Actualizado: 18/10/2021 10:15
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Teatro

Mayra Navarro: en palabras, una vida siempre

Breve entrevista con una mujer que ha dedicado su vida a la narración oral

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Sentarse a imaginar una historia narrada oralmente por Mayra Navarro es de una exquisitez siempre comparable con el girar del pensamiento alrededor del teatro y de la oralidad. En su compañía, pude asistir a su presentación en la sala Pepe Camejo, en el contexto del 10 Taller Internacional de Teatro de Títeres de Matanzas, finalizado el pasado 22 de abril, donde celebró 50 años de vida artística. Versiones de relatos de Onelio Jorge Cardoso, de Dora Alonso, de Javier Villafañe y de Freddy Artiles, engalanaron la noche matancera. Detenido ante la figura de la maestra, con todo lo que representa, la obligación de entrevistarla sucumbió ante el disfrute de saberme arropado por su voz.

Cincuenta años de carrera artística. Medio siglo de Revolución. ¿Cómo ha sido el arte de la narración oral en Cuba?

Mayra Navarro (MN): A finales de los años cuarenta, la doctora María Teresa Freyre de Andrade trajo a Cuba las experiencias de las bibliotecas de Estados Unidos, que empezaban a tener espacios especializados dedicados a los niños. Cuando ella llegó a principio de la Revolución a ser la directora de la Biblioteca Nacional, instauró en su departamento juvenil un espacio llamado “La hora del cuento”. Este tenía como objetivo la formación de un hábito de lectura y el acercamiento de los niños a la literatura, incluso antes de que supieran leer.

Comienzo a trabajar como auxiliar de música en la Biblioteca Nacional en 1962. Descubrí que “La hora del cuento me fascinó”, porque mi abuela me había contado cuentos, mi mamá también, pero me deslumbró conocer de un lugar institucional dedicado a la narración. En ese momento, la narradora no lo iba a continuar haciendo. Entonces me quedé en su lugar, y coincidió que en ese momento se estaba fundando dentro de la Biblioteca el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles, dirigido por Eliseo Diego. El poeta, mi maestro, comenzó a trabajar conmigo. Ahora me asombro de pensar que él, siendo en esa época ya una personalidad de la cultura cubana, me dedicaba tiempo para marcarme lecturas. Gracias a esto fue que comencé a interesarme por el estudio de la teoría y la técnica de la narración oral, porque en el Departamento se hicieron traducciones importantes de textos relacionados con la narración oral y se hicieron también folletos de adaptaciones de cuentos para niños. Se empezaron a hacer talleres, ellos eran los maestros y yo era como un modelo, porque nadie sabía lo que se quería.

Cuando ya mis maestros no estuvieron allí, comencé a ser la directora de esos talleres. Paralelamente, me gradué de pedagogía en la especialidad de español. Desde entonces es que me dedico a contar cuentos.

En estos momentos tengo el Foro de Narración Oral del Gran Teatro de la Habana, que tiene varias líneas de trabajo, como los talleres de formación anual, los talleres permanentes, los festivales como el Primavera de cuentos. Este espacio es como el núcleo de lo que se ha ido generando alrededor de la narración oral. En mi proyecto Narrarte, que fundé en 1995, hago funciones para niños, trabajo en Bibliotecas, para niños y para adultos. Y en eso se me ha ido la vida. Yo digo que la vida es lo que uno hace mientras está haciendo proyectos, ideas.

¿Podría hablarme de su relación con el teatro para niños y de títeres?

MN: Cuando salgo de la Biblioteca Nacional en 1977, paso a trabajar en la Dirección de Teatro del Ministerio de Cultura como especialista de teatro para niños. En ese entonces había 28 grupos en el país y mi labor era conocer sus repertorios, seguir el proceso de las obras, guiarlos para definir una línea artística, velar por la calidad. Hice con otro investigador un estudio sobre el movimiento del teatro para niños que abarcaba desde 1979 a 1989. Estudiamos toda una información que había en estadísticas; cotejamos problemas y soluciones. Hicimos unas conclusiones con todo el estudio de las obras y de las deficiencias de los grupos. Por poco nos matan los directores y los actores.

En 1979 organizo el Primer Festival de Teatro para Niños. De ahí saqué muchas experiencias. Para el otro Festival en 1981, preparé unos encuentros territoriales, en el oriente, en el centro y en el occidente, y me apoyé en personas del teatro como Abelardo Estorino, Magaly Muguercia, Freddy Artiles. Empezamos a seleccionar y a presentar en este Festival mejores propuestas y se dio un cambio. En el año 1988 fue el último Festival.

Mi participación en el teatro para niños, después de la fundación del Ministerio de Cultura, marcó una etapa, un camino. Pude accionar en los proceso de los grupos no para fiscalizar, sino para colaborar, para conocer los problemas desde la base, para ayudar a definir líneas artísticas.


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