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México

México: inseguridad, militarización y respuestas ciudadanas (III)

Última parte de una serie sobre la situación actual en México

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Cada semana las agencias que reflejan el acontecer en México nos hablan de las decenas de muertos provocadas por violentos enfrentamientos entre diversas bandas criminales y de estas con agentes policiacos y militares, así como de víctimas civiles del asesinato, el secuestro o el fuego cruzado de los choques armados. Esta entrega concluye una serie de entrevistas a académicos, activistas sociales y personal vinculado a la implementación de políticas públicas, que busca arrojar luz sobre la grave problemática de la (in)seguridad en la nación azteca y las respuestas dadas por el gobierno y la sociedad a semejante coyuntura.

A continuación compartimos las valoraciones de Gerónimo Yéffim Fong, un líder importante de la oposición a la militarización en Ciudad Juárez y milita en la Liga Socialista Revolucionaria. Como miembro del Frente Plural Ciudadano de Juárez fue parte de quienes organizaron en dicha ciudad el recibimiento a Sicilia y las mesas de discusión.

Con frecuencia se señalan factores socioeconómicos (pobreza, desigualdad, desempleo masivo) como causas de la persistente inseguridad y criminalidad que sufren los países de nuestro continente. Sin embargo es conocido que sociedades con similares características pueden vivir situaciones diferentes en cuanto a los niveles de violencia. ¿Cuáles serían, su juicio, los elementos estructurales que reproducen en México la actual ola de violencia?

Gerónimo Yéffim Fong (GYF): La violencia en México en los últimos años responde a las consecuencias de una supuesta guerra que el Gobierno Federal ha emprendido en contra del crimen organizado, en donde se incluye la militarización del país. Las consecuencias de esta guerra, no formalmente y debidamente declarada, han sido más de 40.000 muertos en cuatro años y la multiplicación de otros fenómenos de violencia como extorsiones y secuestros. El aumento de la violencia en México coincide plenamente con la estrategia gubernamental de guerra y coincide también con la aplicación de las directrices del Plan Mérida, acuerdo binacional con Estados Unidos en materia de seguridad y militarización. Las condiciones socioeconómicas para el aumento de la violencia en México han estado presentes en este país por casi 20 años, asimismo la pugna entre diferentes bandas del crimen organizado en una condición permanente, pero evidentemente el aumento exponencial de la violencia en México en los últimos 4 años, tiene que ver definitivamente con una política de Estado, que se agrava con una crisis de éste. El Estado mexicano en todos sus niveles es profundamente corrupto y está implicado en el crimen organizado, además el sistema de justicia es totalmente ineficiente, se habla de hasta un 98 % de impunidad.

El presidente Felipe Calderón, inmediatamente después de asumir la Presidencia, declaró la guerra abierta al narco. ¿Qué razones le llevaron a privilegiar esta estrategia dentro de su agenda política para todo el sexenio?

GYF:Felipe Calderón es un presidente que tiene dos características fundamentales. Primero, es un claro socio subordinado a los intereses del capital trasnacional y fuertes nexos con el Consenso de Washington; segundo, es un presidente ilegítimo que se impuso en la presidencia de México mediante un gran fraude electoral. Ambas características se combinaron para que Felipe Calderón lanzara la oscura guerra contra el crimen, como su plan de trabajo para todo el sexenio. Por una parte, la crisis del capitalismo global y del imperio norteamericano, en particular, ha llevado a éste a impulsar una política guerrerista a nivel global e intrusivo en asuntos militares a nivel Latinoamérica, usando como marco general la llamada “Guerra contra el terrorismo” y como marco regional el impulso de la llamada “Guerra contra el narcotráfico”. Para Felipe Calderón la prioridad consiste a hacer pasar la agenda del Consenso de Washington en México a quien se observa como patio trasero de Estados Unidos, la punta de lanza para llevar a cabo este proyecto es el Plan Mérida que apunta a una clara militarización del país, con apoyo estadounidense. Por otro lado la falta de legitimidad del proceso electoral que llevó a Calderón a la presidencia, lo obligaron a plantearse una estrategia agresiva en contra del movimiento social que pide su destitución. En este contexto, el plan de guerra de Felipe Calderón se observa más como una oportunidad de militarizar al país y gobernar por la fuerza.

La amplia presencia del Ejército y la Marina asumiendo, en las calles, tareas de seguridad interna es lo que ha llevado a muchos a hablar de la “militarización de México”. ¿Este fenómeno es realmente efectivo para detener el crimen organizado? ¿En qué medida afecta la democracia? ¿Cuáles deben ser los límites de su injerencia y temporalidad?

GYF: La estrategia de militarizar al país no ha servido para detener el crimen, al contrario, lo ha aumentado dramáticamente. El ejemplo paradigmático de esta situación es Ciudad Juárez, actualmente la ciudad más violenta del mundo, en donde se observa un aumento del 500 % en la ola de asesinatos, extorsiones y secuestros después del despliegue del Ejercito y la Policía Federal en las calles de la ciudad, a partir del día último de marzo del 2008. El Ejército y la Policía Federal en las calles son, además, responsable directo de una serie de violaciones a derechos humanos y desapariciones forzadas. La carta fuerte de la supuesta guerra contra el crimen lanzada por el Gobierno Federal en 2007, es precisamente la militarización del país, y actualmente ante las evidencias, existe un amplio consenso en México de que esta estrategia ha fallado, se observa a la guerra, como inútil, fracasada y contraproducente. En cuanto a las reglas que debe seguir el uso del Ejército mexicano, están plasmadas en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El Ejército solamente está para combatir ataques extranjeros o para casos de seguridad nacional, no debe inmiscuirse en asuntos policiales y mucho menos lanzarse a guerrear contra un sector de los mexicanos.

El poeta Javier Sicilia ha encabezado un movimiento nacional contra la guerra de Calderón. Sin embargo, han existido discrepancias entr Sicilia y otros actores del movimiento respecto a una exigencia formulada el pasado 10 de junio en Cd. Juárez: “Fin inmediato de la estrategia de guerra, desmilitarización de la policía y regreso del Ejército a los cuarteles.” Entre semejantes planteos radicales y las apuestas gradualistas y de concertación ¿cuál debe ser la apuesta esencial de la sociedad civil mexicana para parar esta guerra que ya ha costado la vida a 40 mil ciudadanos?

GYF: Debemos entender que el Gobierno está enredado en una política contraria a los intereses de las clases trabajadoras en México. Sus “malas” estrategias en realidad no son fracasos, sino parte de una agenda de control de la población. En ese sentido, no se trata de buscar diálogos con el Gobierno o tratar de corregir y humanizar al Estado mexicano a la hora de su máxima corrupción. No es fácil delinear de una vez y para siempre una estrategia correcta para sacudirnos la violencia que azota nuestro país, pero cualquier estrategia pasa necesariamente por conformar un amplio movimiento de masas crítico al Gobierno, enraizado en varios sectores en lucha, por ejemplo, mineros, electricistas, campesinos, indígenas, etcétera y retomar como un punto no negociable la exigencia de desmilitarización del país.


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