte había una leyenda que me convertía en trotamundos eterno: “Salida definitiva”, decía. En mi visa constaba: “Refugiado político”, cuando solo debía decir: “huérfano de patria”.

¿Le ha resultado muy difícil adaptarse al sitio en donde reside hoy?

MVP: El ser humano es el mismo en cualquier lugar. Se puede escapar de todos los sitios, de todos los paisajes, peros jamás de nosotros mismos. Se puede permanecer en París y seguir viviendo como en un “solar” de La Habana Vieja. Se puede habitar en Maragabomba y creer que lo hacemos en Nueva York. Las dificultades o las facilidades son un invento de la nostalgia porque el ser humano es siempre un poco sus orígenes y su pasado. Su temple se mide por su capacidad de adaptación con honorabilidad a los nuevos eventos y circunstancias. Quien aprendió a ser digno en Morón lo es y lo será hasta en un hospicio en Madrid. Quien se conformó con ser un miserable en Bahía Honda lo es y lo será en una mansión de Miami Beach. Un sitio donde vivir se fabrica con lo mismo conque fuimos fabricados. No son las posibilidades de poseer un automóvil o la facilidad de masticar un filete sin Libreta de Abastecimientos lo que propicia la tranquilidad interior. El altruista o el avaro lo seguirán siendo y vivirán de ese modo por más que cambie su geografía. El valiente o el timorato no dejarán de serlo porque sople la ventisca helada de Estocolmo o agobie la canícula del trópico. No por cambiar el lugar de los muebles en la sala la casa es otra. Solo un poco de sudor y ajetreo, que a veces confundimos con dificultades, es lo que ocurre. Todo cambio, es cierto, acarrea molestias. Pero es porque no nos damos cuenta de que a nuestro alrededor todo cambia sin pedir nuestra aprobación. Lo verdaderamente terrible es cuando alguien, por más poder que crea tener, se empeña en que nada cambie y condena a los demás a esa inercia huera en que Cuba agoniza.

¿Cuál ha sido su trayectoria artística en su actual lugar de residencia?, ¿qué logros ha obtenido?

MVP: He escrito y publicado. Tres o cuatro libros quizás. Sin otras pretensiones que desfogar mi espíritu, como quería hacer en Cuba sin que ello significara indiferencia o culpa. Sin vedetismo ni fanfarria. Pero sobre todo he escrito sin guardianes custodiándome el pensamiento, anotando mis palabras para ahorcarme con ellas mismas. Sin que nadie me pida la voz para decir lo conveniente o lo supuestamente necesario de un “momento histórico”. Y sin más “evaluadores ni mecenas” que mi propia conciencia. La literatura siempre fue para mí un refugio sin contaminaciones, y así lo he podido hacer desde que, ya dentro de Cuba, lo dispuse. Yo escribo porque no he encontrado un remedio para sanarme de esa enfermedad. Nunca he tratado de complacer a una canóniga, un “ismo” o un comercio ya económico, ya ideológico. Un verso me quema y lo disparo. Sin diana pero sin ataduras. Para ganarme el pan he tenido, y tengo, el periodismo. Como José Martí: “ganado tengo el pan, hágase el verso. Ha sido mi santo y seña. En Miami, donde vine a carenar después de todas las tormentas y naufragios, hay más espacios para el pan que para el verso, pero está muy lejos de ser ese erial cultural que muchos pretenden dibujar. Aquí he visto nacer, publicar, y he leído, piezas que, llegado su tiempo, habrán de ser recogidas en las más exigentes antologías. Aquí he asistido a eventos culturales y tertulias literarias que me han ratificado que cuanto más honda es la herida, es el canto más hermoso”. Pero sobre todo, he podido columbrar el verdadero rostro de artistas y poetas que no tienen que ocultarlo para sobrevivir con honradez y decencia.

¿Qué opina de la sociedad de la que ahora forma parte?

(MVP): Las sociedades son un reflejo de las instituciones que han creado para desarrollarse. Una sociedad con instituciones fuertes es una sociedad saludable por más defectos que pueda tener. Eso es Estados Unidos y eso es Miami, la ciudad más cercana a ese país que he conocido. Si para los que hemos vivido la mayor parte de nuestras vidas bajo la égida del totalitarismo socialista hubiera, como ha pedido en alguna ocasión la Premio Nobel Herta Muller, una segunda oportunidad, me gustaría colaborar en que Cuba fuera una sociedad con instituciones fuertes que no permitieran los desastres que se han producido allí desde 1952 hasta esta fecha en que respondo tus preguntas.

¿Alguna otra observación para los lectores de CUBAENCUENTRO?

MVP: Falten a la escuela. Cómanse toda la merienda, si es del otro, mejor. Tírenle tizas a quien se siente en la primera fila, sin que la maestra los pille, claro está. En fin, pórtense mal que ya sabemos que el invento del “hombre nuevo” no funciona. Un abrazo.


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