Actualizado: 15/11/2018 8:55
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Escritores, Literatura cubana, Miami

“No busco enviar mensajes”

Entrevista al escritor Rodolfo Pérez Valero, residente en Miami

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Rodolfo Pérez Valero (La Habana, 3 de mayo de 1947) es un novelista y cuentista cubano, especializado en el género policiaco que también ha escrito teatro para niños y adultos.

Se inició como escritor cuando, a los 26 años, obtuvo el Primer Premio de Novela en el Concurso Nacional de Literatura Policiaca Aniversario de la Revolución con No es tiempo de ceremonias, que pronto se convirtió en un best seller nacional y fue publicada también en Buenos Aires, Puebla, Praga, Bratislava, Moscú, Sofía y Kiev. Posteriormente publicó otras novelas y libros de cuentos que lo situaron entre los más destacados y populares escritores policiacos cubanos.

Es autor de la primera novela policiaca de ciencia ficción cubana, Confrontación, escrita junto a Juan Carlos Reloba.

Por su novela El misterio de las Cuevas del Pirata, galardonada en 1979 en el Concurso Nacional de Literatura UNEAC, está considerado, junto a Antonio Benítez Rojo y Joel Franz Rosell, uno de los pioneros de la novela juvenil de aventuras cubana.

Es el único escritor que ha ganado el Primer Premio de Cuento de la Semana Negra de Gijón en cinco ocasiones, 1990, 1993, 1996, 2006 y 2009. Paco Ignacio Taibo II lo ha calificado como el gran cuentista del neopolicial latinoamericano.

En enero de 2015, publicó Misterio en el Caribe, la primera de una serie de novelas de aventuras policiacas para jóvenes y adultos, en la que trabaja en la actualidad.

CUBAENCUENTRO conversó con Pérez Valero sobre la literatura policiaca, el acto de escribir y sus influencias como narrador, entre otros temas.

¿En qué momento decidiste que querías escribir?

Rodolfo Pérez Valero (RPV): Mis padres me compraron una máquina de escribir cuando tenía algo así como diez años y comencé a escribir poesías humorísticas. Nunca más escribí nada hasta que entré en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán en 1966 y comencé a escribir poemas y uno de ellos lo publicaron en El Caimán Barbudo y fue entonces que supe que quería ser escritor. Me leí todo lo del Boom que cayó en mis manos, comencé a escribir cuentos, que no se publicaron, y en 1973 cayó en mis manos la convocatoria del Concurso Aniversario de la Revolución, de literatura policiaca, decidí probar, escribí No es tiempo de ceremonias y estaba muy contento porque, sin haberlo intentado antes, había escrito ¡una novela! Gané el primer premio, se publicó ese mismo año en Cuba, dos años después en Argentina y, claro, el resultado me confirmó que esa era mi vocación. Desde entonces no he parado de escribir

¿Qué te aporta la escritura y la literatura, piensas que vale todo en la literatura?

RPV: La literatura me aportó, los primeros años, mucho reconocimiento y ni un centavo, porque no había derecho de autor: yo escribía “por amor al arte”, literalmente. Años después, la ley de derecho de autor me aportó dinero suficiente para comprarme una motocicleta, lo cual en Cuba era mucho. Más tarde, gracias a una charla literaria que me invitaron a dar en una biblioteca, conocí a mi tercera esposa, con la que llevo casi 40 años de casado. La literatura, creo yo, es lo que me hace sentir que hay algo diferente a la rutina diaria a la que te obliga la vida. Sí, creo que en literatura vale todo.

¿Qué es necesario para que una novela interese a los lectores?

RPV: Eso es lo que se pregunta cada escritor cuando está por decidir el tema de su próxima novela. Al menos es lo que me sucede, porque no quiero invertir años de mi vida escribiendo algo que no le interesará a los demás. Yo escribo para que me lean, no para leerme yo mismo, así que pienso en lo que pueda gustar, pero, ¡cuidado!, solo escribo lo que me guste a mí. No me imagino escribiendo una novela de vampiros, por ejemplo. Aunque, quién sabe…

¿Cuáles son tus géneros favoritos en la lectura, tus autores y quiénes te han influido más?

RPV: En la lectura, prefiero las novelas que toquen aspectos sociales, y todas las buenas novelas lo hacen. Hace años, disfruté muchísimo con las novelas de Hemingway. Mi autor favorito es Mario Vargas Llosa. También me gustaron La broma y otras novelas de Kundera, no las últimas. En literatura juvenil, indiscutiblemente mi mayor influencia es Enid Blyton. Pero creo que es debido a la memoria emotiva. Leí muchos libros de ella cuando tenía unos doce años y ahora que estoy volviendo, como autor, a la literatura juvenil, me di cuenta de que mantengo casi intacta la impresión que entonces me causaron esos libros, y esa es la emoción que intento transmitir en lo que escribo yo.

¿A qué te dedicas cuando no escribes?

RPV: A mi familia y a trabajar en mi empleo de escritor de noticias, para mantener a mi familia y viajar, con mi familia.

¿Cuál es tu método de escritura, anotas lo que se te ocurre?

RPV: Anoto todo lo que se me ocurre, sobre varios proyectos, y guardo las anotaciones. El proyecto que más crece es el que comienzo a trabajar. Sigo anotando, me hago preguntas. Espero a tener todo el argumento antes de escribir. Nunca comienzo por la primera línea sino por cualquier fragmento de la novela que me motive. En ocasiones, escribo un diálogo por aquí y otro por allá. Es como una carretera larga que voy, primero, rellenado y, luego, pavimentando, pero a tramos. Un día, se me ocurre cómo debe comenzar y puede que escriba el principio o simplemente anote algo sobre ese inicio. Nunca he tenido el problema de la página en blanco. Después, cuando comienzo a escribir los diálogos, como casi siempre ocurre, los personajes van adquiriendo vida propia y van desviándose un poco de lo que pensé inicialmente. En general, escribir es un trabajo extremadamente arduo que exige mucha disciplina. Es más placentero sentarse ver el televisor, pero entonces aparece Pepito Grillo a regañarlo a uno.

¿Sí pudieses ser un libro, cuál serías?

RPV: Los libros que más me han impresionado son un poco terribles y no me gustaría ser ninguno de ellos. Creo que me gustaría ser un libro de Enid Blyton, quizás Aventura en la isla: divertido, emocionante y con un final positivo. Yo no soy un atormentado, sino todo lo contrario, así que me gustan los happy endings.

¿En qué proyecto te encuentras sumergido en estos momentos?

RPV: Una serie de aventuras policiacas juveniles. Lo único que siento es no haberla comenzado antes. En realidad, comencé a finales de los años 70, con El misterio de las Cuevas del Pirata, pero nunca escribí la segunda novela. Desde hace años estoy preparando una serie de novelas juveniles con los mismos personajes. En enero de 2015, publiqué Misterio en el Caribe y en junio terminé la segunda novela de esa serie y estoy comenzando la tercera. Tengo planeadas unas seis novelas.

¿Se escribe por placer o también por dinero y reconocimiento?

RPV: Este tipo de pregunta generalmente conduce a respuestas elitistas y a poses mentirosas, que me tienen harto. No tengo claro “el placer de escribir” porque es un trabajo muy duro. Creo que uno comienza a escribir cuando lee algo publicado de otro autor y cree que podría hacerlo mejor. El placer está cuando uno descubre que sí, que lo puede hacer mejor. El placer lo he ido recibiendo, cuando escribo, en el momento en que siento que un cuento o una novela me está saliendo mejor de lo que yo mismo pensaba, o sea, que ya no se trata de escribir mejor que otro autor sino mejor que lo que yo pensaba de mí mismo. Las respuestas clásicas son que uno escribe porque es como respirar, o que uno no puede dejar de escribir. Te juro que me gustaría ¡muchísimo! decir que escribo por dinero, pero los libros generalmente no dan ganancias o dan tan poco que eso no cuenta. Desde que comencé a escribir, tuve en cuenta el reconocimiento. Pero, ¿no lo tiene cada profesional que intenta ser bueno en lo que hace, cada deportista? En general, me molesta la pose de que los escritores somos diferentes y que debemos ser la conciencia de la sociedad. Sí, escribo por reconocimiento; sí, escribo porque me gusta y me siento mejor cuando lo hago; y, sí, me gustaría muchísimo que, además, me diera dinero, pero esto último lo conseguí en Cuba, pero no desde que vivo en un país donde el idioma es el inglés.

¿Dominas los recursos de estilo, las figuras literarias o escribes con estilo propio y sigues experimentando y aprendiendo?

RPV: No entiendo la pregunta, porque tal parece que si respondo que “domino los recursos de estilo, las figuras literarias” es que estoy anquilosado, y que si experimento es que no los domino. Yo no paro de estudiar, a través de artículos y de la narrativa de otros autores: veo cómo logran un efecto, un ambiente, y lo anoto. Cada vez que leo un libro, lo hago con una libreta de notas al lado. Mis cuentos han sido calificados como muy experimentales, pero mis novelas son más convencionales, y no sé por qué. O quizás sí lo sé, pero sería una explicación muy larga.

Se habla que los escritores deben cuidar y ofrecer obras depuradas utilizando recursos narrativos, ¿o encuentras bien que lo que se cuenta, se limite a contar como se cuenta en la sobremesa?

RPV: Escribir no tiene nada que ver con los cuentos de sobremesa. Es otro lenguaje. Pero también me cansa la gente que le gusta determinar qué es literatura y qué no lo es. Por lo general, son escritores frustrados que no han conocido el éxito o que creen merecer más éxito de que disfrutan. El escritor que se siente seguro de sí mismo o, al menos, satisfecho con el esfuerzo que hace con el talento que la vida le dio, no se preocupa tanto de si otros pensarán que su obra es depurada o no. Yo creo que cada escritor tiene el deber de escribir lo mejor que él mismo pueda hacerlo. Después, la vida dirá. Tienes el caso de Conan Doyle, que creyó que Sherlock Holmes era un personaje que le daba de comer pero que sus grandes obras serían las novelas históricas. Hoy, nadie conoce esas novelas históricas, pero a él lo hicieron Sir Arthur Conan Doyle por Holmes y el personaje de Holmes tiene hasta una casa museo en Londres, a pesar de que nunca existió. Te repito, uno solo debe escribir lo mejor que pueda pero nadie tiene derecho a decir qué es literatura y qué no. Pero, en fin, esta aseveración me ha traído muchas discusiones con escritores que creen que sí tienen el derecho a determinar qué es y qué no es literatura

¿Regalas libros en alguna ocasión?

RPV: Sí he regalado libros, escritos por mí y hasta escritos por otros. Pero últimamente regalo mis libros solamente a un círculo de amigos escritores, muy selectos.

¿Crees que la literatura cubana está de moda y que el escritor, en tanto figura pública tiene responsabilidad social?

RPV: No creo que la literatura cubana esté de moda. Padura es quien es gracias a la calidad de lo que escribe, pero no a una moda, y no hay varios Paduras más en Cuba y si fuera una moda sí los habría. Cualquier figura pública tiene alguna responsabilidad social: la de no decir estupideces. Pero me parece una pedantería el creerse que porque uno publica un libro puede descubrir cosas sobre la sociedad que los otros no ven y que uno puede dictar cátedra. Siento que mi empleo como periodista de un noticiero nacional me da más información que escribir cuatro novelas. Ahora mismo, Pitbull hizo una declaración sobre Donald Trump y está en las noticias internacionales. ¿Tiene un rapero el nivel intelectual para hacer declaraciones políticas? La respuesta es que a la gente no le importa por qué eres famoso sino solo que lo eres, y que la opinión de un rapero tiene más repercusión que la de, digamos, Mario Vargas Llosa. Algunos se irritarán por esto, pero así es la humanidad, no la humanidad de ahora, sino la de siempre. La cultura, mientras más alta, alcanza a menos personas. Las palabras de un cantante popular siempre tendrán más repercusión popular que las de un premio Nobel. Mi responsabilidad social es ser un buen hombre, pero no ser un mesías.

¿Cómo te ha cambiado el mundo de la tecnología y el e-book?

RPV: Cada adelanto me parece una maravilla. Cuando Eduardo Galeano arremetió contra los celulares me di cuenta de que había envejecido. Para que quede claro: estoy ABSOLUTAMENTE a favor de todos los adelantos tecnológicos, creo que los teléfonos inteligentes acercan más a la gente no las alejan: no veo por qué enviar mensajes de texto impide después que me encuentre frente a frente con la persona. Estoy convencido de que los seres humanos tenemos la tendencia a criticar todo lo nuevo que nos obliga a aprender algo cuando parecía que sabíamos lo necesario para seguir viviendo. Escribí mi más reciente novela con la pantalla de mi computadora dividida a la mitad: a la derecha el texto que estaba escribiendo y a la izquierda el Street View de Google para ir caminando, desde mi casa en Miami, por las calles de Venecia por la que caminaban mis personajes.

Sé, por un amigo que es profesor de High School, que los ebooks han ayudado a que muchos alumnos se entusiasmen por leer libros en sus tabletas. Pero, más que los ebooks, lo extraordinario que ha aportado la tecnología a los escritores es el sistema de Print-on-demand, que permite publicar de forma barata en libros de papel.

¿Sentías que habías nacido con vocación literaria, cuáles son tus verdaderos orígenes en ese sentido?

RPV: Es algo en lo que he pensado durante años, pero siempre después de haber publicado. Antes de publicar nunca sentí que yo había nacido para escritor. Pensaba que podría ser compositor de canciones o director de cine. Lo de escritor se fue dando de forma natural. Pero después, al mirar mi vida en retrospectiva, he visto claros indicios. Cuando era niño, un día escuché a mi madre decirle a una amiga que a mí me daban tres figuritas plásticas de vaqueros y yo me quedaba horas en un rincón de mi cuarto. Cuando ya era escritor, recordé que con esas figuritas yo creaba historias, una tras otra.

¿Lamentas que tu vida literaria no se hubiera desarrollado en otro medio más propicio?

RPV: Mi comienzo literario fue explosivo porque, sin yo saberlo, me convertí en uno de los fundadores de la literatura policiaca cubana y No es tiempo de ceremonias gustó y tuvo una gran repercusión en la prensa cubana, lo que fue muy estimulante. Más tarde, en el Período Especial, Cuba no fue una tierra propicia para nada. Emigré con mi familia a Estados Unidos y descubrí que no había aquí ni un solo concurso literario para narradores que escribieran en español. Había que concursar en otros países, lo que significa solo España, porque en América Latina los concursos son, el 99 %, para los ciudadanos del país que convoca o para los extranjeros residentes allí. España es casi el único país que tiene concursos para autores que viven en cualquier sitio del planeta. Pero, si ves los resultados de los concursos en España, puedes constatar que la gran mayoría los ganan autores españoles, lo cual es lógico porque el jurado está compuesto por españoles que sienten más cercanos los temas de sus coterráneos. Sí lamenté que mi vida literaria no se hubiera desarrollado en un país de habla hispana pero me siento privilegiado por el hecho de que mi vida cotidiana, mi vida familiar y mi vida laboral se hayan desarrollado en Estados Unidos y, especialmente, en Miami, una ciudad que amo y a la que estoy profundamente agradecido por toda la felicidad que me ha proporcionado, a mi familia y a mí particularmente.

¿Crees que la literatura cubana a veces tiene serios altibajos?

RPV: Creo que la literatura de todos los países tiene serios altibajos. Si la literatura cubana hubiera seguida hacia arriba desde, digamos, José Martí, seríamos una potencia literaria. La verdad es que creo que tu pregunta se refiere a algo específico que yo desconozco, y por eso me resulta una pregunta rara o que requiere una respuesta demasiado obvia.

¿Qué libros han cambiado tu vida?

RPV:No es tiempo de ceremonias, de una forma absoluta y total, aplastante.

¿Qué escritores cubanos te han influenciado más?

RPV: La respuesta corta y sincera es “No sé”. El primero que me impresionó fue Carlos Loveira, con Juan Criollo y Generales y doctores, y en ese momento ansié poder escribir algo tan interesante, pero no sé si capté algo de su estilo. Sólo recuerdo las emociones que esas dos lecturas me provocaron. Esa emoción nunca más la volví a sentir con ningún otro autor cubano, pero sí con Una tragedia americana, de Theodore Dreiser y con La Broma, de Milan Kundera. Cuando escribí mi novela Habana Madrid pensaba en Kundera, quizás porque la introspección de sus personajes me resultaba más accesible que la de Dreiser, que siento inalcanzable por ser genial. Después, de los cubanos, me impresionó La novela de mi vida, de Padura.

El regreso, la nostalgia, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. ¿Tienes la obsesión del regreso a tenor de los nuevos cambios?

RPV:¡Ey, ey! Para, para. Ni el regreso, ni la nostalgia y muchísimo menos el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. Mi deseo, cumplido, es el de no regresar a vivir allá. Nunca he sentido nostalgia. Si me fuera a vivir a Cuba, me sentiría tan encerrado como cuando vivía en La Habana y visitaba Isla de Pinos. Ya necesito vivir en un continente. Cuando veo una película cubana actual todo es lo mismo: la prostitución, la falta de valores, la lucha por sobrevivir, y el deterioro físico y moral. Salí para no regresar, y me ha ido tan bien en los 20 años que llevo en Estados Unidos que la vida me ha confirmado que Miami es mi ciudad. Mi pesadilla recurrente es que estoy en Cuba, soy ciudadano americano y no sé por qué motivo sigo allá y quiero venir: estoy desesperado por volver para Miami. Soy plenamente cubano, hablo y gesticulo como cubano, pero me alegro mucho de ser ciudadano estadounidense y vivir en Miami, donde nadie me exige dejar de ser cubano: después de las humillaciones sufridas en la Isla, que duraron demasiados años, en las que los cubanos no teníamos derecho a nada en nuestro propio país, yo recuperé el orgullo de ser cubano en Miami.

¿Has tenido que esquivar la censura en tus escritos?

RPV: Seguro. De la misma manera en que cualquier ciudadano cubano tenía que esquivarla al hablar en una reunión en su trabajo. Ninguna diferencia.

¿Hay algún género más eficaz para trascribir la realidad cubana?

RPV: Los géneros más eficaces para transcribir la realidad cubana son los mismos que para transcribir la realidad de cualquier país del mundo. La diferencia es que en otros países se publica todo y en Cuba sólo lo que, más o menos, se considera políticamente correcto. Una novela y una canción pueden reflejar la realidad cubana.

¿Crees que la cultura cubana tiene déficit de monografías, memorias históricas que den profundidad a esta cultura? ¿Cómo se puede suplir este vacío?

RPV: Este cuestionario me está llevando a pensar demasiado sobre Cuba y la cultura cubana, y no es una línea de pensamiento que me haga feliz, porque no puedo pensar en cultura cubana sin las instituciones que la rigen. Yo no puedo preocuparme por la cultura cubana en general, creo que nadie puede. No se hace cultura por decreto. La música cubana fue siempre famosa en el mundo por el talento y la creatividad de los compositores pero no por un decreto, por monografías ni memorias. Lo que le gusta a la población termina siendo la cultura, no lo que se trata de imponer desde arriba o desde la academia. A mí no me interesan las monografías ni las memorias, sino el accionar intenso de los creadores: novelistas, compositores, pintores. Los críticos y académicos generalmente se conocen mucho entre ellos mismos… solo entre ellos mismos.

¿Sin memoria histórica no hay imaginación?

RPV: No veo relación alguna. ¿Qué significa para ti esto de “memoria histórica”? ¿Escribir muchos ensayos? ¿Benny Moré o Rita Montaner no existirían si alguien no hubiera escrito sobre ellos? Los críticos y estudiosos creen que son el ombligo del mundo. En países como Cuba, un crítico o un funcionario pueden determinar qué es cultura y qué no. En la mayoría de los países “normales”, es el público el que determina qué es lo perdurable. La pregunta tiene aspectos que no entiendo. ¿Puede un país no tener memoria histórica? ¿Y qué tiene que ver la memoria histórica –si es que resulta posible no tenerla- con la imaginación de un autor?

¿Qué significado tiene para ti la ciudad dónde has vivido la mayor parte del exilio?

RPV: Un renacer absoluto. Llegué a Miami a los 47 años, cuando en Cuba estaba esperando llegar a la edad del retiro y pensaba cómo podría escribir si tenía que ir a la cola de los mandados con la jaba y la libreta. Aquí reviví de manera increíble: me torné productivo, para mí y mi familia, hice una maestría en español en Florida International University, ahora cumpliré 20 años en cadenas nacionales de televisión de Estados Unidos: diez años en Telemundo y diez años en Univisión. He viajado por Europa y Estados Unidos, cada año desde 2004. He publicado dos libros de cuentos y dos novelas. Miami significa para mí el renacer, con más fuerza.

¿Qué objetivo persiguen tus libros?

RPV: El de ser perseguidos por los lectores. No intento dar lecciones de vida ni enviar mensajes. Escribo lo que me gustaría leer, como alguien dijo.

¿Qué mensaje deseas trasmitirle a los cubanos y a tus lectores en el próximo año?

RPV: No soy nadie para trasmitir mensajes. A mis lectores les digo que sigo escribiendo, con los pies en la tierra, sin parar.


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