Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Puerto Rico

Miradas Borinqueñas

Entrevista con el ex líder estudiantil Aníbal J. Núñez y con el doctor en Ciencias Políticas Héctor M. Cruz Feliciano

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Hoy tenemos, en la primera entrega de esta serie, la voz de dos intelectuales y ciudadanos puertorriqueños que nos ofrecen un testimonio plural del acontecer en la hermana nación caribeña.

Ambos han respondido a un cuestionario común, que también suscitó las fundamentadas reacciones de otros entrevistados, las cuales compartiremos en próximas ediciones. El primer invitado es Aníbal J. Núñez González, bachiller en finanzas por la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Puerto Rico (UPR), quien culmina este año los estudios de Derecho en dicha Casa de Estudios y fue líder estudiantil y portavoz del Comité Negociador Nacional durante la huelga de abril a junio de 2010 en la UPR.

Lo acompaña Héctor M. Cruz Feliciano, doctor en Ciencias Políticas (University of Wisconsin-Milwaukee) y docente en la Universidad de Puerto Rico (Rio Piedras), la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Autónoma Nacional, en Managua, Nicaragua. A ambos (y a los colegas que aparecerán en futuras entregas) les agradecemos el tiempo e interés demostrado en sus respuestas.

Dentro del panorama político puertorriqueño el proyecto de vinculación con EEUU representado por el “estado-libre asociado” parece ser la visión hegemónica dentro de la sociedad, refrendado por sucesivos procesos electorales. ¿A qué atribuyen esa situación y cómo quedan los otros proyectos (el anexionista y el independentista) en la actual coyuntura política nacional y regional?

Aníbal J. Núñez González (ANG): La visión estadolibrista de relación constitucional con los EEUU, como bien planteas, ha sido por muchos años la visión de mayor fortaleza. Desde la década de los 40 y con posterior a la aprobación de nuestra Constitución en 1952, el Estado Libre Asociado (ELA) ha logrado mantener un vínculo casi familiar dentro de las personas que participan en el proceso democrático de nuestra sociedad, lo que le ha permitido mantener su solidez después de décadas. En aquel momento, la ONU aprobó dicho proyecto de status como un esfuerzo descolonizador, aunque contaba entonces con una minoría de apoyos, y eso ha ayudado a preservarlo y eso ha hecho su impugnación más difícil. Me atrevo a atribuir esa característica al peso del arraigue histórico de la tradición estadolibrista dentro de las familia puertorriqueñas, en una sociedad donde la familia extendida ayuda a que la influencia del ideario de nuestros abuelos, tíos, padres, sea fuerte en nuestra formación. Los demás proyectos, por otro lado, han tenido que buscar adeptos mediante la demonización del proyecto estadolibrista.

Por otro lado, en Puerto Rico se han identificado los partidos con la descripción política que existe en los demás países: unos como izquierda y otros como derecha. El movimiento independista es catalogado como la izquierda y como tal ha sufrido muchas de las penas —como el fraccionamiento interno— que han sufrido otros movimientos afines en Latinoamérica. El partido anexionista, por otro lado, ha ganado terreno por tener un sistema más centralizado, parecido a otros partidos de derecha, y ha logrado adeptos por la noción de prosperidad promoviendo la comparación con estados que han disfrutado de realidades económicas distintas a la de Puerto Rico. Se trata de una “carta de presentación” de algo que podríamos ser, pero con la interrogante de si aún con la estadidad sería posible.

Héctor M. Cruz Feliciano (HCF): A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el puertorriqueño promedio se ha dejado regir por la máxima de “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Quinientos años de coloniaje no se borran de un zarpazo, y a la vez van dejando su marca en la cultura política del país: las actitudes, creencias, sentimientos y valores que van moldeando las respuestas del pueblo a los retos políticos, sociales y económicos que se le presentan.

El modo de opresión que se ejerce en nuestro sistema colonial es sutil, pero efectivo: EEUU se reserva la última palabra en todos los asuntos jurídicos y legislativos, mientras deja que la gente juegue a la democracia en los asuntos locales y de menor envergadura. El país tiene el nivel más alto de pobreza en todo el territorio estadounidense, pero a la vez, gracias a su capacidad de crédito, tiene uno de los más altos niveles de consumo.

El imperio ha facilitado un entorno que oprime sin confrontar, en que al puertorriqueño lo dejan SER lo suficiente como para que se complazca en su condición de colonizado y no encuentre incentivos mayores para abogar con fuerza por un cambio de status que trastoque radicalmente las bases de su actual bienestar, artificial y no autosostenible. La propuesta de una “estadidad jíbara (lo que sería guajira para los cubanos)” por parte del sector estadoísta responde al reconocimiento de este elemento en la idiosincrasia puertorriqueña: la oferta de un nuevo modelo aspiracional sacrificando lo menos posible de lo que ya tenemos y de lo que somos. La opción independentista solo tomará fuerza cuando suceda una de dos cosas (o las dos): que surja un liderazgo excepcional capaz de reinterpretar la imagen que tienen los puertorriqueños de sí mismos y de su futuro; y, 2) que la situación socio-económica llegue a un alto grado de deterioro y los puertorriqueños empiecen a ver la relación colonial como la causante de su desgracia.

Desde hace meses asistimos a importantes protestas del sector público y del estudiantado, en contra del paquete neoliberal de la actual administración de San Juan. ¿Cuál es su valoración de este fenómeno y qué posible curso seguirán los acontecimientos dada la vinculación de la economía isleña con el mercado y política estadounidenses?

ANG: No me parece que sea un fenómeno muy particular cuando lo comparas con los demás movimientos a través del mundo entero. Por un lado, los partidos de extrema derecha han logrado victorias en varios países europeos y no es sorpresa que los movimientos de oposición hayan logrado un curso de acción que se hace notar y que gana terreno en la opinión pública nacional. En Puerto Rico, cuando el partido anexionista (PNP) logra el poder, gana también la oposición del sector más amplio del país, el sector estadolibrista, que en su búsqueda de retomar el poder aprovecha el fervor progresista para hacer fiscalización y oposición férrea al nuevo gobierno. No creo que esto sea algo trascendental, como podría uno desear, puesto que la abrumadora mayoría del país reconoce nuestra dependencia económica con los EEUU. Sin pasar un juicio sobre la deseabilidad de dicha dependencia económica, se convierte en un elemento cardinal al momento de tomar cursos de acción. Por ejemplo, el movimiento estudiantil enfrentó un gran obstáculo con la posible pérdida de los fondos federales provenientes del Título 5 de la Higher Education Act. Eso demuestra el arraigo y respeto que nuestra sociedad le tiene a dicha relación económica y la valorización colectiva que le tenemos.

HCF: Esta pregunta guarda relación con mi respuesta anterior: en Puerto Rico dos elementos que tienen gran capacidad de movilizar a la gente son las afrentas a la dignidad nacional y al bienestar económico. No creo que en la mayoría de la gente haya conciencia de lo que constituyen políticas neoliberales, ni que la oposición a las medidas se deba a una posición ideológica. Me parece que a lo que está respondiendo la gente es al poco tacto con que las medidas están siendo impuestas por un equipo gubernamental que, como pocos otros en la historia de Puerto Rico, se identifica más con la idiosincrasia estadounidense que con la puertorriqueña.

Las protestas de la UPR han sido noticia en medios internacionales, tanto por la beligerancia de los estudiantes como por la represión policial. ¿Qué agenda está en disputa detrás de ese conflicto? ¿Cómo podría eventualmente resolverse?

ANG: Este movimiento estudiantil, particularmente el que tuvo lugar el pasado año, disfrutó de una reunión de perspectivas que le proveyó fortaleza y apoyo de la opinión pública. También gozó de una meta muy específica: dada nuestra situación fiscal, aparente o no, la remoción de cambios a políticas de exenciones de matrícula se concibe como mucho más plausible que la derogación de una cuota especial para atender la crisis fiscal. No obstante, detrás de esto se presenta un argumento de otra universidad, una que proteja el acceso a la educación en su carácter de derecho fundamental para lograr ese desarrollo integral de la personalidad de los universitarios. Eventualmente necesitaremos mucha voluntad para lograr dicho proyecto, y concesiones mutuas que promuevan la armonía y el espacio para lograr un nuevo proyecto que promueva el desarrollo económico del país sin menoscabar el desarrollo intelectual, académico y político de los puertorriqueños.

HCF: En cuanto a los estudiantes, me parece que además se está dando un fenómeno adicional al que menciono arriba; un fenómeno que está más fuertemente influido por la globalización y los valores del postmaterialismo. Muchos de los estudiantes están luchando porque verdaderamente no pueden pagar la cuota que se les pide, pero no es solamente eso. Aquí lo que hay envuelto es un asunto de principios, un “basta ya” a la sociedad impuesta en que están viviendo; se toma la Universidad como punto de partida, pero yo creo que es parte de algo más grande.

Resulta importante destacar que estos estudiantes también son hijos del sistema y de sus vicios, y como tal a veces reaccionan. Lamentablemente una minoría ha caído en la trampa de responder a la violencia institucional y gubernamental con violencia propia: ese fue el caso de la agresión estudiantil contra la rectora Guadalupe el pasado 7 de marzo. A pesar de todo lo negativo que encarna dicho personaje, no es de universitarios expresar sus desacuerdos mediante la violencia física y siento que ello es lamentable porque en estos estudiantes uno mira la esperanza de una nueva mentalidad, pero a la vez frente al cansancio y el acorralamiento reaccionan de acuerdo a las viejas mentalidades. Pero ese proceso de construir un “hombre nuevo” es lento y complicado y aún hay tiempo de reivindicarse, retractarse, y aprender de los errores. Sigo esperanzado con esta contienda y sus posibilidades, porque aun con sus faltas, no recuerdo haber visto en Puerto Rico una lucha universitaria con tanta altura de miras, ideales y estrategias como la que ahora se está observando.



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